Opinión
Legislativas: analizando el comportamiento electoral

Fernando OZ
Quienes más conocen sobre campañas electorales —especialistas, consultores y quienes las han experimentado personalmente— coinciden en que las elecciones legislativas o de medio término no se asemejan a las generales, donde está en juego el Poder Ejecutivo.
Hoy les propongo intentar acercarnos, aunque sea un poco, al comportamiento del electorado del Cantón en el contexto de elecciones legislativas nacionales, y de paso, observar cómo se movieron los engranajes electorales de las principales fuerzas políticas que disputaron el territorio. Preparen pochoclos.
Tomemos como punto de partida la primera elección legislativa nacional del siglo: el turbulento 2001. Gobernaba Fernando De la Rúa, ya se había aprobado la ley de flexibilización laboral y el FMI otorgaba a la Argentina un préstamo de 40 mil millones de dólares en modo “salvataje”. Domingo Cavallo era el ministro de Economía y tenía en marcha el plan de “déficit cero”, que implicaba recortes para estatales y jubilaciones, el famoso 13%. Para octubre de ese año, el desempleo alcanzaba a 4,8 millones de personas.
En ese escenario, en Misiones se presentaron siete listas y las urnas favorecieron al Frente por el Cambio, que obtuvo el 44,17% de los votos. El oficialismo en la provincia logró dos de los tres escaños en juego en la Cámara baja del Congreso: el exgobernador Julio César Humada y Celia Isla de Saraceni. La banca restante fue para el radical Hernán Damiani, quien lideraba una alianza integrada por tres partidos y obtuvo el 40,49%, guarismo que los radicales no volvieron a repetir.
El Frente Grande se quedó sin representantes (6,25%), al igual que el MAP de Jorge Galeano (5,50%), Acción por la República (1,77%) —partido de tendencia liberal fundado por Cavallo—, el Partido Comunista (0,98%) y el Partido Humanista (0,84%). Dos datos más de esa elección: el voto en blanco alcanzó el 6,38% y, pese a la desazón de aquel momento, participó en el acto electoral el 73,43% de los empadronados en la provincia. Contexto local: Carlos Rovira era gobernador y su antecesor, Ramón Puerta, que pasó a ocupar una banca en el Senado, desde donde buscaba continuar manejando los hilos del poder provincial.
Las siguientes legislativas tuvieron lugar en 2005 bajo una coyuntura completamente distinta. Néstor Kirchner gobernaba el país, la economía se había estabilizado y crecía impulsada por una macro favorable. En la provincia, Rovira había liderado la salida de la crisis, rompió vínculos con Puerta, fundó el Frente Renovador de la Concordia (FRC) y con ese nuevo sello, dos años antes, obtuvo su reelección.
Para disputar las tres bancas en la Cámara baja se presentaron diez listas. El Frente Renovador logró dos diputados nacionales con el 46,47%: Miguel Iturrieta y Fabiola Bianco. El Frente Justicialista para la Victoria —con el PJ en su interior— sentó a Emilio Kakubur en el Congreso con un discreto 27,53%.
Las ocho listas restantes tuvieron una performance muy baja. El tercer puesto fue para los radicales y sus socios del Partido Intransigente (11,58%), seguidos por el MAP (6,35%), el Partido Socialista (1,67%), el Movimiento de Integración y Desarrollo (1,60%), el Frente Grande (1,57%), el Frente Unidad para el Cambio (1,42%), el ARI de Elisa Carrió (1,03%) y el Partido Comunista (0,78%). El voto en blanco fue del 7,96% y la participación electoral alcanzó el 71,91%.
Sigamos con las legislativas nacionales de 2009, en las que compitieron nueve listas. El país era gobernado por Cristina Fernández de Kirchner y, a raíz de las retenciones, el sector agropecuario se hallaba en pie de guerra con el apoyo de una oposición fortalecida. En Misiones, Maurice Closs era gobernador, Rovira presidía la Cámara de Representantes y lideraba el partido.
