Historias
El médico misionero que vivió con indígenas en el Amazonas y es concejal en Eldorado
Vendía diarios en las calles de Eldorado, cuando su destino se le apareció en la sección de noticias locales. Corría el año 2003, el país venía del derrumbe de la utopía primermundista inaugurada por Carlos Menem en 1989, que le explotó en la cara a Fernando de la Rúa en 2001, y para un adolescente pobre del interior el panorama no podía ser peor.
El protagonista de esta historia, Sebastián Tiozzo, concejal del PAyS de Eldorado, es uno de esos hombres que parece haber vivido varias vidas: estudió medicina en Cuba, fue de misión médica a Venezuela, donde vivió más de dos años con los Yanomamis, uno de los últimos pueblos indígenas de los que habitan el Amazonas en ser contactados por la aldea global; fue médico rural en Yabotí, con las comunidades mbya guaraní, en la selva misionera; y hoy, hace medicina comunitaria en un Caps de la misma ciudad, en que ese día de 2003 leyó en el diario su futuro.
Exiliados
“Nosotros éramos los llamados ‘exiliados económicos’, toda una generación”, describe Tiozzo, que entonces tenía 17 años, una incipiente militancia política estudiantil, toda la vida por delante y el oficio de diariero.
“Yo había terminado el colegio en 2002, y después del 2001, no teníamos muchas expectativas; mamá y mis tres hermanas, estaba difícil”, rememora, en diálogo con La Voz de Misiones.
La televisión de la época era un carretel de la desesperanza: fábricas cerradas, gente vencida, procesiones de desocupados; un abanico de cuasi monedas de nombres estrafalarios, clubes de truque y otros malabares económicos.
“Yo vendía diarios y fue por los diarios que me enteré que había jóvenes misioneros estudiando medicina en Cuba, chicos de Posadas; no había nadie del Eldorado”, cuenta Tiozzo.

La Escuela Latinoamericana de Medicina, de La Habana, donde se graduó Tiozzo en 2010.
La noticia fue como un principio de relevación para el canillita de 17, empeñado en hacer algo con su vida.
“Me enteré de la beca, fui a una reunión en Posadas, había gente de la Embajada de Cuba; no pedían casi nada, solo título del secundario”, relata Tiozzo.
“Entramos como 10.000 aspirantes. Yo me dije ‘voy a ganar’”, rememora.
“Seguí vendiendo diarios y un año después, 2004, gané la beca”, recuerda, como reviviendo el momento. “Era la única posibilidad que tenía de estudiar medicina”, dice y sentencia: “Fuimos una generación a la que Cuba nos salvó la vida”.
Ingresaron 100 argentinos aquel año, él entre ellos. “Yo no conocía mucho de Cuba. La gente, mis vecinos me asustaban con el comunismo”, cuenta Tiozzo. “No te van a dejar salir”, dice que le decían en el barrio.
“La verdad que yo no sabía si me iban a dejar salir o no; lo único que sabía es que no quería vender diarios el resto de mi vida”, comenta el hoy concejal del PAyS.
Cuba
Tiozzo llegó a Cuba ese mismo año, a la Escuela Latinoamericana de Medicina, una institución devenida en emblema del internacionalismo cubano, nacida para atender una realidad que había quedado al desnudo con los embates de los huracanes George y Mitch, en noviembre de 1998: la falta de médicos en Centroamérica y el Caribe.
Tiozzo vivió seis años y medio en Cuba, atravesó la isla de un extremo a otro, en un viaje por lo profundo de la revolución cubana, en una época en que la nación caribeña vivía una especie de renacimiento, con la estrella de su líder legendario y un escenario regional dominado por gobiernos populares.

Un joven Sebastián Tiozzo (segundo de la izquierda) con el puño en alto al pie del monumento al Che Guevara, en Santa Clara, Cuba.
Para el joven de Eldorado, el periplo cubano entrañaba una experiencia reveladora, no solo por el contacto directo con una realidad desconocida, sino a la manera de un viaje iniciático hacia el interior de sí mismo.
“Fueron años de mucho aprendizaje, en lo académico, en lo social, en lo humano”, dice Tiozzo.
“La mayoría de los profesores eran médicos que habían estado de misión en África, Asia, en varios lugares del mundo; la práctica académica se nutría con las historias médicas reales, de médicos reales, en contextos hostiles, situaciones de desastre, comunidades aisladas”, recuerda.
