Policiales
Primer juicio en Misiones por femicidio de una mujer trans arranca el martes
El 8 de marzo será una fecha trascendental para la Justicia misionera. Ese día, a las 8.30, en el Tribunal Penal Uno de Posadas, comenzará el debate oral y público para esclarecer el caso Evelyn Rojas y será la primera vez en la historia de la provincia que el asesinato de una mujer trans se juzgue como femicidio, aunque para la querella aún se puede dar un paso más al establecer el hecho como un crimen de odio, es decir, como un travesticidio o transfemicidio.
El debate tendrá un total de seis audiencias que se extenderán hasta el 15 de marzo y está previsto la declaración de más de una veintena de testigos, entre policías, peritos, conocidos y familiares, tanto de la víctima como del único acusado, Ramón Da Silva, que llega a esta instancia imputado por el delito de “homicidio doblemente agravado por la relación de pareja preexistente y por femicidio”, figura que prevé una pena de prisión perpetua.
El caso tiene la particularidad de que será la primera vez que el crimen de una mujer trans sea considerado como femicidio en Misiones. La aplicación del agravante contemplado en el inciso 11 del artículo 80 del Código Penal de la Nación fue solicitada en la etapa de instrucción por la fiscal Adriana Herbociani y avalada en la posterior elevación a juicio de la causa dictaminada por el magistrado Fernando Verón, titular del Juzgado de Instrucción Tres de Posadas.
Sin embargo, para la querella particular, que representa a la familia de la víctima y es encabezada por la abogada y militante feminista y de las diversidades, Florencia González, en esta causa aún se puede dar un paso más para hacer historia definitiva y considerar el hecho como un crimen de odio, esperando un juicio con perspectiva de género y diversidad.
Durante la etapa de instrucción, la querella -representada en ese momento por otro letrado- solicitó el agravante de “odio” en lugar del de “femicidio”, pero el juez Verón lo desestimó y ahora, en la instancia de debate oral, encuentran otra oportunidad para plantear la misma cuestión y lograr un cambio de paradigma judicial que también contemple el reconocimiento al colectivo de las diversidades, como en este caso particular a la comunidad trans, históricamente vulnerada e invisibilizada.
Crimen de odio
“Esto representa un desafío para poder visibilizar el tema y que en la provincia se empiece a hablar y poner en la mesa del ámbito judicial la existencia de los crímenes de odio”, señaló a La Voz de Misiones la letrada González, que ahora se prepara para ser parte activa del juicio que comenzará el martes.
La profesional adelantó que en el debate la querella insistirá en solicitar que el caso sea considerado como un crimen de odio y argumentó que “si bien es real que estamos ante una mujer que se percibe como tal -por Evelyn-, no estamos ante cualquier mujer. Estamos ante una mujer trans, entonces el inciso 4 -el crimen de odio- subsume al 11 -femicidio-. Entiendo que si bien estamos ante una mujer, es una mujer trans y hay que poder individualizar el travesticidio como tal”.
De igual manera, González destacó como un “avance” que la Justicia haya dado el paso de considerar el caso Evelyn como un femicidio y no como un homicidio simple, figura ante la cual la expectativa de pena bajaría de la perpetua (35 años de prisión efectiva) a una máxima de 25 años de cárcel, pero insistió en el valor histórico que significaría encuadrar el hecho como un crimen de odio.
“Creo que tenemos que mencionar la importancia de incorporar consciencia y perspectiva de género dentro de la Justicia, pero no debemos dejar de lado a las diversidades. Por eso creemos que es importante que haya perspectiva de diversidad, que tengamos en cuenta la existencia efectiva del odio hacia el género o la orientación sexual. Nos encontramos ante un claro caso de travesticidio o transfemicidio. Si lo dejamos como un femicidio, vamos a estar invisibilizando al colectivo”, agregó González, que mencionó como antecedente el caso de Diana Sacayán, una reconocida referente y símbolo de la lucha contra la transfobia que fue asesinada en 2015 y a cuyo imputado lo condenaron como autor de un crimen de odio, reconociendo así un caso de travesticidio por primera vez en historia del país.