Ese año, el oficialismo provincial tuvo una victoria arrolladora, la más significativa de todas las legislativas nacionales hasta la fecha. Con el 48,12%, Alex Ziegler y Silvia Risko fueron electos diputados nacionales. Lejos en segundo lugar, Ramón Puerta, con el Frente Unión PRO-Dignidad, obtuvo una banca con el 16,73%, pese al respaldo de la Sociedad Rural, de corporaciones como Bayer y Massalin Particulares, y de su amigo Mauricio Macri.
El Frente Renovador de la Concordia enfrentó otros dos oponentes fuertes: el primero, que agrupaba al kirchnerismo y al PJ junto a otros tres partidos, se denominó Frente Justicialista de la Dignidad y el Progreso y fue liderado por Ricardo Biazzi, abogado y académico de impecable trayectoria. Lograron el 16,63%. El otro competidor relevante fue la UCR, que ese año se recompuso a nivel nacional, pero en el Cantón tuvo una baja performance con el 10,10%.
Las cinco listas restantes fueron: Frente de la Esperanza (3,51%), Partido Socialista (1,64%), MAP (1,64%), Partido Comunista (0,88%) y Unión de Centro Democrático (0,74%). El voto en blanco llegó al 6,40% y la participación electoral fue del 69,32%, la cifra más baja registrada.
Avancemos al 2013, en el que se presentaron cinco listas. Se transitaba el segundo mandato de CFK, con su imagen en descenso y saliendo a la luz casos de corrupción en el Gobierno; la actividad industrial había disminuido un 1,2% siguiendo la tendencia global de ese momento. En Misiones, Closs también recorría su segundo mandato y se repitió la fórmula Ziegler-Risko, que volvió a imponerse (43,20%). La banca restante en la Cámara baja fue para el benemérito contador Luis Pastori (26,62%), de la UCR.
Unión Popular no logró acceder (14,66%), aunque llevaba en la lista a Ramón Puerta y Humberto Schiavoni. Tampoco alcanzó el Frente para la Victoria (11,23%); ese año el kirchnerismo y el PJ también enfrentaron a la renovación. El quinto lugar fue para el Partido Socialista (4,28%). El voto en blanco fue bajo (1,56%) y la participación se incrementó (78,81%).
En las elecciones de medio término de 2017, gobernaba el país Mauricio Macri y Hugo Passalacqua transitaba su segundo año como gobernador. La relación entre ambos fue cordial, aunque con momentos de tensión; el mandatario provincial había instaurado la doctrina de “gobernabilidad con gobernabilidad se paga”, como una especie de “política exterior” hacia una Casa Rosada distante.
En ese año, el Frente Renovador de la Concordia, junto a ocho partidos —entre ellos el PJ—, mantuvo su invicto y obtuvo dos diputaciones nacionales, con el habilidoso Ricardo Wellbach y la olvidable Flavia Morales, gracias al 42,76% de los votos. Luis Pastori logró su reelección con el 33,61% bajo la bandera del Frente Cambiemos, sumatoria del PRO y el radicalismo. Por primera vez desde 2001, la oposición superó el umbral del 30%.
Detrás llegó el Partido Agrario y Social (12,73%), encabezado por Martín Sereno. Le siguió Unión Popular (4,17%), con Pedro Puerta al frente. Las últimas cuatro listas: Frente Avancemos (1,86%), Partido Nuevo Octubre (1,85%), Partido Obrero (1,65%) e Instrumento Electoral por la Unidad Popular (1,36%). El voto en blanco alcanzó un pico histórico de 8,96% y la participación electoral fue del 78,11%.
Las legislativas del 2021 tuvieron una coyuntura única: estábamos atravesando un duelo, irritados, enojados. Veníamos de sobrevivir la pandemia, nunca habíamos contado tantos muertos. La economía mundial era de tiempos de guerra y Argentina acarreaba la deuda que había pedido Macri al FMI durante su gestión, para emparchar la década K, según él. Y como si fuera poco, Alberto Fernández gobernaba el país.