Las fotos de aquellos años lo muestran en actividades diversas: en la facultad, con el Mar Caribe de fondo; en una brigada de solidaridad, llevando música, juegos y asistencia a escuelas primarias de la isla.
Una de las fotos muestra a Tiozzo saludando al mítico comandante Fidel Castro, ya retirado y enfundado en el atuendo deportivo que adoptó cuando colgó para siempre su uniforme de jefe revolucionario.

Con el líder revolucionario Fidel Castro, en un encuentro en La Habana.
“Yo sabía que mi vida social y política iba a ser la que estoy haciendo ahora, y de inmediato me dije: ‘quiero tener esa experiencia antes de volver a Misiones”, comenta el médico y concejal de Eldorado.
Era 2010. Le faltaban seis meses para graduarse, cuando ocurrió el gran terremoto de Haití, que se cobró miles de muertos, devastó la capital del país y dejó millones de desamparados.
“Empezaron a ir compañeros del último año. Me quedé con las ganas”, dice Tiozzo, como lamentándose todavía por aquella primera misión humanitaria perdida.
Su oportunidad llegó varios meses después, ya graduado y con 25 años: el denominado Batallón 51, una brigada médica reclutada con el objetivo de llevar atención a los lugares más difíciles de Venezuela.
“Me anoté sin dudarlo”, cuenta Tiozzo. Relata que llamó por teléfono a Eldorado y le comunicó a su familia que Misiones lo iba a tener que esperar un poco más, y el 3 de septiembre de 2010 se embarcó en un vuelo directo de Cuba a Venezuela.
El Amazonas
En sus años en Cuba, Tiozzo pudo interiorizarse de la revolución bolivariana que lideraba el presidente Hugo Chávez en Venezuela, a través del testimonio de compañeros de ese país en la escuela de medicina.
“Íbamos en una brigada médica y también de apoyo al proceso bolivariano, para mí era apasionante y representaba un desafío que exigía mucho compromiso”, reflexiona Tiozzo.
Relata que su destino venezolano tampoco fue resultado del azar, sino que lo eligió: una ignota región de comunidades indígenas yanomamis, localizadas en lo profundo de la selva amazónica, en la frontera con Brasil.
“Son comunidades que en medio de la nada”, describe Tiozzo el remoto territorio, donde el paisaje se alarga en lo alto del río Orinoco, en el que vivió más de dos años.

En lancha por el río Orinoco, hacia lo profundo de la selva amazónica venezolana.
“Fueron unos años maravillosos”, exclama Tiozzo. En las fotos se lo ve a punto de abordar un avión en una pista de tierra, rodeada de montañas; navegando en lancha con una remera del Che; en la selva, en su uniforme de brigadista y con un machete al hombro; y auscultando a niños y mujeres de las aldeas yanomamis.
“Cada cuatro o cinco meses regresaba a la ciudad por unos días y después volvía en lancha”, cuenta Tiozzo.
Dice que la mayor dificultad fue el idioma, conformado por un abanico de dialectos inescrutables. Lo enfrentó con un cuaderno de anotaciones y predisponiendo el oído.
“Por suerte, había algunos yanomamis muy interesantes, que habían hecho cursos de agentes sanitarios, y para nosotros era espectacular, porque nos enseñaban la lengua y nos informaban acerca de la cuestión cultural, que también es algo en que no podés pifiar”, relata.

Esperando abordar un avión en una pista amazónica en 2011.
Cuenta que, entre las múltiples experiencias vividas con los indígenas amazónicos, la más fuerte fue un ritual funerario donde la tribu ingiere las cenizas del difunto.
Dice que entre los yanomamis terminó de comprender la noción de comunidad. “Ellos no no conocen el egoísmo, todo lo que tienen lo comparten”, valora Tiozzo.
Misiones
Al cabo de dos años y tres meses, el médico misionero graduado en Cuba concluyó su misión en el Amazonas venezolano, se despidió de la comunidad indígena que lo había acogido como uno de los suyos, y emprendió el regreso a la tierra colorada.
“Llegué y hablé con el doctor Oscar Herrera Ahuad, que por entonces era ministro de Salud y le pedí para trabajar con las comunidades mbya guaraní de la provincia”, cuenta Tiozzo.
El llamado de la selva lo llevó lo encontró recorriendo aldeas en todo el nordeste de Misiones: Yabotí, El Soberbio, San Vicente, San Pedro. Fueron otros tres años y medio.
