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Hijo de una familia acomodada de Vicente López protagonizó una saga de homicidios sin precedentes en la historia del país. Su último crimen fue el 3 de febrero de 1972. Lo detuvieron horas después y le dieron reclusión perpetua.
Tenía la edad de Silvio Astier, pero más allá de la propia rebeldía juvenil no se parecía en nada al protagonista de “El juguete rabioso”, la famosa novela de Roberto Arlt, cuando cometió el primero de los 11 asesinatos por los que lo condenaron.
Carlos Eduardo Robledo Puch, conocido como “El ángel de la muerte”, lleva más de 50 años preso. “Estamos ante una situación de agotamiento de pena”, sostuvo su abogado Jorge Alfonso, que por estos días gestiona la liberación de su cliente.
Robledo Puch fue condenado a reclusión perpetua con la accesoria de por tiempo indeterminado el 27 de noviembre de 1980, y se encuentra recluido en la Unidad Penal N° 26, de Olmos, provincia de Buenos Aires.
“La Justicia tiene que otorgarle la libertad”, remarcó el letrado. “Es el momento en que la Justicia tiene que otorgarle la libertad, más allá que la sociedad pueda o no estar de acuerdo con eso”, agregó.
En diálogo con el programa “Tardes Policiales”, de XLFM Radio, Alfonso señaló que Robledo Puch “cumplió la pena desde el punto de vista judicial y no hay ningún elemento desde el punto de vista legal que le pueda negar la libertad”.
El abogado comentó que el asesino más famoso del país “se encuentra deteriorado físicamente, con problemas de salud y desea morir en libertad”.
Según dijo, de salir de prisión, Robledo Puch iría a vivir a una quinta en Zárate, con una familia que quiere acogerlo y el acompañamiento espiritual de un sacerdote católico.
Junto con el italiano Cayetano Domingo Grossi, apodado “El hombre de la bolsa”; Cayetano Santos Godino, alias “el Petiso Orejudo”, matador de niños y piromaníaco; Margarita Herlein, "la Probadora de Hombres"; y Francisco Laureana, “el artesano”; Robledo Puch integra la galería de asesinos seriales argentinos.
Grossi fue el primero en anotarse en este macabro ranking. Fue fusilado en abril de 1.900 por el crimen de cinco bebés, a los que estranguló y quemó.
Godino, “el petiso orejudo”, a quien la prensa de 1912 llamaba también “el monstruo”, asesinaba a sus víctimas, de 4 y 6 años, con un enorme clavo de hierro.
Nacida en Coronel Suárez en 1936, Herlein, “La Probadora de Hombres”, fue condenada a prisión perpetua por envenenar y matar con raticida a sus tres esposos y al menos a dos amantes, para luego señalar que lo hacía porque se “aburría” de ellos.
Laureana, artesano de profesión, era alto, tenía físico de atleta y atacaba a sus víctimas los miércoles y jueves a las seis de la tarde; siempre en la zona de San Isidro.
En 1975, mató a 11 mujeres y niñas y atacó a otras tantas. El criminal, que había sido seminarista en Corrientes, comenzó su cacería en un colegio religioso, donde violó y ahorcó con una soga a una religiosa.
Cuando Robledo Puch fue detenido en 1972, las crónicas periodísticas abundaron en destacar el impactante atractivo de este joven de 19 años, de ojos celeste, alborotada melena rubia, que hablaba tres idiomas y era capaz de matar a sangre fría.
Su belleza impactó de tal modo que uno de los detectives llegó a compararlo con Marilyn Monroe, informaban los diarios.
El asesino más famoso de la Argentina mataba a sus víctimas por la espalda o cuando dormían.
Cuando le preguntaron por qué había matado a un hombre mientras dormía, miró al interrogador y le respondió: “¡Qué quería, que lo despertara!”
Entre el 15 de marzo de 1971 y el 3 de febrero de 1972, Robledo mató a balazos a nueve hombres y dos mujeres.
No solía dejar testigos de los robos que cometía con sus dos cómplices: Jorge Ibáñez, a quien conoció en la escuela secundaria, y Héctor Somoza.
Después de cada golpe solían ir juntos al cine, o a festejar en los boliches de moda de la época. Dos de sus películas preferidas eran “La pandilla salvaje” y “Easy Rider” (Buscando mi destino).
Robledo gastaba el dinero que robaba en autos, motos y alcohol. A veces brindaba cerca de los cadáveres.
En uno de los atracos llegó a dispararle a un bebé que lloraba: la bala rozó la cuna.
En 1972, cebado y próximo a caer, mató a Ibáñez y Somoza. A este último lo ultimó de dos balazos (“para que no sufriera porque era mi amigo”, según declaró) y le desfiguró la cara con un soplete.
Ibáñez murió en un misterioso accidente a bordo de un Siam Di Tella conducido por Robledo. Siempre se sospechó que lo había matado él. Hasta hoy, él jura que no lo hizo.
