{"id":1442171,"date":"2025-11-16T11:55:56","date_gmt":"2025-11-16T14:55:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/?p=1442171"},"modified":"2025-11-16T11:57:36","modified_gmt":"2025-11-16T14:57:36","slug":"argentina-la-tragedia-del-endeudamiento-y-el-cuento-del-tio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/?p=1442171","title":{"rendered":"Argentina: La tragedia del endeudamiento y el cuento del t\u00edo"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1432595 alignleft\" src=\"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Fernando-OZ-2.jpeg\" alt=\"\" width=\"144\" height=\"120\" srcset=\"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Fernando-OZ-2.jpeg 1080w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Fernando-OZ-2-300x249.jpeg 300w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Fernando-OZ-2-1024x850.jpeg 1024w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Fernando-OZ-2-768x638.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 144px) 100vw, 144px\" \/><\/p>\n<p>Por: Fernando Oz<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/x.com\/F_ortegazabala\"><em>@F_ortegazabala<\/em><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay d\u00edas en los que uno se pregunta, entre el fastidio y la resignaci\u00f3n, si la Argentina no ser\u00e1, despu\u00e9s de todo, un laboratorio cruel donde se experimenta cu\u00e1nto puede resistir un pueblo sin perder la esperanza. O al menos, la costumbre de esperar. Porque a esta altura, hablar de crisis econ\u00f3mica es casi una tradici\u00f3n nacional: la repetimos cada tanto, como quien saca la vajilla de porcelana para recibir al FMI. Cambian los nombres, los tipos de cambio y los tecn\u00f3cratas de turno, pero el libreto es el mismo: <strong>hay que pedir plata prestada, porque, en el fondo, no hay plan<\/strong>.<\/p>\n<p>El salario m\u00ednimo argentino, ese mendigo que alguna vez se pavone\u00f3 entre los m\u00e1s altos de la regi\u00f3n, hoy no resiste ni la comparaci\u00f3n con sus vecinos pobres, ni hablemos de los ricos. Basta mirar a los costados para descubrir que incluso pa\u00edses, que sol\u00edamos mirar con indulgente superioridad, nos han adelantado en la marat\u00f3n del poder adquisitivo.<\/p>\n<p><strong>Doscientos veinticinco d\u00f3lares al mes<\/strong>: \u00e9sa es la paga con la que el pa\u00eds pretende alimentar sue\u00f1os y soportar realidades. En el ranking latinoamericano, Argentina agoniza en el \u00faltimo sitio, superado incluso por Paraguay y Bolivia, naciones que hasta hace poco eran motivo de chistes f\u00e1ciles en alguna sobremesa porte\u00f1a.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n del salario real ha sido, por decirlo con elegancia, una pendiente resbaladiza hacia el abismo. N\u00fameros concretos: el sueldo alcanza cada vez menos. Comprar lo b\u00e1sico se ha vuelto un ejercicio de creatividad y resignaci\u00f3n. Los tickets de supermercado se parecen a la lista de compras de un europeo, pero con los precios de Suiza y el bolsillo de Zimbabue. El obrero, el empleado, el docente, el comerciante: todos ven c\u00f3mo su esfuerzo se esfuma en una danza macabra de inflaci\u00f3n y tarifas. Mientras tanto, los funcionarios de turno siguen ajustando el relato, nunca su cintur\u00f3n.<\/p>\n<p>No hay margen para la iron\u00eda cuando se cae un 34% del poder adquisitivo del salario m\u00ednimo entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025, y un humillante 63% desde el pico de 2011. El salario m\u00ednimo de septiembre de este a\u00f1o es, para colmo, m\u00e1s bajo que el del a\u00f1o 2001, aquel umbral que nadie jur\u00f3 volver a cruzar.