{"id":1439449,"date":"2025-09-21T12:37:53","date_gmt":"2025-09-21T15:37:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/?p=1439449"},"modified":"2025-09-21T14:43:48","modified_gmt":"2025-09-21T17:43:48","slug":"a-99-anos-el-ciclon-de-encarnacion-en-primera-persona-fue-un-infierno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/?p=1439449","title":{"rendered":"A 99 a\u00f1os, el cicl\u00f3n de Encarnaci\u00f3n en primera persona: \u201cFue un infierno\u201d"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-1439450 alignleft\" src=\"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/Tito-Lobato-e1758469188699.png\" alt=\"\" width=\"154\" height=\"160\" srcset=\"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/Tito-Lobato-e1758469188699.png 927w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/Tito-Lobato-e1758469188699-288x300.png 288w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/Tito-Lobato-e1758469188699-768x799.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 154px) 100vw, 154px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por Tito Lobato<\/p>\n<p>@cvlobato1<\/p>\n<p>El 20 de septiembre de 1926 gran parte de Encarnaci\u00f3n, Paraguay, fue devastada por un cicl\u00f3n. Fortunata Miranda de Lobato fue una de las sobrevivientes, con su esposo, el espa\u00f1ol Antonio Lobato, y parte de su familia. Antes de fallecer, \u201cDo\u00f1a Fort\u00fa\u201d cont\u00f3 sus vivencias.<\/p>\n<p>Toda vez que el temporal amenazaba, Fortunata Miranda de Lobato tomaba en sus manos una figura religiosa, rezaba y encomendaba a Dios a sus seres queridos. Y repet\u00eda, con llamativa certeza, lo sucedido aquel 20 de septiembre de 1926.<\/p>\n<p>El matrimonio que form\u00f3 con Antonio Lobato, y algunas de sus hijas, ten\u00eda un bodeg\u00f3n frente al puerto de Encarnaci\u00f3n con el nombre de \u201cLa Perla\u201d, y el d\u00eda fat\u00eddico \u201cten\u00edamos un calor sofocante, pero ese d\u00eda amaneci\u00f3 especial; nublado, pero de un nublado raro, casi rojizo y m\u00e1s bien amarrillento\u201d, dijo.<\/p>\n<p>\u201cTodo el d\u00eda llovi\u00f3 a intervalos, sal\u00eda el Sol caliente, luego se nublaba y segu\u00edan la lluvia y el calor. Era insoportable\u201d, cont\u00f3, agregando detalles de lagunas actividades vecinales como una vista al cementerio con otros habitantes de la conocida \u201cZona Baja\u201d.<\/p>\n<p>Al volver de los compromisos, \u201cempezamos a preparar la cena. Ser\u00eda alrededor de las 7 y media (19:30), pero el segundo plato no lleg\u00f3 a comer nadie, pues desat\u00f3 la tragedia\u201d.<\/p>\n<h2>\u201cNo sab\u00eda lo que se ven\u00eda\u201d<\/h2>\n<p>Al describir el momento exacto del temporal, dijo Fortunata que se present\u00f3 \u201cun viento furioso del lado Posadas. Los clientes intentaron cerrar la puerta entre dos, pero el viento los tir\u00f3 a un costado; se volcaron mesas, sillas; volaron papeles; se rompieron vasos y botellas. Todo se perdi\u00f3\u201d.<\/p>\n<p>\u201cFelizmente conservamos la vida. Fue un verdadero milagro\u201d, agreg\u00f3, tras lo cual remarc\u00f3 que su esposo Antonio hab\u00eda ido a una reuni\u00f3n con gremialistas y sus hijas Elva y Marina estaban a punto de iniciar el reparto de viandas.<\/p>\n<p>\u201cLa tormenta se llev\u00f3 el techo y todo fue confuso, todo volaba a nuestro alrededor\u201d, memor\u00f3 \u201cDo\u00f1a Fort\u00fa\u201d y con su memoria prodigiosa record\u00f3 a Camblong, al peluquero P\u00e9rez, al lanchero Nen\u00e9 G\u00f3mez, a la vecina que era viuda de L\u00f3pez, a do\u00f1a C\u00e1ndida.<\/p>\n<p>La \u00faltima \u201cya no ten\u00eda casa ni nada y estaba en el piso, con la cadera rota. Llegaron los marineros y nos ofrecieron ayuda. El Nen\u00e9 G\u00f3mez me dijo: Todo Encarnaci\u00f3n est\u00e1 en el suelo\u201d. Y agreg\u00f3 al desgracia de Luis Hulengui, otro vecino, cuya suegra muri\u00f3 durante el temporal.