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En realidad, la efeméride que se recuerda hoy, el Combate de la Vuelta de Obligado, fue el sábado 20, Día de la Soberanía Nacional desde 1974, pero el gobierno pasó la fecha a este lunes en uso de la atribución que le confiere la Ley N° 27.399, para fijar anualmente hasta tres días feriados o no laborables destinados a promover la actividad turística.
El Combate de la Vuelta de Obligado es considerado la máxima demostración de valentía y entrega en defensa de la soberanía nacional. Es feriado desde 2010, por decreto de la entonces presidenta Cristina Fernández.
Obligado es una localidad de la provincia de Buenos Aires, vecina de Ramallo. Es un pueblo pequeño, de 261 habitantes según el Censo de 2010.
Está ubicada en un recodo del río Paraná, donde el cauce se estrecha y corre entre altas barrancas. Allí, el 20 de noviembre de 1845, fuerzas argentinas comandadas por Lucio N. Mansilla le hicieron frente a una escuadra anglo-francesa que pretendía forzar la libre navegación aguas arriba.
Eran los tiempos convulsos de la Confederación Argentina, y las intestinas luchas de unitarios y federales. En Buenos Aires gobernaba el brigadier Juan Manuel de Rosas, y la hostilidad con Inglaterra y Francia se arrastraba de varios años antes, por sus pretensiones de establecer relaciones comerciales directas con las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, sin pasar por Buenos Aires ni reconocer la autoridad de Rosas.
El combate fue en extremo desigual. Y las bajas escalaron tres a uno en relación con el enemigo. Conocedor de la descomunal desproporción, Mansilla preparó a los invasores una emboscada. Tendió cadenas entre ambas orillas del río y dispuso siete baterías.
Mansilla sabía que la trampa no era infalible. Que ingleses y franceses desbaratarían el bloqueo con su enorme poder de fuego. Que conseguirían finalmente pasar. Pero, la audaz y decidida acción frustró para siempre las intenciones de las potencias coloniales de hacerse con el dominio de la navegación y el comercio.
Siete años más tarde, el 3 de febrero de 1852, Rosas caería en la Batalla de Caseros, a manos del gobernador de Entre Ríos, el general Justo José de Urquiza, y partiría al exilio, paradójicamente, a bordo de un barco inglés.
La repatriación de sus restos siguió un derrotero de 30 años, que prolongó el largo exilio del llamado Restaurador de las Leyes. Sus restos llegaron al país el 30 de septiembre de 1989 en un avión de las Fuerzas Armadas que había combatido en la guerra de Malvinas.