Hoy, a la distancia el médico de Eldorado compara ambas experiencias y afirma que los yanomamis y los mbya misioneros “son pueblos totalmente distintos, casi sin puntos en común”.

En una comunidad mbya en la selva misionera.
“Acá, los paisanos siempre están a la defensiva con los blancos”, dice Tiozzo y explica: “Los yanomamis, por estar tan intrincados, nunca conocieron el genocidio; recién hace poco que están teniendo vínculos con los blancos y todo resulta amistoso para ellos”.
Argumenta que la propiedad de la tierra, del pedazo de selva que las comunidades habitan, es otro dato a tener en cuenta.
“En el caso de los yanomamis, el ambiente natural es de ellos; y en cambio, acá las comunidades están sin tierras, sin techo, sin nada”, explica Tiozzo y concluye: “Es difícil ser feliz si te sacan todo”.
Historias
Nueve caídos misioneros, historias de coraje y heroísmo en Malvinas
Entre los nueve soldados misioneros caídos en las Islas Malvinas, en 1982, hay dos nombres que destacan por su arrojo y valor a toda prueba: el teniente Roberto Néstor Estévez y el capitán Carlos Eduardo Krause.
De 25 y 34 años, Estevez y Krause, eran los de mayor edad y rango de los nombres que la tierra colorada inscribió en el memorial de la guerra por la recuperación del archipiélago usurpado por los ingleses en 1.833. Los otros siete, eran conscriptos, de 18 y 19 años; soldados rasos, que cayeron luchando contra el enemigo, en condiciones muchas veces extremas y solo balanceables a fuerza de valor. Sus nombres están en el Monumento a Malvinas, en la Costanera de Posadas. Y cada uno tiene su calle, su plaza, su placa, en los pueblos misioneros que los vieron convertirse en héroes.

El teniente Roberto Néstor Estevez y el capitán Carlos Eduardo Krause.
Cuerpo a cuerpo
Roberto Néstor Estevez era posadeño. En 1982, ostentaba el grado de subteniente de Infantería del Ejército Argentino. Se había graduado de oficial en el Colegio Militar de la Nación, en octubre de 1978.
Estevez pisó Malvinas el mismo 2 de abril, con las fuerzas de desembarco que llegaron a las islas a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar, en el que también iban otros misioneros, como el veterano de guerra Rodolfo Ramírez, entonces de 17 años, que servía en el Batallón de Artillería de Campaña N° 1 como jefe de pieza de un obús de 105 milímetros.
Según los testimonios de soldados que sirvieron bajo su mando, Estevez era un hombre tenaz, decidido, determinado, solidario con los suyos. Cuentan que dormía en el mismo pozo de zorro que sus hombres y siempre se aseguraba de que hubiera comida y abrigo para todos.
“Era un jefe que iba adelante”, que “nunca daba una orden que él no estuviera dispuesto a cumplir”, recuerda el soldado Sergio Daniel Rodríguez, en un video disponible en Youtube.
Rodríguez, que estaba estaba junto a Estevez cuando el misionero fue alcanzado por la ráfaga enemiga, relata emocionado en el video que su jefe, herido en piernas y brazos, seguía liderando la carga contra el avance de los ingleses en ese desolado paraje de la Isla Soledad, conocido como Pradera del Ganso o Goose Green, un asentamiento dedicado a la cría de ovejas, helado y monótono.
El veterano cuenta que Estevez, incluso, llegó a ofrecerle su propio casco, para que se protegiera del fuego británico que arreciaba sobre las fuerzas argentinas. Instantes después, fue alcanzado en el pómulo derecho y murió.
Era el 28 de mayo de 1982. El héroe misionero conducía la Sección “Bote”, del Regimiento de Infantería 25, que tenía la misión de frenar a los ingleses, que habían desembarcado en la Bahía de San Carlos siete días antes y avanzaban hacia Puerto Argentino, ubicado a 90 kilómetros.
El mando inglés había calculado un blitzkrieg, confiado en la superioridad de recursos y profesionalidad de sus fuerzas, pero se encontró con el arrojo de los pilotos argentinos, que desataron un infierno sobre la flota enemiga; y en tierra, los royal marines enfrentaron la encarnizada resistencia de Estevez y sus hombres.
Fueron 36 horas de lucha. En Pradera del Ganso, el enemigo perdió a su oficial de mayor rango en la guerra, el teniente coronel Herbert Jones, jefe del 2.º Batallón de Paracaidistas británicos.