<\/p>\n<h3>\u201cBueno, bueno, todos estamos bien\u201d<\/h3>\n<p>Al llegar Antonio, en medio del desastre, le dijo a la familia: \u201cBueno, bueno, ac\u00e1 no pas\u00f3 nada. Estamos todos bien, afortunadamente\u201d. Y es que todos pensaron que tuvieron mayor fortuna quienes ten\u00edan viviendas de maderas, por las de material pr\u00e1cticamente sepultaron a los ocupantes.<\/p>\n<p>\u201cEn ese momento tambi\u00e9n lleg\u00f3 don Retto Bertoni y nos ofreci\u00f3 su casa, ya que ellos no sufrieron da\u00f1os porque el cicl\u00f3n arras\u00f3 una franja y ellos estaban a unos 150 metros de nuestra casa\u201d, memor\u00f3. \u201cfuimos a lo de Bertoni y ah\u00ed pasamos la noche\u201d<\/p>\n<p>En es tensa calma familiar y vecinal, Antonio cont\u00f3 que estaban en la reuni\u00f3n, en la zona c\u00e9ntrica, cuando \u201ctodos salieron al escuchar el rugido del viento, se desbandaron hacia cualquier lado, porque todo era un infierno\u201d, dijo \u201cDo\u00f1a Fort\u00fa\u201d, repitiendo el relato de su esposo.<\/p>\n<p>Antonio narr\u00f3 que tambi\u00e9n sali\u00f3 a correr sin direcci\u00f3n, hasta que se le cay\u00f3 encima el tendido de cables del alumbrado que r\u00e1pidamente se lo sac\u00f3 de encima, sorprendido por haberse salvado de una segura electrocuci\u00f3n. Y atribuy\u00f3 su fortuna a Juan Perotti, empleado de la usina que cort\u00f3 la corriente, pero \u201cmuri\u00f3 pegado a la llave\u201d, sin saber que hab\u00eda salvado cientos de vidas.<\/p>\n<h3>\u201cToda la Villa Baja est\u00e1 en el suelo\u201d<\/h3>\n<p>Una vez que Antonio se recuper\u00f3 de desplome de los cables sobre su cuerpo, encontr\u00f3 a Juan Candia \u201cque llevaba un ni\u00f1o de pocos meses en sus brazos. Lo hab\u00eda sacado de entre escombros y sus padres tal vez hab\u00edan muerto.<\/p>\n<p>Record\u00f3 Fortunata que su esposo pregunt\u00f3 a Candia si sab\u00eda algo de ella y de sus hijas, y don Juan solo contest\u00f3: \u201cNo s\u00e9 nada Lobato. No s\u00e9 nada. Toda la Villa baja est\u00e1 en el suelo\u201d, acrecentando la preocupaci\u00f3n del espa\u00f1ol que, debido al desastre, inicialmente no pudo localizar su propia vivienda.<\/p>\n<p>Era l\u00f3gico porque \u201clas casas vecinas ya no estaban y casi todo estaba limpio, solo quedaban algunos escombros. Todo era chapas retorcidas y pedazos de muebles por todas partes. Reci\u00e9n ah\u00ed tuvimos idea de lo sucedido\u201d, dijo la narradora.<\/p>\n<h3>La ayuda desde Posadas<\/h3>\n<p>Lo que sigue todav\u00eda se recuerda y es el caso del \u201cprimero que lleg\u00f3 a Posadas a pedir ayuda fue don Jorge Memmel, acompa\u00f1ado por un cura del pueblo. Fue entonces que llegaron m\u00e9dicos, enfermeras y efectivos de la Subprefectura de Posadas; a mucha gente se ayud\u00f3\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLos que perdieron a sus familiares nada recuperaron, si consuelo de quienes se acercaron porque todo fue muerte y destrucci\u00f3n, como si una mano gigante se puso a jugar con las casas. Todo era un desastre. Una cosa es contar y otra, haber estado ah\u00ed en ese momento\u201d, cerr\u00f3 el relato.<\/p>\n<p>P\/D: El matrimonio Lobato-Miranda, se traslad\u00f3 despu\u00e9s a Posadas, donde tuvieron otros hijos. Antonio Falleci\u00f3 a mediados de lo Pes 50 y Fortunata a principios de los 80. Uno de los hijos, Carlos Cayetano, fue el escribi\u00f3 este relato.<\/p>\n<p>* Periodista<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Por Tito Lobato @cvlobato1 El 20 de septiembre de 1926 gran parte de Encarnaci\u00f3n, Paraguay, fue devastada por un cicl\u00f3n. Fortunata Miranda de Lobato fue una de las sobrevivientes, con su esposo, el espa\u00f1ol Antonio Lobato, y parte de su familia. Antes de fallecer, \u201cDo\u00f1a Fort\u00fa\u201d cont\u00f3 sus vivencias. 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