Cultura
Este domingo, música, poesía y teatro en defensa del Montecito de Villa Cabello
Este domingo 9 de julio se llevará adelante el festival Monte y Río para celebrar y seguir defendiendo el “Montecito” de Villa Cabello. La jornada tendrá lugar de 15 a 22.
El punto de encuentro será el mirador de la Avenida Kolping, donde se reunirán distintos artistas de la música, la poesía y el teatro, así como emprendedores que exhibirán sus productos y piezas de arte.
“Este festival tiene como objetivo concientizar sobre la importancia de cuidar nuestro planeta y proteger los últimos 400 metros de costa natural en Villa Cabello”, expresan desde la organización.
“Para seguir reclamando por este espacio, por este pedazo de costa, por estos árboles. En todos los medios de comunicación vos pones Montecito de Villa Cabello y te aparece que es una reserva natural, incluso hay un cartel, pero no hay acceso, está bloqueado por el lado de la avenida Kolping, está bloqueado por el lado de la avenida Julio Piró”, manifestó el artista Uriel Sanabria en un video a través de su cuenta de Instagram.
“Pedimos a todos los vecinos que lleven palets para hacer un muelle, un muelle para poder ingresar tranquilamente, como lo hicimos en otros festivales, porque lamentablemente la policía está todos los días custodiando”, agregó.
El festival está organizado por el movimiento social Nuestro Montecito de Villa Cabello y la Asociación Civil Ambiental Monte y Río, y recibe el apoyo de la ONG Rebelión o Extinción y Nativos Movimientos Ambientales, ambas de Misiones.
“Basta de muros, basta de destruir la selva. Basta de destruir los montes. Basta de corruptos en el poder. Libertad para el montecito de Villa Cabello”, vociferan desde los distintos movimientos sociales a través de las redes.

Cultura
El posadeño Gerónimo de La Cruz estrenará “Titanic, el musical” en Buenos Aires
Gerónimo de La Cruz es un actor misionero que transciende en la comedia musical de Buenos Aires. Además de ser parte de otras dos obras, este sábado estrenará “Titanic, el musical” en el Teatro del Globo. Se trata de una obra con 36 canciones y treinta actores en escena con parlamentos totalmente cantados.
El artista posadeño es cirujano y vive hace veinte años en Buenos Aires. Luego una preparación intensa en canto, baile y actuación pudo formar parte de espectáculos musicales independientes, como “Los Miserables” o “Cabaret”.
“Quería ser actor desde chico, pero en mis tiempos no había tanta libertad”, contó de La Cruz en una llamada telefónica desde Buenos Aires para La Voz de Misiones.
Además de interpretar al ingeniero Thomas Andrews en “Titanic, el musical”, el actor posadeño estrenó anoche, martes, “El bien mayor”, otro musical que se pudo ver en el Teatro Regina de Buenos Aires, bajo dirección de Pablo Flores Torres.
Por otra parte, el mismo artista forma parte del elenco que en junio volverá con “La guerra del pacífico”, un musical épico que tendrá lugar en El Vitral Teatro, con dirección de Denise Gómez Rivero.

Los Miserables. Uno de los musicales que tuvo a de La Cruz en su elenco
Titanic, el musical
Ambientada entre los astilleros de Belfast y las aguas heladas del Atlántico Norte, “Titanic, el musical” sigue las vidas entrelazadas de Violet Jessen, una joven camarera que anhela libertad; Arthur Blackwood, un magnate impulsado por la venganza; y Henry Caldwell, un idealista que encarna la esperanza en un contexto marcado por profundas desigualdades sociales.
Con idea original de Rodrigo Sebastián Sarti, libro y letras de Noelia Gaspar Gandosi —quien comparte la dirección junto a Sarti—, música y orquestaciones de Pablo Flores Torres, coreografía de Gaspar Gandosi, diseño de escenografía de Vanesa Abramovich y realización de vestuario de Alejandra Jaimes, la producción de La Scala Musicales tendrá funciones este sábado, el 16 y el 30 de mayo en el Teatro del Globo.
