{"id":1441544,"date":"2025-11-02T10:49:44","date_gmt":"2025-11-02T13:49:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/?p=1441544"},"modified":"2025-11-02T21:34:11","modified_gmt":"2025-11-03T00:34:11","slug":"espejos-rotos-la-generacion-z-avanza-sin-pedir-permiso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/?p=1441544","title":{"rendered":"Espejos rotos: La Generaci\u00f3n Z avanza sin pedir permiso"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-thumbnail wp-image-1432595 alignleft\" src=\"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Fernando-OZ-2-150x150.jpeg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Fernando-OZ-2-150x150.jpeg 150w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Fernando-OZ-2-80x80.jpeg 80w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Por: <strong>Fernando Oz <\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">@F_ortegazabala<\/p>\n<p>Un profesor de Ciencias Pol\u00edticas nos dijo una vez que <b>\u201chay generaciones que nacen para obedecer, y otras, para preguntarse por qu\u00e9 deber\u00edan hacerlo\u201d<\/b>. No me la olvid\u00e9 nunca, estaba en quinto a\u00f1o de un liceo militar; Gast\u00f3n Toledo Dumenieu, el docente. A partir de ese momento comenc\u00e9 a preguntarme <i>por qu\u00e9 deber\u00eda hacerlo<\/i>, s\u00e9 que no fui muy precoz que digamos. Record\u00e9 el asunto veinticuatro horas antes de las elecciones del domingo pasado, cuando un veterano operador pol\u00edtico, culto, todoterreno, de \u00e9lite, me dec\u00eda que <b>el futuro del pa\u00eds se encontraba en manos de la Generaci\u00f3n Z<\/b>, ese magma efervescente de j\u00f3venes nacidos entre mediados de los noventa y principios de la segunda d\u00e9cada del siglo XXI.<\/p>\n<p>Irrumpieron en la escena global como una tromba que no pide permiso, solo avanza. La primera vez que los vi en acci\u00f3n fue en 2019 en las revueltas en Chile. Fueron los <b>alumnos secundarios<\/b> quienes en octubre de ese a\u00f1o decidieron saltar los molinetes de las l\u00edneas del metro de Santiago de Chile para <b>evitar pagar el aumento del pasaje<\/b> que hab\u00eda autorizado el gobierno.<\/p>\n<p>Una semana antes, el entonces presidente <b>Enrique Pi\u00f1era <\/b>hab\u00eda anunciado un proyecto de <b>reducci\u00f3n de la jornada laboral y flexibilizaci\u00f3n<\/b>. En la opini\u00f3n p\u00fablica aumentaba el descontento contra diferentes medidas del gobierno, como por ejemplo la iniciativa que permit\u00eda el control policial en la v\u00eda p\u00fablica a partir de los 16 a\u00f1os y el manejo de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), otra de las herencias de la dictadura de <b>Augusto Pinochet<\/b>. En pocos d\u00edas las protestas aumentaron, hubo incidentes con los carabineros en las estaciones y vagones incendiados.<\/p>\n<p>Las redes sociales cumplieron un rol fundamental en las convocatorias, <i>#Evasi\u00f3nMasiva<\/i> fue el hashtag con el que inici\u00f3 todo.\u00a0As\u00ed hab\u00eda estallado, unos a\u00f1os antes, el polvor\u00edn de la Primavera \u00c1rabe. El conflicto deriv\u00f3 en gigantescas manifestaciones en todo el pa\u00eds cordillerano, los reclamos de \u00edndole social se sumaron y en menos de un mes miles de personas sal\u00edan a las calles pidiendo el cambio de la Constituci\u00f3n aprobada durante la dictadura y un cambio de modelo econ\u00f3mico, todos al grito de\u00a0<i>\u201cChile despert\u00f3\u201d.<\/i> (<a href=\"https:\/\/openferoz.com\/stories\/social-crisis\/el-despertar-chileno\/\">Les dejo una reportaje que hice despu\u00e9s de dos coberturas en el terreno<\/a>).