Relata Marcelo Larraquy, periodista, escritor y autor de varios libros sobre Malvinas, que el oficial británico “iba al frente de un pelotón de quince hombres” y que “después de más de ocho horas de combate, decidió́ enfrentar el fuego que partía desde las trincheras argentinas y mantenía inmovilizadas dos, de sus cuatro compañías”.
“Jones quiso tomar los nidos de ametralladoras por asalto, en una muestra de arrojo y exceso de confianza. Una loma le impidió́ ver uno de los nidos, y, desde veinte metros a su izquierda, recibió́ una ráfaga de ametralladora”, escribe Larraqy.
Dice que el oficial inglés intentó tomar su granada, pero otra certera ráfaga lo alcanzó a la altura de la cintura. Jones volvió a sacudirse y ya no se levantó.
“Rayo de sol ha caído”, transmitió el radio operador inglés, cuenta Larraqy y sostiene que “la noticia causó estupor y confusión en las filas británicas” y que un helicóptero que intentó recoger su cuerpo “fue abatido por un Pucará”.
Estevez dejó dos cartas, que escribió antes de partir hacia las islas y llevó consigo durante toda la guerra: una para su novia, Marta Beatriz López, fallecida en 2011 y a quien conocía desde la infancia, y otra para su padre, Roberto Néstor Estévez.
Escrita en una hoja de cuaderno, la carta a su padre es un testimonio de honor, coraje y entereza.

“Querido papá.
Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡que misión! ¿no es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?
Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.
Lo único que a todos quiero pedirles es:
1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo.
2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante.
3) que recen por mí.
Papá, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española; gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.
Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo. Dios y Patria ¡O muerte!
Roberto”.
Estevez fue ascendido a Teniente post-mortem y se le confirió la Cruz al Heroico Valor en Combate. Fue el único soldado misionero caído en la primera gran batalla terrestre de la guerra en el Atlántico Sur, que los analistas militares, argentinos e ingleses, coinciden en señalar como una de “las más duras y sangrientas”, porque “se peleó cuerpo a cuerpo y pozo por pozo”.
“Vuelos locos”
Carlos Eduardo Krause era oriundo de Oberá, hijo de maestros rurales. Dejó la Capital del Monte de niño y se mudó a Posadas, donde completó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Roque González, y después partió hacia Córdoba, a la Escuela de Aviación Militar, para cumplir su sueño de convertirse en piloto de guerra.
El 1 de junio de 1982, el héroe obereño iba de copiloto del Hércules C-130, matrícula TC-63, indicativo “Tiza”, de la Fuerza Aérea Argentina, en una misión de exploración y reconocimiento marítimo al norte del Estrecho de San Carlos.
Se trataba de misiones extremadamente peligrosas, casi suicidas, que los mismos pilotos habían bautizado en sorna como “vuelos locos”, porque el Hércules es un avión de transporte, una bestia lenta y desarmada.
Volaban al ras del agua esa mañana. Las olas golpeaban, por momentos, el fuselaje. Era la única manera de evitar ser detectados por la flota enemiga, que a esa altura de la guerra había ya tendido un cerco en torno a Malvinas. A las 10:25, el avión apareció como un destello en el radar de la fragata inglesa HMS Minerva, y minutos después fue interceptado por una patrulla de aviones Sea Harrier, liderada por el oficial Nigel Ward.
El primer misil enemigo falló, pero el segundo impactó en el ala derecha, entre los motores. Hubo un incendio, pero el avión siguió en el aire, por lo que el piloto británico se acercó y vació sus cañones de 30 mm, y el Hércules de Krause se precipitó al mar.
Junto al misionero, murieron el vicecomodoro Hugo Meisner, el capitán Rubén Martel y cuatro suboficiales.
Por su valentía, Krause fue ascendido post-mortem al grado de Mayor y declarado Héroe Nacional.
Los otros siete héroes misioneros de Malvinas son: Orlando Illanes, Martín Odilio Maciel, Miguel Ángel Meza, Saturnino Sanabria y Miguel Ángel Sosa, caídos el 2 de mayo de 1982, en el ataque del submarino inglés Cónqueror al Crucero ARA General Belgrano; y José Luis Ríos y Alfredo Gregorio, que murieron en combate el 14 de junio, el último día de la guerra.
