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Familias guaraníes de Perutí reclaman tanque y red para acceder al agua

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Familias guaraníes de Perutí reclaman tanque y red para acceder al agua

En la comunidad mbya guaraní Perutí ubicada sobre la ruta nacional 12 -a pocos metros del Arroyo Paranay Guazú– en la localidad de El Alcázar, habitan más de 300 familias en una propiedad comunitaria de 588 hectáreas en su totalidad.

Desde hace un tiempo, en uno de los sectores sufren la falta de un derecho fundamental como el agua potable, aún cuando en la aldea hay algunos pozos perforados. A raíz de esto, un grupo de guaraníes convocó a una reunión al diputado Martín Sereno, del bloque parlamentario Tierra, Techo y Trabajo, para solicitar ayuda en las gestiones que permitan solucionar algunos de los problemas, ya que además del agua necesitan presencia del Estado para ampliar y mejorar sus cultivos, y viviendas porque hay familias que viven hacinadas.

“Comenzó el nuevo año; pero continúan las viejas dificultades de nuestro pueblo. Es lo que vimos en la aldea donde compartimos una jornada con los guaraníes y nos transmitieron su preocupación por la necesidad en un sector de la comunidad donde escasea el agua potable, en este caso para más de 30 familias que no cuentan con el líquido vital desde hace un tiempo”, explicó.

Con las altas temperaturas es muy difícil vivir sin agua, y esto repercute sobre todo en los niños, niñas y adultos mayores.

“Las familias consideran que con un tanque, torre y una mejor red se podría tener un reservorio que facilitaría la distribución donde hace falta y sin mucho costo. Vamos a acompañarlos para que el Estado garantice el derecho humano para el sector que incluye alrededor de 100 personas”, afirmó Sereno.

Que se aplique Ley de Desarrollo Productivo Comunitario

El diputado recordó que en la Legislatura Provincial se sancionó en septiembre del 2022 la Ley de Desarrollo Comunitario y Fortalecimiento Productivo de Comunidades Guaraníes, iniciativa del bloque Tierra, Techo y Trabajo, y autoría del diputado Jorge Páez (MC), y que con decisión política podría aplicarse en Perutí para resolver sus problemas productivos, el acceso al agua potable y a viviendas dignas.

La norma está destinada a fortalecer la producción animal y vegetal en aldeas guaraníes, propiciar el abastecimiento local y asegurar el derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad, de manera que se promueva la conservación y mejoras de los suelos y otros recursos naturales.

Esto implica impulsar actividades productivas, comercialización y consumo de alimentos saludables en los pueblos originarios que residen en la provincia, brindar asistencia para la manipulación, aprovechamiento y conservación de especies vegetales y animales que son parte de la cultura guaraní.

“Con esta Ley buscamos consolidar el rescate y la multiplicación de la diversidad biológica local, revalorizar los conocimientos ancestrales del pueblo guaraní y la transmisión de sus saberes; fortalecer la identidad cultural y la recuperación de buenas prácticas de producción, entre otros objetivos”, destacó Páez, actual delegado del INAES en Misiones.

Agregó que generaron esta iniciativa como una reparación histórica que mejore la calidad de vida de las familias mbya guaraní que habitan en la provincia, brindarles condiciones y medios para el desarrollo de la soberanía alimentaria, y que promuevan mejoras en la capacidad productiva de su territorio a través de la implementación de técnicas agroecológicas.

Piden al Municipio un tractor para arar la tierra

Uno de los docentes de la comunidad, Heriberto Villalba, relató que hicieron los pedidos acordes a la importancia y urgencia de las carencias que sufren desde el año pasado.

“No se pueden usar los sanitarios de las viviendas porque no sube el agua necesaria al tanque. Esto pasa en la mayoría de los tanques donde no llega el agua a las casas por la presión deficiente”.

El inconveniente se amplía a la mayoría de las familias que se dedican a la producción anual como las plantaciones de yerba y de citrus, quieren ampliarla a más de 10 hectáreas. “Hace falta el Estado para mejorar nuestra producción con valores culturales como estamos acostumbrados. Para nosotros es muy importante y si nos ayudan con el rastrillaje podremos preparar más hectáreas. Necesitamos un arado para hacer los surcos; pero hasta ahora no contamos con un tractor, ni rastras, ni otras herramientas, que son fundamentales para una buena producción de calidad”, lamentó.

Heriberto se quejó de la inacción de la Dirección Provincial de Asuntos Guaraníes, y de la falta del respaldo del Municipio que administra José Ferreira (FR).

“Fuimos a plantearle varias veces; pero no hay respuestas ante algo accesible para las autoridades, como un tractor que pueda arar tantas hectáreas de tierra y sería de gran ayuda en las chacras. Lo mismo que el agua, cuando se habla de calidad de vida, el agua es fundamental porque eso posibilita la buena salud y bienestar en las familias”, aseveró el docente.