Sobre ese escarpado escenario tuvo que manejar Oscar Herrera Ahuad la provincia. Llevó el Estado a todos lados, fuimos los primeros en salir de la cuarentena, el déficit se mantuvo razonablemente controlado. Y quiero decirlo, Oscar se comportó con el temple de un cirujano operando en la caja de una ambulancia moviéndose en primera línea, a toda velocidad, haciendo zigzag y esquivando escombros. Todos lo vimos.
Sin embargo, en esas legislativas nacionales el Frente Renovador de la Concordia –con el PJ adentro– mete un solo diputado en la Cámara baja del Congreso: el doctor “Carlitos” Fernández (36,65%), otro olvidable. La lista ganadora fue la de Juntos por el Cambio (40,86%), la entonces alianza entre la UCR, el PRO y Activar, que encabezó Martín Arjol y secundó Florencia Klipauka.
En esas elecciones se habían presentado cinco listas. Las tres restantes fueron el Frente de Todos (15,29%) –con el Pays de Cacho Bárbaro incluido–; Partido Libertad, Valores y Cambio (3,65%) que llevó a Ninfa Alvarenga como cabeza de lista, y el Partido Obrero (3,55%). Los votos en blanco fueron 2,08% y hubo una partición del 68,66%.
Las elecciones de medio término están íntimamente influenciadas por el desempeño del gobierno nacional y su política económica. En la provincia, la consolidación del Frente Renovador de la Concordia como fuerza predominante, los oportunos cambios de alianzas de las diferentes fuerzas políticas y el surgimiento de nuevas alternativas reflejan por un lado, la constante búsqueda de representación política y por el otro, el enojo y apatía social por falta de respuesta a las demandas ciudadanas. Los porcentajes de voto en blanco y la participación electoral funcionan como termómetros de la satisfacción o el desencanto social.
Este año, para las elecciones legislativas nacionales del 26 de octubre, en el Cantón competirán diez listas, como en 2005. El Frente Renovador NEO, con Herrera Ahuad como punta de lanza; la lista de La Libertad Avanza con Diego Hartfield; se presenta Activar con el regreso de Ramón Puerta; la kirchnerista Cristina Brítez va con Fuerza Patria; Cacho Bárbaro con el Pays; la UCR con Gustavo González; el Partido Libertario lleva a Ninfa Alvarenga; el Partido Obrero a Florencia Aguirre; el Partido FE a Germán Palavecino; y se presentó FORJA con Dalila Blach.
La distribución de las tres bancas en juego se define bajo la aplicación del sistema D´Hondt, con sus características y alcances. Está especificado en el capítulo III, artículo 161, del Código Nacional Electoral. ¿Qué lista superará el histórico 40% base para poner dos diputados? ¿Cuál sacará la diferencia necesaria respecto al primero para quedarse con una banca? Queda claro que dos listas tienen chances, el resto es maquillaje electoral y supervivencia política.
A lo largo de las últimas dos décadas, las elecciones legislativas en el Cantón, la mayoría prefirió preservar en el Congreso al oficialismo provincial. El electorado misionero se apropió de la herramienta electoral y la ejerce como defensa ante el lobby porteño.
De cara a unas nuevas elecciones, el escenario repite patrones: la competencia se centra en dos grandes listas, mientras el resto sólo busca consolidar presencia y no desaparecer políticamente. El sistema de reparto de bancas y la lógica de alianzas continúan definiendo la representación legislativa en una provincia donde su electorado privilegia la defensa de su identidad y autonomía frente al poder central. Así, el ejercicio democrático en el Cantón revela una sociedad cada vez más crítica y exigente. Dato indispensable para que tenga en cuenta la dirigencia a la hora de renovar el pacto ciudadano con sus representantes.