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Historias
Migró en 2001, milita en PT de Lula y regulariza misioneros trabajando en Brasil
En plena crisis de 2001 y ante la falta de empleo en su pueblo natal, El Soberbio, Marcelo Do Nascimiento tomó una decisión que cambiaría su vida: emigrar a Porto Alegre, Brasil. Tenía 17 años. Allí continúo sus estudios, se formó profesionalmente y encontró en la militancia política un camino para transformar su historia personal y la de otros trabajadores.
“En Misiones nunca hubo empleo suficiente para la juventud. Primero vino una hermana mía y después vine yo”, recordó Marcelo en conversación telefónica con La Voz de Misiones. En Brasil comenzó a estudiar y a trabajar, mientras seguía de cerca el escenario político del país.
La llegada al poder de Luiz Inácio Lula da Silva en 2003 fue un punto de inflexión para el misionero. Inspirado por su historia de vida, Marcelo decidió orientar su formación hacia la industria metalmecánica y sumarse a la militancia en el Partido de los Trabajadores (PT).
Ingresó al PT en 2006, se incorporó al sector metalúrgico en 2008 y, dos años después, al sindicato. Su trayectoria fue en ascenso: participó de encuentros nacionales, ocupó cargos partidarios y sindicales, y tuvo su primer encuentro personal con Lula en 2012. “Vengo de una familia muy pobre del interior de El Soberbio. Meterme a militar fue para luchar por los derechos, para mejorar mi vida y la de mis compañeros“, afirmó a LVM.
Y añadió: “La militancia siempre surge desde ese lugar; difícilmente provenga de alguien que viene de una familia acomodada y decide militar en un partido que lucha por los derechos de los trabajadores”.
Condiciones dignas
Actualmente, Marcelo se desempeña en el Ministerio de Trabajo de Brasil, donde está a cargo de un área clave en un escenario marcado por el éxodo de trabajadores rurales. En los últimos años, la falta de empleo y los bajos salarios impulsaron a cientos de argentinos -principalmente de Misiones- a emigrar a Brasil en busca de mejores oportunidades laborales. En ese contexto, su función se centra en la regularización de extranjeros que cruzan la frontera para trabajar, un rol estratégico para garantizar derechos laborales y condiciones formales de empleo.
En ese marco, explicó a este medio que el trabajo no se realiza de manera aislada, sino en articulación con la ministra de Trabajo de Misiones, Silvana Giménez.
“Nosotros estamos haciendo un trabajo con el ministerio de Trabajo de Misiones. La ministra está hablando con nosotros porque queremos que los jóvenes, o cualquier argentino que salga de Misiones, ya venga con su documentación al día”, señaló Marcelo. En esa línea, enfatizó que el objetivo es agilizar los trámites y garantizar que los trabajadores ingresen al mercado laboral brasileño de forma legal, con todos sus derechos desde el primer día.
Según detalló, uno de los principales problemas es la falta de documentación con la que ingresan muchos migrantes, que llegan a Brasil sin un trabajo previo y sin la documentación formal necesaria para desempeñarse laboralmente. “Si no ingresan de manera legal, no pueden tramitar el CPF, que es el documento más importante de Brasil, equivalente al DNI argentino, el que permite acceder al trabajo formal y a derechos básicos”, ejemplificó.
Por ese motivo, el área trabaja de manera articulada con autoridades de Misiones, la Policía Federal y la Receita Federal para coordinar y facilitar los trámites necesarios, con el objetivo de prevenir situaciones de informalidad o explotación laboral.
“En 2023, cuando Lula asumió nuevamente, encontramos numerosos casos de trabajo esclavo, incluso con argentinos en esas condiciones. Por eso estamos muy comprometidos con que todos estén regularizados y accedan a sus derechos”, remarcó.
Además, mencionó que recientemente visitó una empresa de Santo Ângelo, que contaba con 1.300 empleados, de los cuales 170 eran argentinos.
Volver a las raíces
Marcelo comenzó a trabajar desde muy chico. “Me acuerdo bien. Desde chico laburaba en la chacra y después, a los 12 años, trabajé en una panadería. Por eso tengo muy presente de dónde vengo”, relató.
Esa experiencia marcó su recorrido personal y político, y explica el fuerte vínculo que aún mantiene con su tierra natal. “Siempre que puedo vuelvo a El Soberbio. Uno nunca debe olvidarse de dónde vino, de sus amigos, y también tiene que luchar para que otros no pasen por lo mismo que uno pasó“, expresó.