Extenso recorrido cargando baldes

Otro de los guaraníes, Walter Villalba, pidió a quienes gobiernan que atiendan esta inquietud. Tratan de paliar la carencia con los chicos que hacen un largo recorrido para acarrear baldes de agua para que sus madres puedan cocinar y para el consumo diario.

“Pasamos mucho tiempo sin agua. Ahora traemos con baldes y bidones del arroyo o de donde sea caminando un kilómetro. Es una lástima que teniendo sanitarios no podamos usarlos por esa falta del líquido vital”.

Como el resto, el docente manifestó la necesidad de una máquina, un tractor para que limpie la tierra y que cada familia pueda producir, cosechar y comercializar sus productos.

A Samuel Rodríguez también le preocupan los cultivos porque se acerca la temporada de siembra y no cuentan con las herramientas.

“Preparar la tierra es el puntapié inicial para hacer la producción. Tenemos al Municipio muy cerca de nuestra aldea; pero la respuesta todavía no apareció. Si nos resuelven el tema de la máquina para arar la tierra, después nosotros nos arreglemos para el resto. No es mucho lo que pedimos a nuestras autoridades”, dijo.

“El Estado es insensible con los guaraníes”

Dentro de la comunidad, María Ninfa Dávalos organiza el merendero “El servidor de alimentos”, donde brinda la merienda a 345 chicos y chicas dos veces por semana, y el problema del agua para ella es doblemente grave.

“En mi casa no tenemos agua, el arroyo queda muy lejos y peligroso para los chicos, y los funcionarios del Municipio no nos ayudan. Yo cobro la Asignación Universal por mi hija y con esa plata trato de arreglarme para mi casa y para dar de comer a las criaturas. Cuando puedo compro 25 kilos de harina, dulce de batata y aceite, para que tengan alguna merienda. Tener agua es trabajoso porque hay que caminar diez veces al arroyo para llenar la olla y cocinar para el comedor”.

María cuenta que le gusta ayudar, “soy joven todavía y me duele que los chicos pasen hambre. La gente del Municipio es insensible, ni siquiera nos dan los paquetes de leche. Yo suelo ir temprano con mi tía para pedir pan, leche, harina, lo que sea, pero el intendente siempre da vueltas y no soluciona”, indicó.

Hizo un llamado a la solidaridad para que quienes puedan, se acerquen para ayudar a niños y niñas que concurren al merendero con ocho kilos de leche, cinco litros de aceite y 25 kilos de harina. “Todos los alimentos que puedan aportar son bienvenidos, y no pido para mí, sino para ayudar a los chicos”, dijo la joven.

Técnico forestal guaraní que requiere herramientas

En coincidencia con el resto de los guaraníes, Oscar Villalba, que es técnico forestal indígena, reclamó al Estado una solución urgente al problema del agua para Perutí.

Señaló que en una chacra ubicada pasando la ruta 12, a unos 600 metros de distancia, existe una pileta donde muchas mujeres van a lavar la ropa y los chicos a higienizarse.

“En estos momentos tengo a mi esposa enferma, a la que estoy cuidando, y me preocupa la falta de agua. La solución inmediata que veo es que si se consigue una manguera se puede conectar a la pileta y ayudaría mucho”, remarcó.

Oscar, que tiene tres hijos, en el 2004 se recibió con esfuerzo de técnico forestal y en piscicultura, y actualmente planta en su chacra zapallos, maíz, porotos, cebollas, orégano, y tiene ganas de aplicar sus conocimientos en Perutí, pero no puede conseguir los materiales.

“Por eso pido al Estado al menos una caja de herramientas, una azada y rollos de alambres y ya puedo ir trabajando con esos insumos. Creo que nos falta más movilización para que las autoridades resuelvan. Si pudiéramos producir, se podría vender al mercado y alimentar mejor a nuestros hijos”, contó.

Como técnico considera que la principal problemática es el deterioro de la biodiversidad y el deterioro de los suelos, con las dificultades que esto trae para satisfacer las necesidades básicas en la alimentación, seguridad y accesibilidad del agua. La comunidad entiende que la sustentabilidad no está garantizada, que el legado cultural para las generaciones futuras se encuentra amenazado y atenta contra el arraigo de los pueblos originarios de Misiones.

Las familias de Perutí reclaman agua, herramientas para producir y viviendas en condiciones.

 

Las adolescentes y los niños trasladan agua del arroyo caminando un largo tramo por la aldea.