Hijo de una familia acomodada de Vicente López protagonizó una saga de homicidios sin precedentes en la historia del país. Su último crimen fue el 3 de febrero de 1972. Lo detuvieron horas después y le dieron reclusión perpetua.
Tenía la edad de Silvio Astier, pero más allá de la propia rebeldía juvenil no se parecía en nada al protagonista de “El juguete rabioso”, la famosa novela de Roberto Arlt, cuando cometió el primero de los 11 asesinatos por los que lo condenaron.
Carlos Eduardo Robledo Puch, conocido como “El ángel de la muerte”, lleva más de 50 años preso. “Estamos ante una situación de agotamiento de pena”, sostuvo su abogado Jorge Alfonso, que por estos días gestiona la liberación de su cliente.
Robledo Puch fue condenado a reclusión perpetua con la accesoria de por tiempo indeterminado el 27 de noviembre de 1980, y se encuentra recluido en la Unidad Penal N° 26, de Olmos, provincia de Buenos Aires.
“La Justicia tiene que otorgarle la libertad”, remarcó el letrado. “Es el momento en que la Justicia tiene que otorgarle la libertad, más allá que la sociedad pueda o no estar de acuerdo con eso”, agregó.
En diálogo con el programa “Tardes Policiales”, de XLFM Radio, Alfonso señaló que Robledo Puch “cumplió la pena desde el punto de vista judicial y no hay ningún elemento desde el punto de vista legal que le pueda negar la libertad”.
El abogado comentó que el asesino más famoso del país “se encuentra deteriorado físicamente, con problemas de salud y desea morir en libertad”.
Según dijo, de salir de prisión, Robledo Puch iría a vivir a una quinta en Zárate, con una familia que quiere acogerlo y el acompañamiento espiritual de un sacerdote católico.
Junto con el italiano Cayetano Domingo Grossi, apodado “El hombre de la bolsa”; Cayetano Santos Godino, alias “el Petiso Orejudo”, matador de niños y piromaníaco; Margarita Herlein, "la Probadora de Hombres"; y Francisco Laureana, “el artesano”; Robledo Puch integra la galería de asesinos seriales argentinos.
Grossi fue el primero en anotarse en este macabro ranking. Fue fusilado en abril de 1.900 por el crimen de cinco bebés, a los que estranguló y quemó.
Godino, “el petiso orejudo”, a quien la prensa de 1912 llamaba también “el monstruo”, asesinaba a sus víctimas, de 4 y 6 años, con un enorme clavo de hierro.
Nacida en Coronel Suárez en 1936, Herlein, “La Probadora de Hombres”, fue condenada a prisión perpetua por envenenar y matar con raticida a sus tres esposos y al menos a dos amantes, para luego señalar que lo hacía porque se “aburría” de ellos.
Laureana, artesano de profesión, era alto, tenía físico de atleta y atacaba a sus víctimas los miércoles y jueves a las seis de la tarde; siempre en la zona de San Isidro.
En 1975, mató a 11 mujeres y niñas y atacó a otras tantas. El criminal, que había sido seminarista en Corrientes, comenzó su cacería en un colegio religioso, donde violó y ahorcó con una soga a una religiosa.
Cuando Robledo Puch fue detenido en 1972, las crónicas periodísticas abundaron en destacar el impactante atractivo de este joven de 19 años, de ojos celeste, alborotada melena rubia, que hablaba tres idiomas y era capaz de matar a sangre fría.
Su belleza impactó de tal modo que uno de los detectives llegó a compararlo con Marilyn Monroe, informaban los diarios.
El asesino más famoso de la Argentina mataba a sus víctimas por la espalda o cuando dormían.
Cuando le preguntaron por qué había matado a un hombre mientras dormía, miró al interrogador y le respondió: “¡Qué quería, que lo despertara!”
Entre el 15 de marzo de 1971 y el 3 de febrero de 1972, Robledo mató a balazos a nueve hombres y dos mujeres.
No solía dejar testigos de los robos que cometía con sus dos cómplices: Jorge Ibáñez, a quien conoció en la escuela secundaria, y Héctor Somoza.
Después de cada golpe solían ir juntos al cine, o a festejar en los boliches de moda de la época. Dos de sus películas preferidas eran “La pandilla salvaje” y “Easy Rider” (Buscando mi destino).
Robledo gastaba el dinero que robaba en autos, motos y alcohol. A veces brindaba cerca de los cadáveres.
En uno de los atracos llegó a dispararle a un bebé que lloraba: la bala rozó la cuna.
En 1972, cebado y próximo a caer, mató a Ibáñez y Somoza. A este último lo ultimó de dos balazos (“para que no sufriera porque era mi amigo”, según declaró) y le desfiguró la cara con un soplete.
Ibáñez murió en un misterioso accidente a bordo de un Siam Di Tella conducido por Robledo. Siempre se sospechó que lo había matado él. Hasta hoy, él jura que no lo hizo.