Y letrada continuó: “Ser una mujer trans genera una situación de mayor vulnerabilidad, ya por el solo hecho de pertenecer a un colectivo fue que históricamente invisibilizado, discriminado, violentado, tanto desde el ámbito socio-económico como en el ámbito cultural, popular, educacional y sanitario. Entonces, creo que desde ahí también es importante avanzar en la aplicación efectiva de la norma y darle legitimidad al colectivo. Ya bastantes negaciones tienen durante toda su vida las personas del colectivo trans, para que encima se le niegue la fatalidad de su muerte y un nombre propio a su asesinato”.
González indicó que al momento de la elevación a juicio del expediente , el juez Verón argumentó que no se pudo demostrar la cuestión del “odio” como motivo del crimen de Evelyn, a lo que reflexionó que “acá no hubo cuchillazo y tampoco fue un balazo. Acá se terminó con la vida de una persona a golpes. Si bien es real que el odio es un sentimiento que no puede verse, pero sí puede verse su impronta, su obra. La única forma de reconocerlo es a través de sus manifestaciones. Entonces, creemos que tenemos las herramientas suficientes como para exponer nuestra postura ante el tribunal”.
El tribunal encargado de llevar adelante el debate oral estará integrado por Viviana Cukla, Ángel Dejesús Cardozo y Marcela Leiva -subrogante-, en tanto que al frente del Ministerio Público Fiscal estará Martín Rau y el imputado será representado por el abogado defensor oficial Mario Ramírez.
El imputado, Ramón Da Silva, también conocido como Ramoncito o Junior, está detenido desde 2016 y si es declarado responsable, tanto de femicidio como de un crimen de odio, indefectiblemente recibirá una pena de prisión perpetua. Lo único que puede aliviar su situación procesal es que en el juicio el caso termine siendo considerado como un homicidio simple, que prevé entre 8 y 25 años de cárcel.
El hombre, además, cuenta la posibilidad de evitar la exposición de un debate oral y acogerse a un acuerdo de juicio abreviado con la Fiscalía, aunque para ello deberá reconocer su responsabilidad en el hecho.
El caso
Evelyn Rojas, de 26 años, fue asesinada a golpes el 27 de octubre de 2016, en una estación de servicios abandonada en la esquina de las avenidas Uruguay y Buchardo de Posadas.
El cuerpo de la mujer fue hallado por una amiga que esa tarde fue llevarle comida y la encontró sin vida, dentro de una fosa y con signos de haber sufrido una brutal sesión de golpes.
La autopsia determinó que la muerte de Evelyn se debió a un “traumatismo de cráneo gravísimo, con fractura de base de cráneo” y además marcó múltiples contusiones, excoriaciones y hematomas en el rostro.
En esa estación de servicios la víctima solía pernoctar una vez que culminaba su jornada como trabajadora sexual en la zona y en ocasiones se encontraba con Da Silva, que era su pareja.
El hombre quedó bajo la lupa gracias al testimonio de una vecina, que conocía a Evelyn y que la noche anterior vio cuando el hombre ingresaba con ella a la gasolinera abandonada.
El acusado fue detenido días después en la terminal de colectivos de San Vicente. El hombre no tenía domicilio fijo y era conocido por diferentes alias o sobrenombres. Desde ese momento permanece privado de su libertad.
Judiciales
Juicio por muerte de niña con discapacidad: “La dejaban encerrada y sin comida”
Dos antiguas vecinas y una empleada doméstica que trabajaba en la casa de Mariela Andrea Ramírez (48), imputada por la muerte de una hija con discapacidad, declararon esta mañana en la tercera audiencia del juicio para esclarecer el caso y coincidieron al describir las condiciones de “descuido” en que la niña residió junto a su madre en el barrio Terrazas de Itaembé Miní años antes de su fallecimiento.
El caso tiene como víctima a Rocío Belén López (15), diagnosticada con una enfermedad neurodegenerativa llamada Síndrome de Rett. Su fallecimiento fue vinculante a un cuadro de desnutrición y deshidratación sufrido mientras estaba a cargo de su madre en una casa del barrio Las Rosas en 2013.