Opinión
La política del trueque: hoy Milei, mañana el que pague
Por Fernando Oz
Me cuentan —y no me sorprende, porque esta película ya la vi en blanco y negro— que el fantasma de 2001 empieza a materializarse en los barrios del Cantón. Mientras los políticos discuten nuevas alianzas en despachos climatizados, los vecinos regresaron al trueque. Sí: al trueque puro y duro. Esa moneda de la desesperación donde doña Rosa cambia un paquete de fideos por un abrigo para el nieto, y donde un par de zapatos usados vale más que una promesa electoral.
En ese paisaje desalentador aparece el diputado ultraopositor Miguel Núñez, vinculado a sectores productivos que sueñan con arrasar el monte nativo para plantar trigo —como si el verde milenario de la selva estorbara a sus balances contables, siempre de corto aliento—. Núñez articula con quien se deje convencer el armado de un espacio opositor contra el oficialista Frente Renovador de la Concordia Social y, también, contra los libertarios que adoran al presidente Javier Milei como si fuera un santo de estampita con motosierra.
El pasado miércoles, en el Hotel Julio César, el legislador abrió las puertas a una jornada de reflexión: “Misiones Productiva”, así la llamaron. Nombre impecable: nadie en su sano juicio va a declararse antiproductivo. Junto a él estaban Gabriel Montiel y Alfredo Gruber, los mismos que salieron a pedir el voto por Milei con el entusiasmo de un converso rumbo al patíbulo y que ahora se quejan de las reglas del juego. La eterna paradoja de este país de cainitas: pedirle fuego al que incendia la casa y luego lamentarse por las cenizas en el salón.
Bajo el lema heroico de “¡Déjennos Trabajar y Producir!”, se amontonaron los logos de las entidades nacionales: Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales, Federación Agraria y CONINAGRO. La Mesa de Enlace en formación de combate. Y los regionales no se quedaron atrás: APICOFOM, AMAYADAP y la Sociedad Rural de Misiones, entre otros. En definitiva: propietarios y productores unidos por el espanto de la baja rentabilidad y la presión impositiva, un reclamo que suena a música celestial, pero que Núñez intenta convertir en palanca para su propio ascenso.
Los videos y las fotos del evento confirman lo evidente: no fue una asamblea de colonos flacos, sino un encuentro de actores con peso económico, agenda propia y ganas de influir. El espacio, más que para debatir, funciona como think tank de ocasión: un living con micrófonos para hacer lobby a favor del armado de la candidatura del ingeniero agrónomo y empresario forestal Rafael Scherer, y para ir calentando el tablero.
No hacía falta ser malpensado para entender el guion: reclamo productivo como bandera, bronca fiscal como pólvora. Una operación prolija, de traje y gráficos en pantalla. Y no es la primera vez. En las últimas elecciones, Núñez ya había aprovechado el malestar de un sector de la policía para sumar a otros estatales y empujar armado de la candidatura de Ramón Amarilla.
Según el propio Núñez, se invitó a todos los diputados. Pero no estuvieron los del bloque de La Libertad Avanza ni los renovadores. Sí estuvieron los de la bancada radical: Francisco Fonseca, Santiago Koch y Rosa Kurtz; además del radical con peluca Martín Arjol; el expolicía Ramón Amarilla, del mismo espacio de Núñez, y Cristian Castro, del PAyS, entre otros. Algunos no conocían el trasfondo y se fueron antes del cierre. Otros se quedaron apenas lo justo: para tantear terreno, para ver si el aire soplaba a favor de un frente que, en las próximas lides, dispute el voto tanto a renovadores como a libertarios.
Ahí están: ayer Milei, hoy un frente “productivo”, mañana lo que convenga. En la Argentina, la coherencia es una afición rara. Pero el sainete no termina ahí, porque en Misiones siempre hay lugar para un acto más de esta comedia bufa que nos toca habitar.
En otra esquina del mismo circo provincial asoma el partido Por la Vida y Valores, que dirige el diputado Walter Ríos: exempleado de la ANAC, ultraderecha y conservador. Con el conflicto en Irán como telón de fondo, y con la voz del presidente Milei amenazando al régimen de los ayatolás a la hora del rezo, Ríos salió a decir que encabeza gestiones para el desembarco de una mega inversión de capitales de Medio Oriente en el Cantón.