“Siempre viendo la respuesta del público como para agregar funciones y bueno, quien no dice que más adelante haya una gira. Estamos muy ilusionados, tenemos mucha expectativa con esta obra”, reconoció el actor por “Titanic”.
Como el ingeniero de la embarcación, De La Cruz tiene coreografías, momentos solistas y a coro con otros intérpretes del espectáculo. “Es un personaje que fue bastante bastardeado, porque soy el que creó el Titanic”, reconoció el artista.
“Digo bastardeado, porque se ha dicho bastante de que mucho tuvo la culpa este personaje y lo cuentan así”, agregó.
De la Cruz quedó seleccionado en el musical de Titanic tras un cuidadoso casting que se hizo en Quilmes, en la zona sur de la provincia de Buenos Aires. “Fuimos más de 150 personas, de las cuales quedamos 30. La mayoría es de la zona sur, así que cuando dicen que es una obra integralmente quilmeña, digo no: acá hay un misionero”.
Luego de quedar elegido como el ingeniero Andrews, el artista posadeño comenzó a investigar sobre la historia de aquella tragedia de altamar ocurrida en 1912.
“Es muy lindo cuando a uno le dan un personaje, cuando comienza a indagar como actor en todo lo que uno pueda nutrirse en lo que pudo haber pasado. Empieza a ver toda la historia y a encontrar cosas que después uno trata de demostrarlo luego en el escenario, que es lo más difícil”.
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Un campeón de Ballroom dance
Antes de lanzarse al escenario, de La Cruz tuvo una preparación intensa durante un lustro. Estudió con Lito Cruz, con Edgardo Moreira y con la escuela de Raúl Serrano.
Entonces “realmente me gustó muchísimo, pero para actuar digo ‘hay que tener bastantes habilidades. No solamente en la actuación, entonces ¿qué mas hago?’, me pregunté”.
En ese momento un productor de Ricky Pashkus le recomendó cantar y bailar. De esa manera comenzó a prepararse en danza contemporánea y “tanto me enganché con el baile que empecé a hacer ballroom dance“, que combina ritmos latinos con tango.
Fue así que “me presenté en competencias y salimos primeros en el Torneo latinoamericano”, afirmó de la Cruz, que, en simultáneo, se puso a estudiar comedia musical con Pepe Cibrián y Ricky Pashkus.
“Hace veinte años que estoy viviendo acá, y empezar con todo esto realmente es apasionado”, definió de la Cruz, que es cirujano vascular y endovascular.
“Lo que me da de comer es la medicina. Me gustaría que sea al revés, pero bueno, es lo que hay por el momento”, remarcó el artista que trabaja en clínicas y hospitales de Buenos Aires, luego de recibirse en sus inicios como médico en Corrientes y continuar con su primera especialidad en Roque Saenz Peña, Chaco.
Cultura
Desvalijan a cineasta Marcia Majcher y le piden $40 millones para conectar luz
La actriz y directora misionera Marcia Majcher denunció que su vivienda de Posadas fue desvalijada en dos ocasiones en menos de 24 horas mientras se encontraba fuera de la provincia por cuestiones laborales.
Su propiedad está ubicada en el barrio Nuevo Oeste II, en inmediaciones de las avenidas Jauretche y Quaranta y, según mostró en sus historias de Instagram, ella misma se encargó de levantar los muros y cargar cemento con los albañiles que hicieron su vivienda.
Tras los robos, informó además que, para contar con conexión formal de energía eléctrica, Energía de Misiones (Emsa) le podrá conectar el servicio únicamente después de que invierta cerca de $ 40 millones con una empresa tercerizada. Es que, junto a otra vecina, Majcher debe comprar un transformador y la línea de alta tensión para poder contar con el servicio.
Antes del robo, Majcher se abastecía de luz mediante paneles solares que había instalado en su vivienda, pero esos materiales también fueron sustraídos durante el robo que sufrió.

Hasta el inodoro. Los ladrones se llevaron hasta el inodoro y el bidet del baño.
Su calvario comenzó el 29 de abril, cuando un conocido de la cineasta le avisó del hecho. A través de una videollamada, Majcher observó que habían robado sus muebles, el cableado eléctrico, las térmicas y hasta el inodoro.