La mayor parte de su vida la niña vivió al cuidado de sus abuelos, pero en una etapa, comprendida entre 2006 y 2007 aproximadamente, compartió hogar con su madre en el barrio Terrazas y ese período fue lo que las partes intentaron reconstruir en la jornada de hoy con los testigos citados.
Ramírez llegó a este juicio imputada por “abandono de persona doblemente agravado por el vínculo y resultado”, aunque el fiscal Vladimir Glinka en la primera audiencia pidió ampliar la acusación a “homicidio calificado por el vínculo en su modalidad de omisión al final del proceso”, al considerar que la mujer pudo haber dejado de alimentar a su hija en forma deliberada.

Ramírez junto al defensor oficial Miguel Ángel Varela.
“Una nena encerrada que llora”
Los testigos de hoy fueron de menor a mayor en grado de cercanía con la niña. Primero declaró Hilda Margot Da Silveira, quien residía en una de las viviendas contiguas a la casa donde Ramírez vivía junto a su pareja, su hija Belén y su hija más pequeña Micaela.
Da Silveira contó que su hija solía jugar con la pequeña Micaela y gracias a esa relación supo que en esa vivienda contigua también residía una niña con discapacidad.
“Yo no supe que esa nena (por Belén) estaba ahí. Lo supe cuando mi hija, que jugaba con la hija de la dueña, me contó que en una habitación había otra nena encerrada que lloraba mucho”, expresó.
Y avanzó: “Yo había dejado de trabajar un tiempo y escuchaba a la nena llorar. Yo pensaba que estaba la empleada, pero no había nadie. Después también la veíamos mucho tiempo afuera en pleno verano, descalza, solo con pañal y muerta de calor en el patio. Estaban todas las puertas cerradas y Belén afuera”.
La testigo contó que, en ese contexto, comenzaron a hablar con otros vecinos sobre la situación y una de ellas decidió pedir ayuda para Belén. Esa vecina que llamó a la línea 102 fue Lourdes Balmaceda, que hoy también declaró ante el Tribunal Penal Uno, presidido por el magistrado Gustavo Bernie e integrado por Viviana Cukla y Miguel Mattos (subrogante).
Balmaceda habló prácticamente sin parar durante más de veinte minutos. Ella vivía en la otra casa que estaba pegada a la de Ramírez y también tenía un hijo que jugaba con la hija más chica de la ahora imputada.
“La familia era ella, su marido y Micaela, nunca supe que tenía otra hija. Lo supe porque mi hijo me decía que en la casa de Micaela había una ovejita que estaba todo el tiempo y hacia ruidos. Un día hablando con otros vecinos todos contaron que sus hijos contaban lo mismo y les daba miedo”, recordó.
Tanto Da Silveira como Balmaceda coincidieron al afirmar que vieron a Belén sola, sin ropa más que pañales e incluso descalza deambular por el patio, tanto en horas de la siesta como por las noches.
Justamente, Balmaceda indicó que “el problema empezó cuando a la noche la nena empezaba a llorar mucho. La pieza de mi hijo tenía una ventana que daba al patio y él no podía dormir porque se escuchaban mucho los llantos”.
La mujer sostuvo que ante la repetición de esa escena decidió actuar. “Un día puse una silla para ver por encima del muro y vi que estaba la nena llorando afuera, sola y en pañales en plena noche”, describió.
A partir de ahí solo hubo que conectar más información que recibía. “La señora que trabajaba en mi casa también empezó a trabajar de limpieza en la casa de la vecina y ella me contaba que la nena vivía encerrada en una pieza. Incluso me pedía comida para cocinarle y llevarle”, añadió.

Esther Leiva trabajó como empleada doméstica en la casa donde Belén vivió un tiempo con su madre.
“Vivía en abandono total”
Esa empleada se trata de Esther Leiva, más conocida como “Gordi”, que declaró después de Balmaceda. “Vengo acá a ratificar todo lo que ya conté”, avisó y aseguró “me acuerdo de todo como si fuese ayer”.