De su última visita a Misiones, a un encuentro de productores en Corpus, dijo haberse encontrado con un panorama desalentador.
“Si comparo Argentina con la época en la que me vine, estaba mejor que ahora. Estuve en Misiones hace poco y sentí que la situación está muy mal. En aquel momento no había trabajo, como hoy, pero me da la sensación de que ahora todo está peor”, opinó Marcelo y contó que muchos productores le manifestaron su preocupación por la falta de empleo y la pérdida de derechos.
Al contrastar esa realidad con la situación laboral en Brasil, sostuvo que el escenario es distinto.
“Brasil está mejor que cuando yo vine. No era fácil: el desempleo estaba cerca del 12% y hoy ronda el 4,6%. Hay pleno empleo, el salario mínimo subió y tenemos más derechos. Eso mejoró mucho, sobre todo para los jóvenes que llegan a trabajar”, señaló y, en esa línea, remarcó que mientras en Brasil se debate reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, en Argentina observa un fuerte retroceso en materia de derechos laborales.
A pesar de los años y la distancia, Marcelo insiste en no perder de vista sus orígenes. Desde su rol actual, busca que quienes emigran lo hagan en condiciones dignas. Esa mirada se apoya también en su formación profesional: cuenta con estudios técnicos en metrología, cálculo técnico y dibujo, y es licenciado en Gestión Pública.
Historias
Curvas en Bici, el grupo de colombianas que llegó de Bolivia a Misiones
El miércoles 21 de enero un grupo de siete mujeres colombianas partió desde Bolivia rumbo a Argentina, con el objetivo de recorrer siete etapas, desde Corrientes hasta Iguazú en bicicleta, y lo lograron en once días. Desde allí se dirigieron hacia Río de Janeiro con el mismo sueño y mensaje: “Con el fortalecimiento de habilidades y el conocimiento mecánico, muchas mujeres sentirán plena libertad y podrán recorrer su país en bicicleta u otros países como lo hicimos nosotras”.
Curvas en Bici surgió en 2017 en Bogotá, con la misión de compartir experiencias sobre ciclismo, saberes sobre mecánica, conducción, infraestructura vial en ciudades, tránsito y seguridad, además de concebir a la bicicleta como vehículo sustentable que, además de contribuir al cuidado del medioambiente, ayuda a preservar la salud en diferentes aspectos como la prevención del sobrepeso y el sedentarismo.
Esta organización de mujeres, que cuenta con ocho años de antigüedad, realiza un viaje nacional anualmente y hasta el momento concretaron dos experiencias internacionales, la primera fue hacia Europa y en esta oportunidad la travesía sudamericana Bolivia-Argentina-Brasil.
“Como esto es un viaje que se hace en equipo decidimos visitar estas dos maravillas, que son el Salar de Uyuni y las Cataratas del Iguazú. Fue una decisión en consenso, con votaciones, evaluando pros y contras: cómo llegar, qué tan fácil iba a ser y de acuerdo a ello lo hicimos. Ya estando acá nos dimos cuenta de que no nos equivocamos y que realmente son dos maravillas y nos sentimos muy afortunadas de haberlo logrado en bici”, describió en una entrevista telefónica con La Voz de Misiones Mayra Torres, integrante de Curvas en Bici.
El viaje inició el 21 de enero en Bolivia y estuvo planeado desde hace un año y medio: “Ese es el tiempo que nos ha tomado planificar cada paso, cada sitio, la ubicación, dónde pedalear y cómo hacerlo. Nuestro viaje tenía tres puntos principales, el primero fue conocer el Salar de Uyuni, el cual nos llevó a tomar varios buses y vuelos durante un día, después estuvimos en el salar y en la noche volvimos a retomar nuestro viaje con otros buses hasta llegar a Corrientes, Argentina”, añadió Sofía Carrillo, miembro de la misma organización.
Al llegar a Corrientes, se dirigieron a la empresa donde compraron las bicicletas para esta travesía. Una vez en el lugar, las armaron, agruparon, empacaron y salieron a bordo de las mismas rumbo a la ciudad de las Cataratas.
“Fueron 7 etapas en 11 días porque nosotras tomábamos días de descanso también, entre cada tres o cuatro etapas a fin de recuperar el cuerpo, conocer los sitios, compartir con la gente y todo lo que conlleva un viaje de esta magnitud. Finalizando, llegamos a Iguazú, conocimos las Cataratas, tanto del lado argentino como del lado brasileño y después de esto la idea fue continuar el viaje hacia Río de Janeiro, allí vamos a participar del Festival del Río y conocer cómo es la ciudad”, continuó Carrillo.