Ríos mantiene el misterio y no dice nada. Se habla —se habla, nada más— de un grupo inversor del sector petrolero vinculado a países árabes. El diputado arrojó cifras extraordinarias, de esas que no entran ni en un delirio contable: hasta 200 billones de dólares en un plan de inversión a escala. Del proyecto, insisto, no se sabe nada serio. Pero él pretende encuadrarlo dentro del RIGI, palabra mágica que hoy sirve de talismán para cualquier aventurero con contactos y poca vergüenza.
Por momentos, Ríos parece olvidar que es diputado y se cree canciller. Cuando le piden detalles, pone cara de Hombre de Estado y suelta que “cuida y reserva mucho el proyecto para que no se frustre”. Estaría bien que algún diputado le pida informes a su colega. La última vez que en Posadas se habló de inversiones con turbante, se prometieron más de 20 millones de dólares para remodelar un edificio histórico de 1912. Ya sabemos cómo terminan esas historias: renders, fotos y un silencio posterior que ni el incienso tapa.
Y mientras Ríos juega al misterio y al negocio de los petrodólares, su compañera de bloque, la audaz diputada Rita Flores, busca la foto con el pastor Dante Gebel. El pre-candidato que impulsa una murga de peronistas no K, libertarios desencantados y buscavidas varios.
El nuevo mundo que promete la prédica de Gebel podría unir a gente tan heterogénea como sectores de Ramiro Marra con el sindicalista Néstor Segovia, Yamil Santoro y los influencers Emmanuel Dannan y “el Presto”. Martín Llaryora, el cordobés, es el único gobernador que ya le tiró un guiño. La idea es instalar a Gebel como “outsider” para disputar el poder a los libertarios en 2027, aprovechando alcance mediático y red de contención social. Argentina: el país donde la política tradicional se disfraza de antipolítica y la antipolítica aprende rápido a transar como la vieja política.
Flores, que en menos de un año decía “somos libertarios, nos vemos en la obligación de salir a defender nuestras banderas afuera de LLA”, o “Javier Milei excede cualquier cuestión partidaria; hablar de Javier Milei no necesariamente es hablar de LLA”, también se codeó con Lucía Montenegro y luego se acercó a Marcela Pagano, la diputada nacional que desertó de las filas libertarias. Todo fluye, todo se acomoda. El apellido cambia; la ambición, no.
Al final, mientras el vecino truequea para comer, ellos truequean siglas, fotos y promesas. Nadie parece tener un plan serio: reclamos sectoriales, mezquindades, maniobras para no quedar afuera. Y, en medio de la incertidumbre, lo único que se consolida es la certeza vieja y amarga: para demasiados, la cosa pública no es patria ni destino. Es caja, escalera y negocio. Y el que no lo entienda, que vaya juntando arroz y aceite: el trueque ya empezó.
Opinión
La política de la cortedad: entre el amotinamiento fiscal de Amarilla y la soberbia de Franco
Por Fernando OZ
En tiempos en que el Cantón libra una batalla diaria por su supervivencia económica, la dirigencia política parece, por momentos, más ocupada en el espectáculo de las redes sociales que en la defensa estratégica del territorio. El reciente cruce entre la diputada Paula Franco y su par Ramón Amarilla no es solo un intercambio de ‘chicanas’ olvidables; es el fiel reflejo de una dirigencia que, de uno y otro lado, está fallando en la lectura de la urgencia histórica que atraviesa nuestra provincia frente a un Gobierno Nacional que ha decidido asfixiar al federalismo.
Empecemos por el proyecto del ex policía. Su propuesta de derogar el cobro anticipado de Ingresos Brutos en los puestos de El Arco y Centinela suena, para el oído desprevenido, como una oda a la libertad de comercio y un alivio al bolsillo. Pero en la política real, los gestos no se miden por sus intenciones, sino por sus consecuencias. Y la consecuencia de la iniciativa es, lisa y llanamente, el desfinanciamiento de Misiones en su hora más crítica. Amarilla sigue disparando contra su propio cuartel. Sé que no le gusta que se lo digan.