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Productores de Tierra, Techo y Trabajo donan parte de su cosecha a comedores

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En medio de la crisis social que golpea con fuerza a los barrios habitados por familias de trabajadores, algunas experiencias en Misiones vuelven a poner en primer plano la solidaridad de nuestro pueblo, con una idea simple y poderosa: lo que se produce en la chacra no es sólo mercancía; también es alimento.

Así lo demuestran los productores de Cerro Romero, Santo Pipó, Otto Kuhn, y Esteban González, de Corpus, quienes organizados en el espacio Tierra, Techo y Trabajo, donan parte de su cosecha, integrada por productos frescos como cebollas, batatas, lechugas y zapallos, para comedores populares y comunitarios, con el objetivo de reforzar la alimentación de muchas familias que atraviesan una situación económica y alimentaria cada vez más crítica.

Y no se trata de “sobrantes”, ni de gestos aislados, sino de una decisión consciente. Otto y Esteban continúan vendiendo su producción -porque de eso viven-, pero también entienden que en momentos de tanta necesidad, parte de lo que producen puede transformarse en ayuda directa para quienes más lo requieren, y ahí la solidaridad no aparece como un relato, sino como un hecho: verduras de estación que muchas veces son inaccesibles para las familias más golpeadas por la caída del consumo.

“Es una alegría que en tiempos donde crece la pobreza que genera una urgencia cotidiana, esta experiencia ponga en evidencia una verdad que suele quedar fuera de las discusiones económicas: la producción de alimentos tiene valor de mercado, pero también tiene valor social”, expresó el dirigente Martín Sereno, quien  acompaña estas articulaciones territoriales con el apoyo del Instituto de Macroeconomía Circular, y junto con Carla Pipke, militante de TTT,  colaboraron con la organización y la logística para que los alimentos lleguen a los comedores populares de Posadas.

Agregó que a partir de esa primera entrega, otros productores y productoras de la agricultura familiar campesina que se enteraron de la iniciativa, se comunicaron para sumarse con el mismo objetivo. “Es decir que la solidaridad se contagia”, resumió Sereno.

En ese marco, destacó el sentido profundo de esta tarea colectiva: “Estos compañeros comercializan su producción, pero también son concientes de que lo que se produce no es sólo un número, es alimento, y cuando en las ciudades no es frecuente, en los barrios de trabajadores y trabajadoras, compartir una parte no es una pérdida, es una respuesta en comunidad, pensando en el bien común“, reiteró.

Total contraste con la postura de Nación

Mientras estas redes solidarias se sostienen “desde abajo”, a nivel nacional continúa la polémica por el reparto de alimentos a comedores populares.

En los últimos años, la Justicia ordenó e intimó en varias oportunidades al Ministerio de Capital Humano, conducido por Sandra Pettovello, a avanzar con la distribución de alimentos almacenados y a incluir comedores en el esquema de entrega, pero aún no cumple.

La tensión se profundiza porque para miles de familias, los comedores populares que proveen alimentos en los barrios, no son una consigna sino el plato de cada día. En ese marco, la decisión de productores misioneros de compartir parte de su cosecha, adquiere el peso doble de aliviar la urgencia, y al mismo tiempo muestra que la salida no es individual, sino comunitaria.

Los productores Otto y Esteban representan a una Misiones productiva que no se encierra en el “sálvese quien pueda”. Así como donan, también sostienen el mensaje profundo de que producir alimentos implica responsabilidad social, y en una crisis como la que sufre el país, la comida no puede quedar en un depósito ni perderse en discusiones administrativas.

“Está claro que en las chacras cuando se organizan con la comunidad, no sólo piensan en producir para vender, sino también para alimentar, como en este caso a quienes más lo necesitan”, remarcó el dirigente territorial.

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Ejecutan mejoras viales sobre la calle Camba Cuá de Alem

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La Municipalidad de Leandro N. Alem avanza en los trabajos de arreglo, empedrado y cordón cuneta en calle Camba Cuá, con el objetivo de mejorar la transitabilidad y fortalecer la infraestructura vial en uno de los sectores que más crecimiento registra en la ciudad.

Las tareas se enmarcan en el plan de urbanización que la gestión viene ejecutando en distintos barrios, para garantizar mejores condiciones de circulación y mayor seguridad, tanto para peatones como vehículos.

En ese sentido, el intendente Matías Sebely destacó la importancia del avance de los trabajos y remarcó el rol del municipio en la ejecución: “Estamos transformando la ciudad con obras que tienen un impacto concreto en la vida cotidiana de nuestros vecinos. La calle Camba Cuá es estratégica para la integración barrial, y hoy estamos avanzando con infraestructura que no solo mejora la circulación, sino que ordena y prepara la zona para seguir creciendo”.