El testimonio de Leiva reviste de gran interés dado que se trata de la única persona externa al grupo familiar que conoció en forma directa las condiciones en las que Belén se encontraba y de qué forma vivía dentro de esa casa del barrio Terrazas.
“Ella estaba totalmente abandonada”, lanzó Leiva. “Yo fui contratada para limpiar la casa, pero cuando entré me encontré con la nena. La encuentro a ella con excremento por todos lados. Yo le bañaba y le daba de comer, le pedía comida a mi otra patrona o le llevaba lo que podía, bifes, huevos, fideos. Le brillaban los ojitos cuando le daba comida”, graficó.
Sobre las condiciones en las que Belén residía, contestó que “ella vivía en pañales, encerrada, con música y aire. Dormía en una cama que tenía dos almohadones como colchón. A la puerta de su pieza le sacaban el picaporte para que no se pueda abrir. La dejaban encerrada y sin comida”.
Leiva incluso fue testigo del día que al lugar arribaron los asistentes sociales que intervinieron tras el llamado al 102 de Balmaceda y apuntó: “Belén nunca tuvo ropa. Ese día ella -por Ramírez- se pidió el día en el trabajo para arreglar todo, le puso la ropa y la zapatilla de Micaela. Ella a una hija le daba todo y a la otra nada”.

Leiva y Ramírez, cara a cara, durante la declaración de la testigo.
En la continuación de la jornada también declaró Micaela, la otra hija de la imputada, quien brindó algunos recuerdos de cómo era la vida con su hermana durante la época en la que residían en el barrio Terrazas.
“Tengo recuerdos que yo tenía 5 años y jugábamos en el patio. Había una manguera y mi mamá nos mojaba a las dos en el verano”, señaló.
También contó que “mi mamá y yo le dábamos de comer a mi hermana”, en tanto que a preguntas del defensor oficial Miguel Ángel Varela afirmó no recordar si había otra persona encargada del cuidado de Belén que no sean su madre, su abuela y su tía.
A pedido del fiscal Glinka la joven trazó un croquis de cómo era la pieza de Belén en la casa del barrio Las Rosas donde su hermana falleció, lo cual no coincidió con el relevamiento efectuado por la Policía en la escena.
El debate continuará mañana con más testimonios y la instancia de alegatos, que inicialmente estaba previsto para el viernes, será reprogramada para la semana que viene en virtud de un pedido de ambas partes dado el cúmulo de información que alegaron haber acumulado durante estas jornadas.
Abuela y tía de Belén López: “Estaba bien cuando la dejamos con su mamá”
Policiales
Estafa de $20 millones con comprobantes falsos en Posadas: una detenida
Una mujer que desde octubre del 2025 realizaba compras de prendas de vestir en distintos locales de la ciudad capital, utilizando comprobantes apócrifos de Mercado Pago, fue detenida este martes y quedó a disposición de la Justicia.
El procedimiento inició ayer en horas de la tarde cuando una comerciante realizó la denuncia a través del Centro Integral de Operaciones (CIO) 911, desde la intersección de las avenidas Corrientes y Tacuarí de Posadas.
Al llegar al lugar, los efectivos entrevistaron a una comerciante de 28 años, quien manifestó haber sido perjudicada por una clienta que efectuaba grandes compras en sus negocios ubicados en calle Córdoba, Jujuy y avenida Corrientes, presentando constancias de pago falsas.
La acusada habría utilizado esta modalidad en reiteradas oportunidades, adquiriendo prendas de vestir y exhibiendo comprobantes de transferencias inexistentes para concretar las operaciones, llegando a una suma aproximada de $20 millones de pesos.
De acuerdo con la denuncia, la implicada fue identificada como Belén D (35), quien resultó detenida y quedó a disposición de la Justicia.
Finalmente, la Policía de Misiones recepcionó la denuncia formal de la damnificada y aguardaban directivas del Juzgado interviniente para continuar con las actuaciones correspondientes.