Luego de radicar la denuncia policial, los delincuentes regresaron al día siguiente y entre la mañana y la tarde se llevaron puertas, ventanas y otras aberturas, según lamentó la artista que fue premiada por su cortometraje “La Navidad de Marga” en el Festival de Cine de Gdynia, de Polonia.
Majcher señaló que en el barrio se registraron otros robos durante la misma semana y planteó la posibilidad de personas que habían estudiado los movimientos de la vivienda para actuar de manera coordinada. La denuncia fue radicada en las Comisarías novena y primera y hasta esta tarde no había novedades del caso.

Cables y toma corriente. Se robaron las instalaciones eléctricas y las térmicas
Según explicó la artista oriunda de Azara, la casa representaba varios años de trabajo e inversión personal. Indicó además que continúa pagando en cuotas los materiales de construcción y los equipamientos que habían sido adquiridos para la propiedad.
Majcher es egresada de la Licenciatura en Artes Audiovisuales de la Universidad Gastón Dachary. Está al frente de la productora audiovisual PolarFilm y participó en distintas producciones artísticas, como la película alemana “Far From Us” (2019), filmada en Misiones. También actuó para “Paisajes del fin del Mundo”, actualmente en producción; y de niña protagonizó el documental “La lección argentina”, del polaco Wojtek Staron.
Ante la difícil situación que atraviesa, Majcher difundió sus datos bancarios para recibir ayuda económica destinada a la reconstrucción de la vivienda y a la reposición de los servicios básicos.
Quienes deseen colaborar pueden hacerlo a través de:
Alias: camino.colorado
CVU: 0000003100094730561207
Titular: Marcia Atahida Majcher
La misionera Marcia Majcher fue premiada en Polonia por “La Navidad de Marga”
Cultura
Marcelo Toledo desde Nueva York: el sonido imaginado y la cosmogonía guaraní
El músico y compositor posadeño Marcelo Toledo ganó la prestigiosa Beca Guggenheim para producir “Exodus”, una obra “inspirada en la cosmogonía del pueblo guaraní y en su idea de la Tierra sin Mal”, según contó en una entrevista para La Voz de Misiones.
Toledo explicó que sus complejas composiciones son “un lenguaje propio” que nace al “dudar de las convenciones”.
“Mi tecnología sigue siendo el lápiz, el papel y, algunas veces, la goma”, admitió. En relación a la Inteligencia Artificial, Toledo advirtió sobre “la sombra del tecnofascismo” que “está utilizando su poder para controlarnos de maneras cada vez más ominosas y eficientes”.
Horacio Quiroga, Juan José Saer y Abelardo Castillo como escritores inspiradores. Así como su padre, un recordado poeta misionero. “Lo recuerdo escribiendo en el centro de la noche, en el balcón que da a la Plaza San Martín”, dice Toledo, desde Nueva York, donde vive.
En la entrevista reconoce que “cuando se refieren a mí como músico, siento que esa palabra no me representa del todo” y que su principal herramienta es la imaginación al momento de componer.
“Hace tiempo que no pruebo lo que escribo en un instrumento. Todo ocurre en la imaginación. Imagino que escucho internamente lo que escribo, y ese ejercicio, sostenido durante años, se volvió una forma efectiva de creación”, reconoció.
Por tu trayectoria y trabajo, ¿qué significa ganar una beca Guggenheim?
El premio de la Fundación Guggenheim tiene un significado muy especial para mí en este momento: llega después de un período de introspección y de reorganización de mi propio trabajo como compositor. En los últimos años me detuve a revisar mi obra y eso dio como resultado la creación de la editorial Empty Music Edition New York, https://www.mtemptymusic.com/, donde se encuentran muchas de mis partituras. Este proyecto implicó asumir una posición crítica, una especie de retrospectiva personal de mis composiciones, algo que todo artista debe hacer en algún momento.
