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Opinión
Mandar sin saber comandar: Malvinas y un helicóptero listo para Milei
Por Fernando OZ
Hay un síntoma inconfundible en la decadencia de los gobiernos: el momento exacto en que la ostentación del poder formal intenta suplir la ausencia dramática de autoridad moral. Es la brecha insondable que separa a la potestas —el cargo legal, el sello oficial, la potestad conferida por un boletín institucional— de la auctoritas, ese ascendiente natural e indiscutible líder, digamos el que puede mirar a los ojos a su pueblo sin necesidad de un cordón policial ni de francotiradores en los balcones.
Ocurrió el otro día en la turística ciudad de Puerto Iguazú, en la zona denominada 600 Hectáreas —un pulmón verde donde la trata y el narcotráfico conviven entre los hoteles de cinco estrellas—. Allí fue donde Javier Milei hizo una demostración perfecta de lo que la ciencia militar y la filosofía política llaman, sencillamente, mandar sin saber comandar.
Llegó envuelto en el aparato burocrático de la fuerza y lo que debía ser la presencia firme de un jefe de Estado se convirtió en un sainete de fuerzas de seguridad de todos los colores distribuidos en un anillo de siete retenes, camionetas blindadas, sirenas nerviosas y hasta un helicóptero para transportarlo. Todo este despliegue, esta parafernalia digna de una potencia ocupante en territorio hostil, no era para contener a las legiones de Aníbal a las puertas de Roma.
Era para esquivar a un puñado de productores yerbateros arrepentidos de haberlo votado, acompañados por tareferos golpeados por la desregulación y otros pocos militantes sociales y gremios del estado, que esperaban al costado de la ruta con camiones viejos, algunos tractores y pancartas al aire. No importa si se fue por tierra o en helicóptero: se esconde.
A duras penas unas ochocientas personas —la mayoría sin ganas de cortar rutas y empujadas por el clan Peterson, con el exdiputado renovador Julio Peterson a la cabeza, un yerbatero con alma de botón que pedía a gritos a la Gendarmería que sacara de la manifestación a tres mujeres militantes sociales que pretendían cortar la ruta para dejar afuera tanto oportunismo político—. La cuestión de fondo es que, más allá de la escuálida protesta, la breve visita del mandatario vuelve a demostrar que Milei carece de liderazgo: apenas tiene el ‘mando’, un poder efímero que se sustenta, básicamente, en lo que dure la tinta de una lapicera.
Ahí reside el núcleo del asunto. El verdadero líder —aquel que ostenta lo que los estoicos llamaban el gobierno sobre sí mismo para sostener el peso de la responsabilidad colectiva, o el que ejerce el Mission Command en la vanguardia— no se esconde en el aire ni se parapeta tras un pasillo blindado de fuerzas federales frente a un grupo de personas irritadas. El gobernante que posee ‘comando’ baja de la camioneta, camina hasta el primer tractor, escucha la bronca, aguanta el chaparrón con templanza ejerce la pedagogía de la autoridad. Un líder natural, en el sentido más noble de la tradición clásica y de la doctrina operativa, no huye de la fricción social; la asume como la materia prima de la política.
Mandar es fácil: basta una firma, un nombramiento o el respaldo del poder real. Lo difícil es lo que enseñaba André Gavet en su viejo manual de finales del siglo XIX: El arte de mandar reside en la persuasión, en el ejemplo y en la capacidad de conectar con la naturaleza humana del subordinado o del ciudadano. Cuando el mando no tiene comando, se refugia en la fuerza bruta, en el cerco mediático y en la huida.
La obra de Gavet es fundamental en la literatura militar: trasciende lo puramente táctico para adentrarse en la psicología del mando y la sociología del soldado. Les aseguro que es una auténtica joya porque formaliza el paso del militarismo prusiano o rígido hacia una doctrina de liderazgo basada en la empatía estratégica, el respeto mutuo y la cohesión de grupo. Lo leí a los dieciocho años junto a otro texto más breve titulado Ejercicio del mando, cuando un capitán de apellido Soto me ordenó hacerlo para dar una clase a los cadetes de cuarto año. Durante todo un cuatrimestre, estuve dando en el aula ‘Mando y comando’.
Hoy, mirando en retrospectiva y trazando ese mismo paralelismo, les diría a aquellos cadetes que esta semana en Misiones vimos a un presidente incapaz de recorrer el bucle OODA ante la menor brisa de conflicto social. Incapaz de Observar el país real que cruje bajo las medidas de sus técnicos; de Orientarse en la selva social sin caer en el pánico del asedio; de Decidir otra cosa que no sea el parapeto o el aplauso fácil de la claque propia; y, en definitiva, de Actuar como un verdadero jefe de Estado frente a la adversidad.
Porque tras eludir la protesta, el mandatario fue a refugiarse en el aplauso previsible y entusiasta de la Escuela de Dirigentes de su propio partido en el Iguazú Falls, un entorno endogámico de militantes enfervorizados que saltaban para las fotos de redes sociales en el hall del resort. Un espectáculo triste y revelador: huir de la realidad de los que producen la tierra para buscar el calor dopamínico de los que le adulan.
Esta falta de volumen político y de ‘comando’, esta incapacidad para encarnar un liderazgo abarcativo que ordene el caos sin esconderse, provoca consecuencias previsibles en el tablero de la política nacional. Entonces, no se les ocurren otras cosas más que humo; y cuando un gobernante carece de la templanza para encarar la realidad objetiva y se muestra impotente ante el menor conflicto cotidiano, suele recurrir a una estratagema viejísima, tan gastada como eficaz en los manuales de la política más ramplona: la búsqueda de una causa sagrada que tape las vergüenzas de la gestión.