<\/p>\n<p>En la Argentina de Javier Milei, <strong>los salarios del sector privado avanzaron apenas 1,4% en septiembre, y los del sector p\u00fablico un escu\u00e1lido 1,1%, mientras la inflaci\u00f3n del mes fue 2,1%<\/strong>. En lo que va del a\u00f1o, los ajustes parecen un mal chiste: 20,4% de aumento en el sector privado registrado, 23,9% en el p\u00fablico y 77% en el privado no registrado, frente a una inflaci\u00f3n que devora cualquier intento de recomposici\u00f3n. Las paritarias, otrora s\u00edmbolo de lucha obrera, hoy no son m\u00e1s que la cr\u00f3nica de una carrera perdida de antemano contra el costo de vida.<\/p>\n<p>La inflaci\u00f3n, ese monstruo que los economistas de sal\u00f3n prometen enterrar cada a\u00f1o, lleva cinco meses sin dar respiro. Octubre trajo un 2,3%, empujado por una suba similar en alimentos y bebidas, mientras la canasta b\u00e1sica para no ser pobre salt\u00f3 un 3,1% y se ubic\u00f3 por encima de 1,2 millones de pesos para una familia tipo. Es decir: <strong>ni siquiera viviendo del salario m\u00ednimo se llega a la l\u00ednea de pobreza<\/strong>. La indigencia, por su parte, requiere 544.304 pesos mensuales. Pero aqu\u00ed no termina la miseria: entre enero y octubre, los precios minoristas acumulan una suba del 24,8%, y la comparaci\u00f3n interanual es a\u00fan m\u00e1s brutal, con un 31,3% de aumento. <strong>Detr\u00e1s de cada decimal hay un plato menos<\/strong>, un medicamento que no se compra, una cuenta por pagar.<\/p>\n<p>Pero el drama no termina ah\u00ed, claro. Porque el desempleo crece, la informalidad es el plan B \u2014y a veces la \u00fanica opci\u00f3n\u2014, y la destrucci\u00f3n de puestos de trabajo es un goteo constante. No se trata s\u00f3lo de n\u00fameros fr\u00edos: cada comercio que cierra, cada f\u00e1brica que apaga las m\u00e1quinas es una historia que se parte en dos. Aqu\u00ed no hay estad\u00edsticas abstractas, sino familias que dejan de pagar el alquiler, empleados que pasan de la incertidumbre al vac\u00edo, j\u00f3venes que se preguntan si no ser\u00e1 mejor probar suerte lejos, en alguna parte donde la palabra \u201cfuturo\u201d signifique algo m\u00e1s que un acto de fe.<\/p>\n<p>Hablar de desempleo es hurgar en la herida con datos fr\u00edos y oficiales. Al cierre del primer semestre, el 7,6% de quienes buscaban trabajo no lo consegu\u00eda, cifra similar a la del a\u00f1o anterior, aunque la econom\u00eda, dicen las planillas, creci\u00f3 un 6,1% acumulado. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ese crecimiento? No en el salario, no en el empleo formal, no en los changarines de Misiones ni en los alba\u00f1iles sin obra p\u00fablica. <strong>M\u00e1s de 200.000 puestos formales desaparecieron entre noviembre de 2023 y agosto de 2025<\/strong>, mientras la informalidad, ese viejo refugio, atrapa ya a casi la mitad de las personas trabajadoras. El &#8220;s\u00e1lvese quien pueda&#8221; ha dejado de ser un eslogan para convertirse en pol\u00edtica de Estado.<\/p>\n<p>El drama social encuentra su repaso m\u00e1s crudo en la pobreza: 31,6% de la poblaci\u00f3n, es decir, casi uno de cada tres argentinos, vive por debajo de esa l\u00ednea, seg\u00fan el Indec. Y aunque lejos del 52,9% de 2024, la estad\u00edstica es un consuelo mezquino para quienes deben elegir entre comer y pagar la luz. <strong>El endeudamiento familiar es moneda corriente<\/strong>: el 22,5% de los hogares de bajos ingresos pidi\u00f3 dinero a familiares o amigos para mantener el hogar, el 16,1% recurri\u00f3 a bancos y el 14,2% a otras personas de su entorno. El 40,8% vendi\u00f3 pertenencias o us\u00f3 ahorros para sobrevivir. La tarjeta de cr\u00e9dito dej\u00f3 de ser un pl\u00e1stico para consumo y ahora es, literalmente, un salvavidas, aunque cada compra a cuotas es una piedra m\u00e1s en el cuello.