Observé con mayor claridad las líneas de búsqueda que han atravesado mi trabajo a lo largo de 30 años, así como los logros que son, en esencia, íntimos, ligados a la experiencia misma de la creación. Lo significativo es que este proceso se dio en un relativo aislamiento, un tiempo de trabajo concentrado y silencioso de unos cuatro años. Y es precisamente en ese contexto cuando llega este reconocimiento de la Guggenheim. Por eso, lo percibo como un punto de inflexión, una suerte de pasaje de una etapa introspectiva a otra de proyección exterior.
¿Hubo un proyecto presentado para la beca Guggenheim? ¿Cuál es?
Efectivamente, hubo un proyecto, titulado Exodus, propone un viaje construido exclusivamente a través del sonido. Partí de una pregunta central: ¿podemos percibir un territorio sin verlo, es decir, únicamente a través de la escucha?
La obra está inspirada en la cosmogonía del pueblo guaraní y en su idea de la Tierra sin Mal, pero no como relato explícito, sino como experiencia sonora. Desde el punto de vista compositivo, trabajo con dos ideas fundamentales: por un lado, la polifonía de tiempos, es decir, temporalidades múltiples —pasado, presente, futuro, capas históricas— que coexisten simultáneamente. Por otro lado, una multiplicidad textural, la superposición de materiales, genera una densidad que funciona como reflejo de esa complejidad temporal, en ese espacio, diversas voces y experiencias convergen en un mismo núcleo vinculado al territorio ancestral guaraní. La obra no narra un recorrido, sino que construye un espacio polifónico de escucha en el que tiempo y materia sonora se entrelazan en una misma experiencia. La obra está pensada para una diversidad de fuerzas instrumentales, vocales, sonidos pregrabados y electrónicos, en un sistema de audio octofónico.
Tu música se describe como una exploración de “texturas”, “ruidos” y materiales sonoros no convencionales. ¿Cómo se construye ese lenguaje propio?
Existe una aceptación bastante extendida de que la música constituye un lenguaje, pero ahí surge una contradicción: un lenguaje, por definición, ya está constituido. Entonces, hablar de “lenguaje propio” plantea un problema. Durante los últimos 25 años el trabajo consistió en desarticular la idea de la música como un sistema de significación ya establecido; llevarla hasta su punto más elemental: el sonido en sí mismo, sin referencias ni significación previa, como pura materia acústica. A partir de ahí se abrió un proceso lento de reconstrucción, no orientado a crear un “lenguaje propio”, sino a encontrar algo que ya no estuviera dado.
En muchas de mis obras de comienzos de los años 2000, como Para el encuentro en los abismos, estrenada en París por el Ensamble Intercontemporáneo, esa exploración se manifiesta en lo que, en aquel momento, llamaba simplemente “ruido”: es decir, sonidos complejos con altos niveles de inarmonicidad. Evité deliberadamente inscribir ese trabajo en marcos teóricos o estéticos ya existentes, incluso evitando cierta terminología y procedimientos que ofrecía la tecnología, para no quedar subordinado a una escuela o línea estética como podría ser el espectralismo. Mi tesis doctoral en la Universidad de Columbia, “Componer con ruidos fluidos” refleja justamente esa etapa de investigación.
Entonces, más que construir un lenguaje en el sentido tradicional, lo que hice fue sostener en el tiempo una práctica basada en la duda. Dudar de las convenciones, de las categorías establecidas y de las tendencias estéticas. Desde ese lugar —desde una especie de vacío inicial— puede emerger, eventualmente, algo que otros, con el tiempo, podrían reconocer como un lenguaje propio.
¿Falta mayor reconocimiento a la composición contemporánea?
Sí. La falta de reconocimiento —y consecuente falta de apoyo institucional— a la composición contemporánea. Me refiero específicamente al arte musical experimental o de vanguardia, aunque estos términos hayan caído en desuso: es real y se debe a varios factores. El principal es que, en mi opinión, la música contemporánea sigue siendo una de las experiencias más radicales entre los géneros artísticos. A través del sonido, la obra musical contemporánea elabora su propio hermetismo, su propia forma de aislamiento. Esto la coloca en una posición periférica dentro de la cultura, donde el valor de las prácticas artísticas suele medirse en función de su consumo. La música contemporánea, al convocar a un número más reducido de oyentes, queda fuera de esos criterios.