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s los vi en otros sitos. No es casualidad ni capricho del mercado de etiquetas: es el resultado de <b>un mundo que les explota en la cara y les exige respuestas, aunque muchas veces solo puedan ofrecer preguntas<\/b>. En el Cant\u00f3n, el electorado de los sub treinta se convirti\u00f3 en un actor fundamental de la vida pol\u00edtica y lo viene demostrando, maneja su voto con suma libertad, por fuera de las estructuras partidarias, y de los antojos de los medios de comunicaci\u00f3n tradicionales.<\/p>\n<p>Muchas veces me reconozco en ellos cuando lanzan ese sudor mezcla de v\u00e9rtigo y cinismo: han crecido con la <b>promesa de una globalizaci\u00f3n id\u00edlica que nunca lleg\u00f3, con la tecnolog\u00eda como pr\u00f3tesis existencial, y con un planeta al borde del colapso clim\u00e1tico y social<\/b>. Son herederos involuntarios de la incertidumbre y, al mismo tiempo, protagonistas de una revuelta silenciosa \u2014y a veces, estridente\u2014 que sacude las plazas reales y virtuales.<\/p>\n<p>Hay quienes los retratan de una manera demasiado negativa, los minimizan. <b>La Generaci\u00f3n Z es el resultado de la hiperconectividad<\/b>. No conciben el mundo sin la mediaci\u00f3n de una pantalla, ni el di\u00e1logo sin memes, emojis o la inmediatez de lo ef\u00edmero. Sus man\u00edas rozan la frontera de la obsesi\u00f3n: la multitarea como religi\u00f3n, la b\u00fasqueda constante de validaci\u00f3n en redes y la ansiedad por no pertenecer. Pero tambi\u00e9n, aunque les cueste admitirlo, <b>una nostalgia precoz por lo que jam\u00e1s vivieron<\/b>.<\/p>\n<p>Son impacientes, s\u00ed. Pero tambi\u00e9n desconfiados. <b>Se indignan con facilidad<\/b>, denuncian los dobleces de las generaciones precedentes y, sin embargo, a veces pecan de <b>un idealismo ingenuo que los deja a merced del cinismo adulto<\/b>. Han aprendido a sospechar de todo \u2014pol\u00edticos, empresas, medios\u2014 y a dise\u00f1ar sus propios c\u00f3digos morales, aunque sean cambiantes y contradictorios. Les aterra la irrelevancia, pero m\u00e1s a\u00fan el silencio.<\/p>\n<p>Sin embargo, nadie puede negar que la Generaci\u00f3n Z ha puesto el cuerpo en las calles y el alma en las redes. Desde Hong Kong, donde j\u00f3venes se enfrentan a un drag\u00f3n estatal que no tolera disidencias, hasta Chile, Colombia, Nigeria o Francia, la marea de protestas tiene un denominador com\u00fan: el hartazgo. <b>Un hartazgo que no siempre sabe articularse en demandas concretas<\/b>, pero que deja claro que el mundo, tal como lo conocieron sus padres, no les sirve.<\/p>\n<p>Las movilizaciones, a menudo espont\u00e1neas y descentralizadas, son s\u00edntoma de una crisis m\u00e1s profunda: <b>la desconfianza radical en los relatos oficiales, la fatiga ante la inequidad<\/b>, la sensaci\u00f3n de que las promesas de progreso han sido, en el mejor de los casos, cuentos para dormir adultos.<\/p>\n<p>Si algo distingue a la Generaci\u00f3n Z es la capacidad de convertir una chispa local en incendio global. Basta un video, una consigna viral, para que la revuelta se multiplique en cuesti\u00f3n de horas. Las protestas en Per\u00fa \u201ctoman color cuando interviene Generaci\u00f3n Z\u201d, as\u00ed me lo se\u00f1alo Ana, una colega peruana con la que compart\u00ed unos d\u00edas durante las revueltas en Lima cuando tom\u00f3 el poder Dina Boluarte, destituida hace unas semanas (<a href=\"https:\/\/openferoz.com\/gallery\/marchas-a-lima\/\">ac\u00e1 les dejo unas fotos de esas jornadas<\/a>).<\/p>\n<p>Me gusta observarlos, los siento cerca, son una rebeli\u00f3n digital que entre memes y barricadas hacen temblar a gobiernos, mercados, sistemas. La organizaci\u00f3n horizontal es su bandera y su condena: nadie manda, todos influyen. La democracia digital, a golpe de hashtag, es tan poderosa como vol\u00e1til. Aqu\u00ed, el liderazgo es ef\u00edmero; hoy tuite\u00e1s, ma\u00f1ana te olvidan. Pero no es menor el poder de las im\u00e1genes, los relatos fragmentados, <b>el recurso de la iron\u00eda y la parodia para resistir y se\u00f1alar<\/b>. Las redes sociales han convertido a los j\u00f3venes en emisores y receptores simult\u00e1neos de consignas, en jueces y parte, en generadores de sentido y ruido.