{"id":1437282,"date":"2025-08-03T10:22:35","date_gmt":"2025-08-03T13:22:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/?p=1437282"},"modified":"2025-08-03T10:31:09","modified_gmt":"2025-08-03T13:31:09","slug":"lo-fragil-lo-inmenso-lo-nuestro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/?p=1437282","title":{"rendered":"Lo fr\u00e1gil, lo inmenso, lo nuestro"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1437319 alignleft\" src=\"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/WhatsApp-Image-2025-08-02-at-18.27.32-300x300.jpeg\" alt=\"\" width=\"138\" height=\"138\" srcset=\"https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/WhatsApp-Image-2025-08-02-at-18.27.32-300x300.jpeg 300w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/WhatsApp-Image-2025-08-02-at-18.27.32-1024x1024.jpeg 1024w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/WhatsApp-Image-2025-08-02-at-18.27.32-150x150.jpeg 150w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/WhatsApp-Image-2025-08-02-at-18.27.32-768x768.jpeg 768w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/WhatsApp-Image-2025-08-02-at-18.27.32-80x80.jpeg 80w, https:\/\/www.lavozdemisiones.com\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/WhatsApp-Image-2025-08-02-at-18.27.32.jpeg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 138px) 100vw, 138px\" \/><\/p>\n<p><strong>Juan de Dios Urizar<\/strong><\/p>\n<p><em>Presidente\u00a0del Centro de Estudiantes Misioneros en Buenos Aires<\/em><\/p>\n<p>Hay una parte de la Argentina que a\u00fan lucha por reconocerse en su totalidad. Una parte que se incomoda con el reflejo aut\u00e9ntico de su rostro, y prefiere calcar gestos ajenos antes que abrazar su propia voz. Se incomoda con el aroma a tierra h\u00fameda despu\u00e9s de la lluvia, con el sonido profundo del bombo leg\u00fcero, con el canto quebrado de una zamba o con la copla que nace de lo m\u00e1s hondo del alma popular.<\/p>\n<p>Es una mirada construida con lentes prestados \u2014quiz\u00e1s de Par\u00eds, de Londres o de Nueva York\u2014 que no logra ver con claridad lo que vibra en nuestras ra\u00edces. Como si ser del norte, del litoral, de Cuyo o del sur fuera un signo de atraso, y no una riqueza invaluable. Como si la identidad del pa\u00eds se agotara en las calles de Recoleta o en los caf\u00e9s de Palermo, y todo lo que queda fuera del circuito porte\u00f1o fuese apenas una nota al pie de p\u00e1gina.<\/p>\n<p>Pero el pa\u00eds verdadero no cabe en una postal curada con filtro europeo. Es vasto, complejo, profundamente humano. Es el mate compartido bajo un alero de chapa. En Misiones, donde la yerba es cultura y la tierra es roja, basta el olor a humedad horas antes de la tormenta para saber que el cielo est\u00e1 por caerse. Es el susurro del monte, de lo que no hace ruido, pero sostiene. Y esa certeza no se explica: se vive.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, desde ciertos centros se sigue hablando del pa\u00eds sin escucharlo. Se lo interpreta desde el marketing, desde la iron\u00eda liviana, desde la superioridad de quien cree que lo profundo es anticuado, y lo popular, rudimentario. Se lo mira como si fuera un detalle pintoresco, \u00fatil solo para rellenar actos escolares o publicidades. Pero lo que duele no es solo el desprecio por una m\u00fasica, sino el rechazo hacia un pa\u00eds entero: el pa\u00eds real.<\/p>\n<p>Porque la Argentina tambi\u00e9n es Corrientes, donde el chamam\u00e9 no se canta, se reza; es Jujuy, donde la copla sube con el polvo de los cerros; es Santiago del Estero, donde el viol\u00edn llora memorias de lucha y de amor; es Chubut, donde el viento no calla y tambi\u00e9n cuenta historias. Es Mercedes Sosa en Tucum\u00e1n, como tambi\u00e9n la vecina en El Soberbio que entona bajito mientras ceba el mate. Es la abuela que canta para dormir a sus nietos, la ni\u00f1a que aprende a zapatear con su sombra.<\/p>\n<p>No se trata de imponer una est\u00e9tica ni de uniformar el gusto. Se trata de reconocer todo lo que somos. Porque tan argentino es el bandone\u00f3n que llora en alguna calle de Boedo, como el erke que vibra en la Quebrada, el arpa que acaricia el Litoral o el bombo leg\u00fcero que retumba en la siesta santiague\u00f1a. Tal vez haya llegado el momento de dejar de enfrentar al tango con la chacarera, de romper la falsa grieta entre la ciudad y el interior. Y de dejar que todas nuestras voces confluyan, como en una melod\u00eda de CP70 en manos de Charly, o en ese acorde suspendido del Flaco Spinetta que, por un instante, lo explica todo: lo fr\u00e1gil, lo inmenso, lo nuestro.<\/p>\n<p>Porque si algo nos mantiene en pie, incluso cuando todo parece venirse abajo, es esa cultura popular que canta aunque falte el pan. Esa ra\u00edz que sigue viva en las pe\u00f1as, en las escuelas rurales, en los festivales del interior, en las plazas donde se cruzan generaciones. Es la m\u00fasica que no pide permiso, la palabra que se transmite sin micr\u00f3fono, el gesto solidario que no se aprende en ning\u00fan libro.<\/p>\n<p>Y si a algunos eso les incomoda, si les resulta primitivo, menor o prescindible, quiz\u00e1s el problema no est\u00e9 en el folclore ni en las culturas del pa\u00eds profundo.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s el problema sea el desconocimiento de una Argentina tan extensa como diversa, y la falta de voluntad real para conocerla, sentirla y respetarla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan de Dios Urizar Presidente\u00a0del Centro de Estudiantes Misioneros en Buenos Aires Hay una parte de la Argentina que a\u00fan lucha por reconocerse en su totalidad. Una parte que se incomoda con el reflejo aut\u00e9ntico de su rostro, y prefiere calcar gestos ajenos antes que abrazar su propia voz. 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