Al mismo tiempo, hay otra razón importante. La literatura, el cine, las artes visuales operan hoy a través de sistemas de producción, edición, equipos de trabajo y colaboración casi corporativos, que transforman la obra en un producto, siendo “el creador” solamente un eslabón de la cadena. En la música contemporánea eso no es así. El compositor o compositora trabaja, en gran medida, en soledad. No hay un equipo que intervenga o medie en ese proceso para hacerlo más accesible, consumible o para “mejorarlo”. Después del trabajo solitario de la composición, viene la etapa de ensayo y producción del concierto o grabación. No hay nada en el medio.

Tu obra suele tener una dimensión conceptual fuerte. ¿Primero aparece la idea o el sonido?
Depende, puede aparecer primero una idea —una visión conceptual o poética— o bien una situación sonora concreta. En obras para ensamble, muchas veces el punto de partida es una intuición conceptual o incluso una imagen o un texto que dispara procesos temporales y texturales. En cambio, en obras solistas, suele ser el sonido mismo —un material específico— el que contiene ya una lógica interna y orienta el desarrollo de la futura composición.
Más allá de ese punto de partida, hay algo común entre ambas: tanto una idea como un material sonoro implican procesos. Es decir, contienen una especie de trayectoria interna, casi biológica, que tiende a un desarrollo y un desenlace final. En ese sentido, la obra no se construye imponiendo una forma, sino siguiendo la evolución propia de aquello que la originó. En general, no son procesos lineales sino trayectorias que —como en la vida— atraviesan todo tipo de interferencias que hacen que los materiales deriven por zonas impensadas hasta encontrar una salida final. Todo esto, obviamente, rompe con esquemas formales tradicionales y permite que cada obra engendre su propia forma, su propia evolución y que cada composición sea una historia única. En mi concepción, la música debe nacer de lo increado, de lo informe. Una música que nace con una forma predeterminada es un objeto ya clausurado, sin posibilidad de transformación.
Tu obra parece cinematográfica. ¿La maginaste para alguna película?
Muchas veces me han dicho que mi música evoca imágenes, incluso que pareciera que formara parte de situaciones cinematográficas; sin embargo, nunca escribí música para películas o compuse pensando en una película específica.
Dicho esto, en la ópera imaginaria La selva interior, imaginé primero cada sección casi como una película, y recién después la llevé al terreno del sonido. Cada situación es un estado de conciencia de Horacio Quiroga en el momento de su partida. La ópera comienza con un texto de Abelardo Castillo, con su propia voz, hablando sobre Quiroga y anunciando su muerte. La fuente acústica sugiere que esa voz es escuchada por el propio Quiroga, como si proviniera de una vieja radio de 1937 y al mismo tiempo, desde el más allá. A partir de ahí se despliega una serie de situaciones mentales, emocionales y espaciales que están representadas con selvas de diferentes colores: blanca, gris, negra, roja y azul. Interpoladas hay dos “Agonías”, la del propio Quiroga, más adelante, la de su primera mujer. Finalmente, tres metáforas quirogeanas: hormigas, moscas y pájaros. Todo esto organizado en un entramado de secciones que conforman una simetría desfasada y rota, basada en criterios de intensidades contrastantes.
Se estrenó en Buenos Aires en el 2006, luego su versión completa se realizó en Berlín en 2010, una versión de concierto se realizó en el Teatro San Martín de Buenos Aires en el 2011, y finalmente se grabó completa con un ensamble de músicos argentinos en 2016. Ahora me interesarían dos cosas: editar un disco con La selva interior y luego recorrer el camino inverso: partir de la música ya existente y desarrollar una película en la que la música no sea acompañamiento, sino el hilo conductor de toda la experiencia.
Hiciste música inspirado en Horacio Quiroga y Juan José Saer. ¿Hay otro autor que te gustaría brindarle dedicación?