Desde Corrientes capital pasaron por Itatí, Itá Ibaté, Ituzaingó, Posadas, Gobernador Roca, San Ignacio, Puerto Rico, Eldorado y Puerto Iguazú. “Conocimos el lado argentino de las Cataratas y fue algo impresionante. Previamente, en Gobernador Roca hicimos un descanso y aprovechamos para ir a San Ignacio y conocer las ruinas jesuíticas”.

Llegada de Curvas en Bici a Puerto Iguazú
“Una provincia muy bella”
“Misiones nos pareció una provincia muy bella. Los paisajes, los árboles, la tierra roja que a los ojos es algo muy bonito de ver. Para el equipo, nosotras venimos de Colombia, y estamos acostumbradas a pedalear en superficies no tan planas como las que transitamos en Corrientes, entonces, siento que físicamente nos ayudaba más el tipo de geografía en Misiones que tiene más subidas y bajadas y eso hizo más divertido el trayecto”, detalló Torres.
“Las casas que hay alrededor de la carretera tipo chalet con los pinos, el cielo azul… era muy bello. También por la calidad de las personas, siempre nos recibieron bien, cuando tuvieron la posibilidad de regalarnos agua o hielo lo hicieron y nos expresaron que nos admiraban, porque no mucha gente lo hacía… entonces fue muy lindo”, agregó la ciclista.
Por su parte, Carrillo hizo hincapié en lo que significa ser mujer y atravesar largas distancias sobre dos ruedas: “Siento que el mensaje más importante es que logramos hacer algo que pocas personas se animan a realizar, que podemos disfrutar de un país y un medio de transporte diferente, que podemos animar a más personas y a las mujeres a ser un poco más independientes y empoderarse de sí mismas a través de la bicicleta“.
En ese mismo sentido, recordó: “En los puestos de Gendarmería las mujeres nos miraban con felicidad, quizás por ver que alguien decidiera recorrer sus carreteras de esta forma. Se sentían representadas a través de nosotras, lo mismo en Colombia, todas las mujeres se sienten representadas con nosotras, de que estamos conquistando nuevos territorios a través de la bicicleta y eso genera mucho empoderamiento. Ese es el mayor significado, el empoderamiento de la mujer en el mundo y la posición de la mujer en los diferentes lugares de Suramérica”.
Durante el año y medio de preparación y planificación del viaje, vendieron productos para recaudar fondos y poder costear la travesía, a su vez, contaron con el apoyo de marcas patrocinadoras de Colombia que les brindaron tanto financiación como también elementos útiles para la ruta.
También, obtuvieron un descuento significativo en la compra de bicicletas, lo que les facilitó adquirirlas. A su vez, cada una tenía su dinero personal y familiar para cubrir gran parte de los gastos.
Posadas, el primer contacto con Misiones y otros ciclistas
Si bien dentro de la organización no cuentan con integrantes argentinas o misioneras, durante el transcurso de la travesía lograron intercambios con algunas mujeres a quienes brindaron información sobre las actividades y talleres realizados en Bogotá.
El intercambio no se produjo solamente con mujeres transeúntes sino con miembros de la comunidad mixta Ruedas Libres, abocada al ciclismo y la motivación. “Puntualmente en Posadas nos encontramos con Elías, líder de la organización Ruedas Libres, quien muy amablemente nos enseñó algunas cosas frente a las dinámicas de algunos ciclistas en su territorio, y adicionalmente nos acompañó hasta Gobernador Roca, nuestra cuarta etapa”, señaló Ángela Sánchez Restrepo, fundadora de Curvas en Bici.
“Él puntualmente nos comentó que no había muchas mujeres que se animaran a andar en bicicleta debido a temas de seguridad y también por incomodidades que algunas han sentido en ciertas agrupaciones mixtas en las que algunos hombres tienen segundas intenciones al participar de estos espacios con mujeres. Por esto, él suele realizar esfuerzos brindándoles acompañamiento a las mujeres y orientándolas en cómo empezar estas salidas. De hecho, hace salidas con un nivel menos exigente para quienes se están iniciando y de esa manera busca fortalecer la participación femenina dentro de esa organización”.