Por su parte, el secretario de Urbanización y Servicios Públicos, Claudio Balaiches, explicó las características de la obra y la planificación del área: “Estamos priorizando sectores donde la demanda es más urgente, con obras que permiten una mejor transitabilidad, especialmente en días de lluvia. El empedrado y el cordón cuneta mejoran el escurrimiento, la durabilidad de la calzada y generan una infraestructura más ordenada para el desarrollo urbano”.

Esto demuestra que, camino hacia el Centenario de Leandro N. Alem, la gestión municipal continúa desarrollando obras estructurales que consolidan el crecimiento de la ciudad y mejoran la calidad de vida de los vecinos.

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Puerto Leoni: productora rescató 23 variedades de tomates reliquia y produce semillas

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Puerto Leoni: productora recató 23 variedades de tomates reliquia y produce semillas

En una chacra de Puerto Leoni, Nancy Borges sostiene, junto a su familia, una experiencia poco común en Misiones: el cultivo de tomates “reliquia”, variedades antiguas de polinización abierta que se multiplican todos los años a partir de semillas conservadas por la propia productora.

Los frutos se distinguen por formas, colores y sabores intensos, y recuperan un modo de producir donde la semilla no es un insumo descartable, sino un patrimonio vivo.

Los tomates “reliquia” son variedades antiguas, a diferencia de las semillas comerciales estandarizadas, conservan la diversidad genética, tienen distintas formas y colores, y suelen destacarse por sus sabores más intensos. Guardar y reproducir semillas propias permite que el cultivo se adapte al suelo y al clima local, fortaleciendo la autonomía productiva.

“Creo que en Misiones no hay nadie que produzca este tipo de tomates que son los más antiguos. Actualmente, trabajamos con 23 variedades, priorizando la diversidad y selección temporada tras temporada”, señaló la productora, mientras mostraba su plantación.

A diferencia del modelo industrial que tiende a uniformar los productos, los tomates “reliquia” conservan variación genética, y permiten reproducir semillas en la chacra. En ese proceso, Nancy dio el paso clave de dejar atrás la dependencia de semillas externas.

“Los colores y formas son muy llamativos, estas ya no son semillas de intercambio, sino que son propias, porque durante el año pasado estuvimos cultivando”, explicó.

La práctica de producir esos tomates requiere observación constante: elegir frutos, conservar semillas, planificar siembras y volver a reproducir. Además, en cada ciclo las plantas se adaptan al suelo y al clima local, fortaleciendo la estabilidad del cultivo.

Soberanía alimentaria que nace desde la tierra

“La experiencia en Puerto Leoni también se fortalece con acompañamiento técnico, productivo y la presencia territorial del Instituto de Macroeconomía Circular (IMaC), que incluye provisión de insumos y articulación para que las semillas puedan replicarse y circular. Por eso sumamos la entrega de media sombra y apoyo para mejorar las condiciones de cultivo y proteger la producción”, señaló el dirigente Martín Sereno.

Sobre el trabajo territorial expresó que “acompañar es estar, no es un discurso. Al trabajo de Nancy le aportamos insumos, y articulamos para que haya réplica e intercambio de semillas. También acercamos maíz caiano blanco y colorado producido en San Pedro, convencidos que cuidar y multiplicar las semillas es cuidar el futuro”, destacó Sereno.

Agregó que además de insumos y acompañamiento, se impulsa a replicar e intercambiar semillas como herramientas concretas para preservar las variedades y sostener la autonomía productiva.

En un contexto, donde pocas empresas concentran el control de semillas comerciales, estas prácticas vuelven estratégico el acto de conservar, reproducir e intercambiar. “Los tomates ‘reliquia’ no sólo aportan sabor y calidad, también expresan una decisión productiva y cultural ligada a la soberanía alimentaria, al cuidado de la biodiversidad y a la defensa de los saberes campesinos”, señaló el dirigente.

Con su trabajo, Nancy Borges muestra que el futuro de la producción no depende únicamente de grandes escalas, sino también de experiencias que combinan esfuerzo cotidiano, conocimiento, apoyo concreto e intercambio.

“Guardar semillas es pensar no sólo en el presente, sino en lo que se viene”, resumió la productora, mientras mostraba sus plantas que crecen distintas y hablan de identidad, territorio y alimento con raíces.

“Estos no son tomates pensados para rendir más en una góndola, tienen historia, sabor e identidad, cada semilla guardada es la decisión de no depender, no resignar diversidad, ni perder saberes. Acompañar estas experiencias es fortalecer la producción local, cuidar la biodiversidad y construir soberanía alimentaria desde abajo, con las manos en la tierra y en comunidad”, remarcó Sereno.

Puerto Leoni: productora recató 23 variedades de tomates reliquia y produce semillas

Sereno recorrió la plantación de tomates en Leoni junto a Nancy Borges.

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