Judiciales
Abuela y tía de Belén López: “Estaba bien cuando la dejamos con su mamá”
El juicio para esclarecer la muerte de Rocío Belén López (15), la adolescente con discapacidad que en 2013 fue encontrada sin vida, deshidratada y desnutrida, en la casa de su madre, continuó esta mañana con la declaración de dos de las últimas personas que la vieron con vida. Fueron su abuela y su tía, quienes coincidieron en un testimonio: “Ella estaba bien cuando la dejamos con su mamá”.
De esas dos testigos, la primera en declarar fue la abuela, Delira Clara Aldana (83), que además es madre de Mariela Andrea Ramírez (48), imputada en esta causa por “abandono de persona doblemente agravado por el vínculo y resultado” y con la posibilidad de ser acusada de homicidio calificado por el vínculo en su modalidad de omisión al final del proceso.
“Como su mamá trabajaba, los abuelos y mi otra hija nos hicimos cargo de Belén desde que nació. Ella vivió más tiempo con nosotros que con su mamá, o sea, la casa de los abuelos era su casa. Ella era nuestra vida y nuestros ojos”, contó Aldana ante la mirada de su hija, sentada a solo 1 metro suyo pero con la distancia que significa estar en el banquillo de los acusados.
Sobre la niña y su cuidado, Aldana describió que “ella tenía su discapacidad, pero andaba sola, se levantaba sola de la cama y caminaba por la casa. Nosotros estábamos siempre atenta a ella igual. No hablaba, pero nosotros le entendíamos todo, sabía pedir la tele y la comida. También sabía cuando quería bañarse, iba y agarraba el picaporte del baño”.
La abuela de Belén explicó que tanto ella como su marido y luego también su hija Clara alternaban las labores de darle el almuerzo y la cena. Así fue durante la mayor parte del tiempo, dado que en otra etapa la niña vivió con su madre en el barrio Terrazas, pero luego regresó con ellos.
“Ella un tiempo la buscaba los fines de semana, pero Belén a veces no quería ir con ella, lloraba, hacía gestos y se daba vuelta a mirarnos, pienso que era porque después nos extrañaba”, señaló Aldana.
Sobre los últimos días de su sobrina, la mujer contó que la muerte ocurrió cuando decidió viajar a Corrientes para visitar a un hermano y aprovechar para descansar. “Nos llamó la atención de su muerte. Ella estaba bien cuando la dejamos”, sostuvo.
“Ella era de buen comer”
En misma sintonía declaró su hija Clara Ramírez, tía de la víctima y hermana de la imputada.
La joven, que se recibió de maestra jardinera con el incentivo de poder ayudar a estimular el desarrollo de su sobrina, contó que tanto ella como su madre y su padre siempre se encargaron del cuidado de la niña, incluso para llevarla al médico y para buscar los pañales de Pami mediante la obra social de su padre.
“Desde el día que nació estuvo con nosotros. Ella caminaba bien y cuando estaba contenta hacía como caballito. Lo que sí no podía hablar ni agarrar vasos o esas cosas, pero con nosotros se entendía y comía siempre. Comía lo que había en la mesa. Era una tarea de muchos minutos, pero era de buen comer y nosotros nos tomábamos ese tiempo. No era delicada, le gustaban los guisitos y hasta se comía ocho empanadas”, describió.
La muchacha recordó que durante la investigación por la muerte de su sobrina y a pedido del juez Ricardo Balor entregó una serie de fotografías que mostraban a Belén días antes de su fallecimiento. “Nosotros le contamos que ella era gordita, que comía bien y el juez nos pidió fotos para ver eso”, recordó cuando ese CD se extravió en la dependencia judicial y ahora el fiscal Vladimir Glinka pidió que se le permita extraer esos mismos elementos digitales de las redes sociales de la testigo.
También coincidió con su madre al señalar que cuando dejaron a la niña con su madre “ella estaba bien” y agregó: “Yo la dejé bien y verla así, en la posición en la que estaba, no fue nada agradable. Yo nunca quise saber mucho sobre el tema, pero los abogados me mostraron unas fotos de cómo estaba todo y fue traumatizante. Soñé con eso durante años. Nunca imaginé ver así a mi sobrina”.