La literatura siempre fue para mí un disparador muy importante, no sólo de materiales, sino también de mundos posibles para la música. Sí, hay textos de algunos autores con los que me gustaría trabajar. Por ejemplo, un texto específico de Marcelo Cohen, así como una novela de Abelardo Castillo, cuya obra es de una notable intensidad. Además, desde hace muchos años tengo en mente una posible ópera a partir de un libro de Witold Gombrowicz. Por otro lado, la poesía ocupa un lugar central en mi trabajo. Hay poemas que funcionan como verdaderos núcleos de activación musical, y muchos títulos de mis músicas provienen directamente de textos poéticos.
Con la inteligencia artificial en la producción artística, ¿qué lugar ocupa la composición humana?
Es cierto que la inteligencia artificial está cada vez más presente en el mundo de hoy. Lo que más me preocupa es la cantidad de gente cuyos trabajos se están declarando obsoletos debido a ella; por otro lado, el posible efecto negativo en las nuevas generaciones que ya la utilizan para resolver tareas extremadamente básicas que impiden el desarrollo cognitivo de la mente aún en formación. En muchos aspectos este avance tecnológico es positivo, aunque la sombra del tecnofascismo está utilizando su poder para controlarnos de maneras cada vez más ominosas y eficientes.
En cuanto a la IA en las artes y específicamente en la música, lo poco que he podido observar, su producción se basa en la recombinación de modelos ya existentes. Eficiencia que no genera originalidad sino velocidad y volumen de producción. Ese tipo de uso y de herramientas suele responder, más que nada, a lógicas de mercado. Para mi trabajo, eso no constituye un problema relevante, no compite en ese plano. Mi práctica está en otro lugar: es un trabajo que requiere tiempo, incertidumbre y una relación directa con el sonido como materia. Sé que la IA es un fenómeno complejo —un arma de doble filo—, pero como compositor, no forma parte de mis preocupaciones centrales. Mi tecnología sigue siendo el lápiz, el papel y, algunas veces, la goma.
¿Qué relación tenés con la escritura y la literatura, considerando también la influencia de tu padre poeta?
La literatura es central en mi manera de entender el arte y la vida. No hay prácticamente un día en que no piense en un libro, en un autor o en algún problema relacionado con la narración o con la poesía. En cuanto a la escritura, de alguna manera, cuando se refieren a mí como músico, siento que esa palabra no me representa del todo. Asocio al músico con una actividad y forma de vida ligadas al instrumento, a la práctica directa de hacer música. Es algo realmente admirable. Ser músico es ser un maratonista del sonido, siempre preparándose para la próxima carrera. En mi caso, en cambio, la experiencia musical se acerca más a la de un escritor: necesito el lápiz, el papel y, si es posible, algo de silencio, el espacio interior, y no dependo de ningún instrumento para desarrollar las ideas. Hace tiempo que no pruebo lo que escribo en un instrumento. Todo ocurre en la imaginación. Imagino que escucho internamente lo que escribo, y ese ejercicio, sostenido durante años, se volvió una forma efectiva de creación. Hay momentos en los que el acto mismo de escribir es tan completo en sí mismo que no requiere nada más, ni siquiera que se transforme en sonido. En ese sentido, reconozco una afinidad profunda con la experiencia del escritor.
En algún momento también tuve un fuerte impulso hacia la poesía, pero lo interrumpí conscientemente, porque interfería con mi trabajo como compositor. De todos modos, la palabra sigue siendo una herramienta fundamental, aunque no permanente, una forma de abrir nuevas dimensiones de sentido al mundo. En ese vínculo, sin duda, está la presencia de mi padre. Lo recuerdo escribiendo en el centro de la noche, en el balcón que da a la Plaza San Martín, con su cuaderno, birome y un plato de uvas. Yo llegaba tarde a casa, lo veía de lejos, a contraluz de la luna o las luces tenues de la ciudad dormida. No lo interrumpía. Para mí, esa imagen estuvo siempre ligada a una idea de libertad y de algún modo, es esa misma búsqueda de libertad la que trasladé inconscientemente a la música.
Fotos: Gentileza Leo Genovese, Laura Dallmann de Toledo y Luna Dallmann Toledo
Compositor posadeño Marcelo Toledo ganó una beca Guggenheim en Nueva York
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