Proponer hoy, con una crisis mundial a galope armamentístico, que Misiones renuncie a su recaudación en frontera es de una inconsciencia que roza la deserción. El hombre apela al “sentido común” del trabajador, pero parece olvidar que ese mismo trabajador es el que se queda sin hospital, sin escuela y sin seguridad cuando la caja provincial se queda escuálida.
Desarmar el sistema de la Agencia Tributaria de Misiones (ATM) hoy no es “liberar el comercio”; es dejar a la provincia sin el escudo necesario para pagar salarios docentes, mantener hospitales y sostener programas de consumo como el ‘Ahora Misiones’. Amarilla apela a la Constitución Nacional para hablar de aduanas internas, pero olvida que esa misma Constitución exige un reparto equitativo de la riqueza nacional que hoy se incumple sistemáticamente contra Misiones. Jugar a la “revolución fiscal” mientras la Nación nos mete la mano en el bolsillo es, en el mejor de los casos, una ingenuidad política; en el peor, una traición a la autonomía provincial.
Porque no nos engañemos: la Nación le está robando a Misiones. Así, sin paños calientes. El Ministro de Hacienda, Adolfo Safrán —un hombre que maneja los números con la frialdad de un coronel del servicio de intendencia— puso las cartas sobre la mesa: cuarenta mil millones de pesos mensuales de “agujero” por culpa de una coparticipación que es una estafa legalizada. Misiones produce con la fortaleza de una población joven y recibe migajas como un mendigo. Somos la séptima economía del país, pero nos tratan peor que a una colonia de ultramar a la que se le exige todo y se le da lo justo para que no muera del todo. En ese contexto, la tasa en cuestión no es un capricho; es el último recurso del sitiado para que el pan no falte en la mesa de los suyos.
Pero si lo de Amarilla es una estupidez estratégica, lo de la diputada Paula Franco, abanderada de la Neo, es de una arrogancia que hiela la sangre. Ante un debate que exige altura de miras, la señora Franco, doctora en leyes y contadora con pergamino, decidió bajarse al barro de la chicana barata. Ironizar sobre la formación académica de sus pares y proponer “cursillos de ingreso” para legisladores no solo es un acto de soberbia, sino que baja el nivel de la discusión pública al subsuelo.
En lugar de explicarle al misionero con pedagogía y honradez por qué el anticipo fiscal es el escudo contra el ajuste porteño, prefirió el ninguneo desde el pedestal, rompiendo los puentes de diálogo que una Legislatura debería construir. Cuando el oficialismo responde con el título universitario bajo el brazo, lo que hace es alejarse de la gente. La crisis actual no se resuelve con doctorados, sino con sensibilidad social y firmeza política.
Al chicanear con la falta de formación de Amarilla, Franco le regaló al diputado el papel de “víctima del sistema” y “defensor del sentido común”, permitiéndole eludir el debate técnico sobre el agujero fiscal que su proyecto generaría. La soberbia académica es el refugio de quienes no quieren, o no pueden, explicar por qué las medidas que toman son necesarias. Miren, uno puede tener tres doctorados colgados en la pared del despacho y seguir siendo un mediocre de manual.
El Cantón está en una encrucijada de esas que definen el destino de una generación. Por un lado, la caída real de los ingresos y el parate del consumo; por el otro, un Gobierno Nacional que ha decidido que las provincias son gastos a recortar y no pueblos a proteger.
Mientras los diputados se tiran con títulos y chicanas, la realidad económica de la provincia, descripta por Safrán, es de una gravedad extrema. El ministro ha sido claro: la baja de la recaudación por la recesión nacional y el recorte de transferencias han generado un escenario de “plan de austeridad” obligatorio. Se suspendieron compras de bienes de capital y se prioriza lo urgente. Así las cosas, a la provincia no le queda más que cobrar en la frontera porque la Nación no le liquida lo que le corresponde en la ventanilla de la coparticipación. Es un mecanismo de compensación frente a un federalismo quebrado.