<\/p>\n<p>En el Cant\u00f3n, la crisis no es un titular, comienza a ser una postal cotidiana. El cierre de comercios es visible en las avenidas de Posadas y las calles de cada localidad del interior al igual que los carteles de \u201cse vende\u201d que invaden la city, una clara prueba de liquidaci\u00f3n de activos para la diaria. El turismo de frontera ya no salva, y el encarecimiento relativo frente a Paraguay y Brasil barre con las ventas. El comercio, uno de los motores del empleo privado, se achica, despide, reduce jornadas. La construcci\u00f3n, paralizada por la ca\u00edda de la obra p\u00fablica nacional, deja a miles de trabajadores y peque\u00f1as empresas al borde del abismo. El productor yerbatero ve c\u00f3mo la desregulaci\u00f3n y la ausencia de pol\u00edtica sectorial lo arrojan a la intemperie y las cooperativas apenas respiran, ahogadas por la deuda y la volatilidad de precios.<\/p>\n<p>Las familias responden con ingenio y resistencia, pero la resiliencia tiene fecha de vencimiento. Los jubilados, otro colectivo golpeado, han perdido casi la mitad de su ya exiguo poder adquisitivo: la m\u00ednima, hoy, vale menos que hace un a\u00f1o y mucho menos que en noviembre de 2023. En un pa\u00eds envejecido, el envejecimiento es condena y la vejez, una carrera de obst\u00e1culos sin premio.<\/p>\n<p>El Gobierno nacional responde con pron\u00f3sticos de fantas\u00eda: la inflaci\u00f3n, dicen, \u201cva a desaparecer\u201d en agosto de 2026; las reformas que no llegan ser\u00e1n el b\u00e1lsamo que todo lo cure; la soluci\u00f3n est\u00e1 en las bandas cambiarias y el aprendizaje social de que la inflaci\u00f3n depende de la cantidad de dinero \u2013no del d\u00f3lar\u2013, mientras el d\u00f3lar sube y el miedo al pr\u00f3ximo sacud\u00f3n es el \u00fanico \u00edndice que no afloja.<\/p>\n<p><strong>En este contexto, las provincias quedan atadas de pies y manos<\/strong>. No fijan pol\u00edtica monetaria, no definen salarios, no manejan el tipo de cambio. Pero algunas, como Misiones, intentan amortiguar el golpe con lo que pueden: ferias, exposiciones productivas, rondas de negocios, cr\u00e9ditos de supervivencia, pozos de agua en parajes rurales y pavimento en ciudades tur\u00edsticas. <strong>Son gestos de dignidad, no soluciones estructurales<\/strong>. Sirven para que la crisis \u201cno se sienta tanto\u201d, pero no bastan para revertir el desastre.<\/p>\n<p>Mientras el poder central juega a reducir el Estado a su m\u00ednima expresi\u00f3n, hay provincias que apuestan por un Estado presente, aunque sea con recursos limitados. <strong>La receta nacional, basada casi exclusivamente en ajuste y endeudamiento, deja a las mayor\u00edas a la intemperie<\/strong>. Aqu\u00ed no hay \u00e9pica, s\u00f3lo sobrevivientes. Lo peor es acostumbrarse.<\/p>\n<p>La salida no es m\u00e1s ajuste ni m\u00e1s mercado desregulado. Es, quiz\u00e1, volver a mirar al interior, a quienes sostienen la producci\u00f3n y el empleo, a quienes defienden la dignidad a\u00fan sin plan. Porque la historia de la Argentina, ese pa\u00eds de talento y de tropiezos, merece algo mejor que la resignaci\u00f3n y el endeudamiento eterno. Quiz\u00e1s alg\u00fan d\u00eda, cuando la paciencia se agote y la memoria pese m\u00e1s que la costumbre, dejemos de pedir milagros afuera y empecemos a exigir pol\u00edticas que nos devuelvan el futuro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Fernando Oz @F_ortegazabala &nbsp; Hay d\u00edas en los que uno se pregunta, entre el fastidio y la resignaci\u00f3n, si la Argentina no ser\u00e1, despu\u00e9s de todo, un laboratorio cruel donde se experimenta cu\u00e1nto puede resistir un pueblo sin perder la esperanza. O al menos, la costumbre de esperar. 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