No es una casualidad que, a las puertas de un año electoral y con las encuestas mostrando las grietas de la gestión económica, un Gobierno vuelva a agitar con vehemencia la bandera de las Islas Malvinas. La causa nacional, la memoria de los caídos y el reclamo soberano —que deberían ser tratados con la gravedad, el respeto y la sobriedad que exige la historia— son convertidos de pronto en un artefacto de pirotecnia para recuperar la centralidad política perdida. Se echa mano del patriotismo de utilería para tapar el ruido de los tractores en Misiones, la recesión en las provincias y la incapacidad de construir un proyecto compartido que vaya más allá de la bravata de red social y el ajuste fiscal sin anestesia.
Además, yo no sé qué opinarán ustedes, pero los libertarios no estarían comprendiendo que la verdadera defensa de la soberanía exige un país cohesionado, una economía sólida y una conducción que ejerza el mando con la dignidad de quien no teme pisar el barro de cada rincón del país.
Argentina atraviesa hoy esa dolorosa anomia. Hay un organigrama que emite decretos, hay ministerios, hay un despliegue vistoso de fuerzas de seguridad y hay un Presidente que viaja en avión oficial; es decir, hay ‘mando’. Lo que no hay, ni se le espera por ahora, es ‘comando’. Falta la voz serena que nombre el caos sin insultar, la figura capaz de ponerse al frente de la colmena —como quería Marco Aurelio— para recordar que lo que daña a la comunidad no puede beneficiar a nadie.
Política
El Pays lanzó a Cristian Castro como candidato a gobernador para 2027
El diputado provincial Cristian Castro fue elegido por el Partido Agrario y Social (Pays) como precandidato a gobernador de Misiones para las elecciones de 2027 y se convirtió en el primer dirigente en formalizar públicamente su intención de competir por la gobernación.
La definición se tomó este sábado durante una reunión partidaria en San Vicente, donde además se resolvió avanzar en la construcción de un frente opositor con otros sectores políticos y sociales.
“Hoy -por ayer- hicimos una pausa para compartir un almuerzo entre diputados, concejales, dirigentes y militantes del Pays. Entre charlas, ideas y proyectos, dimos un paso muy importante de cara al futuro de Misiones. Por decisión unánime, nuestro compañero Cristian Castro será el candidato a gobernador del Partido Agrario y Social”, anunciaron en las redes del partido.
En esa línea, argumentaron que “Cristian ha demostrado con hechos, desde la Legislatura y en cada rincón de la provincia, su compromiso, sensibilidad y cercanía con los misioneros. Es un dirigente que escucha, gestiona y trabaja todos los días por una Misiones más justa”.
“Estamos convencidos de que es la persona indicada para liderar el proyecto que nuestra provincia necesita”, resaltaron.
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Desesperanza
El espacio planteó como límite no incorporar a sectores vinculados con el oficialismo provincial ni con La Libertad Avanza (LLA), con la intención de presentarse como una alternativa electoral de cara a 2027.
“Vemos que hay un espacio grande en el centro que no estaba siendo ocupado. Hay mucha desesperanza, tristeza y desazón en el pueblo de Misiones por la crisis económica y productiva. Creíamos necesario empezar a ocupar ese sector y marcar que hay una opción distinta”, sostuvo Castro en diálogo con Primera Edición.
El legislador también marcó diferencias con el gobierno de Javier Milei y señaló: “Hay que buscar soluciones que sean colectivas y no individuales. En eso me diferencio mucho de La Libertad Avanza”.
Entre los principales ejes que planteó para una eventual gestión mencionó los bajos salarios de trabajadores públicos y privados, la crisis del sector productivo y la defensa de las pequeñas chacras familiares.
“Un problema central son los bajos salarios, no solo de los empleados públicos, sino también del sector privado. Después está el sector productivo, que hoy vive una crisis profunda en la provincia”, afirmó.
Cristian Castro hizo pública su declaración jurada y pidió mayor transparencia
Policiales
San José: tenía un coatí enjaulado en su casa, lo atacó y quedó internado
Un hombre de 53 años sufrió graves heridas luego de ser atacado por un coatí que permanecía en cautiverio dentro de una jaula en una propiedad del barrio Don Bosco, en San José.
La víctima, identificada como Carlos Leonardo M. (53), fue asistida inicialmente en el hospital local y, debido a la gravedad de las lesiones provocadas por el animal, posteriormente fue derivada al hospital Madariaga de Posadas para recibir atención médica de mayor complejidad.
El hecho fue advertido alrededor de las 13 de este sábado, cuando desde el hospital de San José dieron aviso a la Policía sobre el ingreso del hombre con heridas compatibles con un ataque de fauna silvestre.
A partir de la alerta, efectivos de la comisaría Segunda de San José acudieron al domicilio donde habría ocurrido el episodio y constataron que en el lugar había un coatí adulto encerrado en una jaula.
Ante la presencia del animal silvestre en cautiverio, los policías resguardaron el lugar y solicitaron la intervención de la División Delitos Rurales y del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables.
La situación también fue puesta en conocimiento de la Justicia, que inició las actuaciones correspondientes para establecer las circunstancias en las que se produjo el ataque y determinar las responsabilidades que pudieran corresponder.
Finalmente, el magistrado interviniente dispuso que personal del Ministerio de Ecología procediera al secuestro del coatí y su posterior resguardo, quedando el animal bajo intervención de las autoridades competentes.
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