El debate oral continúa mañana y se extenderá hasta el viernes.
Síndrome de Rett
Antes de ambos testimonios, quien pasó frente al Tribunal Penal Uno de Posadas para dar su aporte como profesional fue el neurólogo infantil José Galeano, quien admitió no recordar a Belén como paciente pero sí desarrolló un panorama del Síndrome de Rett y los alcances de la enfermedad neurodegenerativa que la niña tenía diagnóstica.
El doctor explicó que dicha enfermedad avanza en cuatro etapas, desde la pérdida de pautas motoras, hasta la pérdida del habla, del uso voluntario de las manos y hasta presenta trastornos de deglución.
“Son dependiente 100% de un tercero para poder subsistir”, resumió e indicó que “el proceso de deglución, por ejemplo, es muy complejo, tragar conlleva un mecanismo complejo. Alimentar a un paciente de estas características resulta muy difícil porque realmente no coordina. Hay que tener mucha paciencia y saber cómo alimentarlo”.
Para el médico, esta condición, con los años, conlleva casi indefectiblemente a un posible cuadro desnutrición y deshidratación. “El mayor riesgo es ese, que vaya comiendo menos y tomando menos”, consideró.
También opinó que “un solo cuidador es difícil que se encargue de pacientes así” y postuló que “el que tiene más medios económicos tiene más posibilidades de brindarle todas las terapias necesarias”.
Ante consultas del abogado defensor Miguel Ángel Varela, el neurólogo contó que en base a su experiencia este clase de pacientes registran una esperanza de vida de 15 años, aunque también habló de casos adultos que llegan a los 40.
El caso
La muerte de Belén se produjo el 23 de julio de 2013, en la casa de su madre en el barrio Las Rosas de Posadas, donde fue dejaba días atrás por su abuela y tía, quienes viajaron a Corrientes.
Estaba deshidratada, desnutrida y con escaras en la espalda baja. Los policías que participaron del procedimiento describieron que la niña estaba sobre una cama rota y en un dormitorio que parecía un “depósito”.
Un médico forense estimó que el grado de deshidratación que presentaba podía equivaler a siete días sin líquidos.
“Días antes del hecho por el que estoy acá me llama mi mamá y me dice que tenía que ver cómo me iba a hacer cargo de Belén porque ellos necesitaban viajar a Corrientes para descansar. Yo no sabía qué hacer, estaba separaba, ganaba poco, no tenía para pagar a nadie. Mi hermana me dice que me arregle”, declaró la imputada en el primer día de debate.
La mujer, empleada de la Municipalidad de Posadas, aseguró que pidió licencia en el trabajo pero no le dieron y debió enfrentar el cuidado de su hija en soledad, mientras que a la par criaba su otra hija.
“Con el pasar de los días tuve que tomar la decisión de irme a trabajar, no tenía otra opción. Me encontré desesperada y sin saber qué hacer. Tenía que seguir trabajando para tener ingresos. Lo primero que yo hacía cuando me levantaba era darle el desayuno e higienizarla para poder dejarla en condiciones. Al mediodía cocinaba guisitos y fideos que también le gustaba, cosas que estaban a mi alcance porque no tenía mucho dinero”, recordó.
“Los primeros días ella estaba normal, comiendo”, contó Ramírez y agregó: “Hasta que empecé a notar que se enojaba, noté que se estaba deprimiendo porque extrañaba a mi hermana y a mi mamá. Ese era su hogar para ella. Entonces ella empieza a trabajarme la mandíbula, a cerrar la boca. Ahí empezó a comer menos”, detalló.
Y se defendió: “Yo en ningún momento abandoné a mi hija. No es que yo la dejé a la deriva o no le dedicaba las horas que ella requería. Nosotros con mi otra hija nos pasábamos todas las tardes con ella para que ella no se sienta sola y no sienta la ausencia de mi mamá y mi hermana”, se defendió.
El debate continuará mañana con más testigos, entre ellos la otra hija de la imputada, que al momento del hecho era menor de edad. Se prevé que el proceso continúe hasta el viernes, fecha prevista para los alegatos y posible sentencia.
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