Lo que Misiones necesita no son iluminados del “sentido común” que quieran desmantelar la poca defensa fiscal que nos queda, ni presuntos catedráticos que miren por encima del hombro al resto del mundo. Necesita personas valientes que sepan que la batalla se gana con unidad y con la verdad por delante. La verdadera inconstitucionalidad no está en un camión pagando un canon en la Ruta 14; la verdadera inconstitucionalidad es el centralismo que nos asfixia, que nos quita lo que es nuestro y que luego nos critica por intentar sobrevivir.
En resumen: Amarilla se equivoca de enemigo al querer desfinanciar su propia tierra, y Franco se equivoca de lenguaje al tratar a sus pares —y por extensión a los ciudadanos— como a alumnos de primaria. Al final, como siempre, el que paga el pato es el ciudadano de a pie, el que no tiene despacho ni coche oficial, y el que espera que sus representantes tengan, al menos una vez en la vida, la decencia de estar a la altura de la historia.
Criticar el proyecto de Amarilla es necesario porque es un salto al vacío que desprotege al misionero de a pie. Pero criticar a Franco también es imperativo, porque la soberbia y la chicana barata son el peor camino para convencer a la sociedad de que el esfuerzo fiscal vale la pena.
En esta encrucijada, el sentido común —ese que Amarilla invoca pero que no aplica en su proyecto, y que Franco desprecia desde su pedestal— dicta que la única salida es la unidad provincial para exigir lo que nos corresponde, sin desfinanciar nuestra casa en el intento. Misiones es mucho más que un ring de redes sociales. Es una provincia que trabaja y produce bajo condiciones de injusticia federal. Es hora de que sus representantes dejen de pelearse por el micrófono y empiecen a pelear, juntos y con argumentos sólidos, por el futuro de la tierra colorada.
Opinión
El “fraude del aire”: despedida amarga de Samsa, entre cartas, tarifazos y silencios
Por Fernando OZ
@F_ortegazabala
Para cerrar la semana laboral y bajo el disfraz de un “nuevo aniversario” de Samsa, a su presidente, el ingeniero Santiago Ameri, se le dio por enviarle al “usuario”, a quienes cobra hasta el aire en las canillas, una carta de 238 palabras enumerando “los principales logros alcanzados” durante el último año. Un ejercicio de cinismo que aparece justo 72 horas después de no haber dado la cara ante una comisión del Concejo Deliberante de Posadas –mientas los vecinos gritaban por el pésimo servicio– y a menos de 12 horas de que LVM desnudara que Urbaser Argentina ya tiene el cartel de venta y las inversiones en el freezzer.
Y después nos hablan de normas ISO, planes de inversión y de líderes mundiales en servicios públicos medioambientales. Les decía que el pasado martes, en el Concejo Deliberante, mientras los vecinos desgranaban facturas de un millón de pesos y los técnicos del EPRAC intentaban explicar lo inexplicable, el lugar reservado para Samsa permaneció vacío. Ni el ingeniero, ni ninguno de sus gerentes de platinada sonrisa, se atrevieron a cruzar la puerta de la Comisión de Medio Ambiente.
Es una táctica vieja, de manual de fugas: cuando no se tienen respuestas, se ofrece el silencio. Es la respuesta de quien ya tiene las valijas hechas y el pasaje sacado.
Mire usted, lector, la ironía del asunto. En la tierra de las grandes aguas, del Iguazú que ruge y del Paraná que nos abraza junto al Uruguay, hay una casta de tipos con gemelos de plata y aliento a café de aeropuerto que decidieron cobrarnos el aire. Sí, leyó bien: el aire. En Posadas y Garupá, el milagro no es convertir el agua en vino, sino convertir el vacío de una cañería seca en una deuda impagable.