<\/p>\n<p>Pero ya les digo, esta misma horizontalidad es su tal\u00f3n de Aquiles: la dispersi\u00f3n, la falta de objetivos comunes, la tentaci\u00f3n de la performatividad sobre el compromiso real. <b>La Generaci\u00f3n Z protesta m\u00e1s r\u00e1pido de lo que reflexiona<\/b>, y a veces, cuando el algoritmo cambia, la indignaci\u00f3n se licua y la inercia vuelve a vencer.<\/p>\n<p>En Argentina, el fen\u00f3meno todav\u00eda se desarrolla entre el escepticismo y la fascinaci\u00f3n. La \u00faltima vez que vi ondear la bandera que los representa en todas las latitudes, fue durante la marcha de septiembre al Congreso contra los vetos de Javier Milei. La juventud en el pa\u00eds enfrenta desaf\u00edos propios: inflaci\u00f3n, incertidumbre pol\u00edtica, descr\u00e9dito institucional, racimos de pobreza y violencia. Pero tambi\u00e9n una historia de movilizaciones estudiantiles, de tradiciones de rebeld\u00eda y resiliencia. La pregunta ya no es si la Generaci\u00f3n Z argentina saldr\u00e1 a la calle, sino cu\u00e1ndo y <b>bajo qu\u00e9 banderas<\/b>.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00e1 esta juventud capaz de transformar la queja en proyecto, la protesta en propuesta? El riesgo est\u00e1 a la vista: <b>que la rebeld\u00eda termine en nihilismo, en cinismo precoz o en huida masiva al extranjero<\/b>. Pero tambi\u00e9n existe la posibilidad \u2014remota, pero no imposible\u2014 de que la Generaci\u00f3n Z local aporte <b>creatividad, frescura y audacia a una sociedad anquilosada y temerosa<\/b>.<\/p>\n<p>Lo saben, pero hay que insistir: La educaci\u00f3n es la clave. La batalla por el futuro no se juega (solo) en las calles ni en las redes, sino en las aulas. En esta coyuntura, la educaci\u00f3n deja de ser un tema m\u00e1s de agenda para convertirse en cuesti\u00f3n de Estado. No se trata de transmitir datos, sino de ense\u00f1ar a <b>pensar cr\u00edticamente, de fomentar la curiosidad, la empat\u00eda y la capacidad de dialogar<\/b>. De nada sirven las tablets ni los laboratorios rob\u00f3ticos si no hay un prop\u00f3sito, si la escuela no forma ciudadanos capaces de navegar la complejidad, de discernir entre informaci\u00f3n y propaganda, de construir consensos y sostener desacuerdos.<\/p>\n<p><b>La Generaci\u00f3n Z necesita menos respuestas prefabricadas y m\u00e1s preguntas inteligentes.<\/b> Y la sociedad, si aspira a sobrevivir al vendaval, debe invertir en una educaci\u00f3n que no sea mero tr\u00e1mite, sino aut\u00e9ntica <b>provocaci\u00f3n intelectual<\/b>.<\/p>\n<p>Las \u00e9lites pol\u00edticas, empresariales y culturales <b>har\u00edan bien en mirar a la Generaci\u00f3n Z<\/b> no como amenaza, sino como advertencia. Ignorar sus demandas, ridiculizar sus man\u00edas o minimizar su capacidad de coordinaci\u00f3n es esa clases de errores que la historia no suele perdonar. El futuro en el Cant\u00f3n y en el resto del pa\u00eds y del mundo se juega en la capacidad de entender a estos j\u00f3venes, de tender puentes, de abrir espacios de di\u00e1logo real y de apostar por una educaci\u00f3n transformadora.<\/p>\n<p>Porque, si algo nos ense\u00f1a la historia \u2014y los espejos rotos del presente\u2014 es que la juventud, tarde o temprano, termina tomando la palabra. Y cuando eso sucede, m\u00e1s vale estar preparados para escuchar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Por: Fernando Oz @F_ortegazabala Un profesor de Ciencias Pol\u00edticas nos dijo una vez que \u201chay generaciones que nacen para obedecer, y otras, para preguntarse por qu\u00e9 deber\u00edan hacerlo\u201d. 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