Según su relato, la admiración por la travesía en bici comandada por mujeres fue a primera vista, mientras a su paso dejaban stickers de Curvas en Bici a lo largo de la ruta 12 en Misiones: “En diferentes puntos de nuestra travesía logramos identificar el interés de las mujeres que se movilizaban en otros medios de transporte. Se quedaban muchas veces observándonos y observando nuestra dinámica, como también algunas niñas que sintieron curiosidad por lo que nosotras hacíamos mientras estábamos detenidas descansando, ajustando o despinchando ruedas. Eso también generó un impacto muy positivo, al igual que la relación con otras mujeres”.

Parada técnica de Curvas en Bici por Misiones
Sin embargo, también recordaron las experiencias que generan temores y al mismo tiempo contribuyen a estar siempre alerta: “Compartimos con otras personas nuestra felicidad y placer por hacer este tipo de travesías en bicicleta, y aunque sabíamos que hay ciertos riesgos en la carretera -debido a las velocidades de los vehículos- al salir en grupo y al ver a tantas mujeres unidas frente a este propósito, sabemos que mucha gente también puede tomar un poco de conciencia frente a la forma de rebasar a un ciclista y a la seguridad que puede compartir en las vías, además de otros temas asociados a la vida en la vía en el momento de conducir”.
Sobre lo que recordó: “Tuvimos algunos pequeños sustos con un par de vehículos que nos pasaban muy cerca y de hecho hubo un camión de carga pesada desde una distancia muy cercana, empezaba a pitar muy fuerte al grupo, lo que hizo que literalmente tengamos que salir de la carretera”.
En cuanto a la infraestructura vial observada en Misiones, expresaron: “Argentina no tiene subidas tan significativas como las tiene, por ejemplo, Colombia. Si es viable, sí consideramos que puedan analizar la creación de un espacio más amplio en las carreteras, de manera que los usuarios sean más compartidos, y sobre todo, quizá una posible infraestructura para bici que incite a las personas a recorrer su país en bicicleta debido a que puede ser un poco más fácil por su topografía”.
Sobre este cambio, añadieron que “podría involucrar a que la comunidad se mueva de otras formas, conozca y se apropie más de su país desde una bicicleta y de esa manera disminuir otros temas a nivel salud, como lo es el sobrepeso, el sedentarismo, entre otras tantas que a nivel mundial sabemos que suceden. Esto puede ser una muy buena alternativa para la comunidad en general en Argentina”.
Con el objetivo de inspirar a otras mujeres y replicar la experiencia en otros puntos del mapa, Carrillo concluyó: “Creemos que las mujeres, al momento en que se les brinda ciertas herramientas como lo es el conocimiento mecánico, el fortalecimiento de habilidades; muchas llegan a un punto en el que sienten plena libertad y pueden recorrer su país en bicicleta u otros países como lo hemos hecho nosotras. Lo seguiremos haciendo en Colombia y otras partes del mundo para ser más mujeres en bici y buscando que el mundo sea cada vez mejor para nosotras”.

Curvas en bici
La corporación Curvas en Bici se originó en Bogotá, Colombia, en el año 2017. En ese entonces Ángela Sánchez Restrepo organizó la propuesta bajo la experiencia de ser guardiana de la ciclovía en esa ciudad.
“Nuestra ciclovía en Bogotá tiene características muy importantes y trabajando allí noté que eran muy pocas las mujeres que se movilizaban en bicicleta para ese entonces, y paralelamente estudiaba Trabajo Social, así que, desde el enfoque profesional también se logra estructurar parte de la organización”, añadió Sánchez en conversación con LVM.
Desde sus comienzos hasta la actualidad, Curvas en Bici organiza talleres de mecánica, salidas en bici para mujeres y eventos asociados a retar a las mujeres a lograr nuevas distancias y conocer nuevos lugares en Colombia.
Adicionalmente, cuentan con un equipo de trabajo conformado por 35 voluntarias que acompañan a las mujeres en cada salida, en sus diferentes niveles y exigencias.
A su vez, la organización consta de zonas que divide a la comunidad por sectores y comités, en los que abordan diferentes temáticas como sostenibilidad, impacto social, talento humano, bienestar en equipo y presentación de proyectos e investigaciones en convocatorias distritales, nacionales e internacionales.
A lo largo y ancho del país reúnen alrededor de 100 mujeres que se benefician de estas actividades que son presenciales y también cuentan con espacios virtuales encaminados al bienestar, como lo es: la meditación, la salud mental y el entrenamiento funcional.
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