Leí la carta de aniversario con una mezcla de tedio y asco. Un texto que huele a perfume caro para disimular el hedor de un sumidero tapado. Ameri nos arroja a la cara el abecedario de las normas ISO: la 9001, la 14001, la 45001. Alfabetismo corporativo para analfabetos de la realidad que ven al ciudadano –usuario– desde una planilla de cálculos. Dice que certifican la “satisfacción del cliente” y el “trabajo mancomunado”. Yo le pregunto al ingeniero: ¿En qué manual de la ISO figura que dejar la silla vacía ante los representantes del pueblo es un estándar de calidad? ¿Cómo se “mancomuna” el esfuerzo con una empresa que no da la cara, no respeta las instituciones ni cumple con lo acorado?
Samsa, esa criatura del Grupo Urbaser, cumple 26 años. Pero no es un cumpleaños, es una liquidación por cierre. Mientras Ameri redacta odas a la “inversión histórica”, en las oficinas de Avenida Leandro N. Alem al 1050, frente al barrio porteño de Puerto Madero, se encuentra el cartel de “Venta”. La multinacional, propiedad del fondo estadounidense Platinum Equity, busca la puerta de salida. Si no me creen vayan y pregunten en el Banco Santander.
Quieren vender su filial argentina por 400 millones de euros antes de que el contrato expire en 2030 y alguien les exija las cuentas que hoy no quieren dar en el Concejo. Es el truco del tahúr de oficina: te muestran la paloma de las normas ISO en la mano derecha para que no veas cómo la izquierda te vacía la billetera y te deja hasta sin agua.
Miren, además de ver la boleta que llega a mi casa, camino estas calles y he visto los medidores girar con un frenesí demoníaco cuando no hay una gota de agua. Es el “fraude del aire”. Mis vecinos, cansados de ser el cajero automático de una empresa que desinvierte, forzaron al EPRAC a ordenar rectificaciones. Y los funcionarios del organismo de control se dieron cuenta de que no se puede ocultar el sol con un dedo, ni la estafa con una gacetilla de prensa de aniversario.
Mire, ingeniero Ameri, a quienes usted llama “estimado usuario”, yo suelo tratarlos por sus nombres, porque muchos de ellos son mis vecinos. Su “compromiso con la mejora continua” es una bofetada a los 106.000 “usuarios” –dato del último informe de gestión de la empresa– que usted cita como si fueran ganado contable.
El plan es claro: maximizar la recaudación con tarifazos salvajes del 400%, maquillar el balance con certificados de cartón pintado y largarse a toda vela antes de que la infraestructura termine de crujir. Es la ética del corsario: saquear la plaza y huir antes de que llegue la marea de la justicia.
Usted, Ameri, presidente de Samsa, es un transeúnte de la alta gerencia. Mañana, con su ganada chapa de International Waste Manager, estará certificando la calidad de una constructora en Madrid o una mina en alguno de los cuatro continentes donde opera Urbaser Global. Pero el vecino de Posadas y Garupá se queda con su canilla seca. Por eso escribo. Porque si el agua es un derecho humano, lo que están haciendo ustedes —y lo que callan al no ir al Concejo— es un crimen de guante blanco.
Durante las últimas tres décadas, como periodista me tocó escribir sobre redes de corrupción, flujos de dinero, contrabandistas buenos y malos, políticos sin escrúpulos, mercenarios colombianos camino al matadero, en fin, pero nunca sobre una corporación que cobrara el aire.
Sigan mandando cartas. Sigan celebrando aniversarios de papel. Mientras tanto, nosotros seguiremos contando las vueltas del medidor que marca el vacío, documentando el vaciamiento de una empresa que se quiere ir sin pagar la cuenta y recordándoles a los ciudadanos de Posadas que, frente al silencio de sus sillas vacías, solo queda quienes nos animamos a decir basta.
No es una pelea por una factura impaga, el acceso al agua es un Derecho Humano. Es en defensa de un derecho básico de los que vivimos en Misiones frente a una multinacional que lo vulnera. Los tres poderes del Cantón deberían tomar cartas en el asunto y ser menos laxos, pero ahora, no sea cosa que se vayan sin pagar la cuenta.

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