La UCR en su laberinto / Dr. Ricardo Barrios Arrechea

Ayer conformamos Cambiemos con el PRO y la dama de hierro Carrió. La gente acompañó la propuesta más como oposición a Cristina, que con un voto positivo.
Hoy Gobierna el PRO, controla y deshace Carrió y la UCR acompaña como tropa; ataja penales, defiende al Gobierno, transpira pero no participa en la responsabilidad de gobernar; si los resultados son buenos no hay mérito propio y es probable que el PRO absorba al Partido, pero si los resultados son malos nos arrastra y entierra el alud. En este contexto, nada para ganar, todo para perder como Partido Político.
La UCR quiere que con Cambiemos el País cambie para bien, que Macri acierte, que seamos un País normal, previsible, que no haya 5900 cortes de rutas y calles por año, que se pueda trabajar y producir, que la gente invierta sabiendo que va a pasar mañana y pueda generar empleo, que si toma un trabajador no esá tomando un juicio laboral, que sepa que el año que viene y el que sigue las clases va a empezar en fecha; y así infinitos hechos que han transformado la anormalidad en normalidad en la Argentina de todos contra todos. Que sintamos alguna vez le vamos a doblar el brazo a la decadencia y empezemos a salir del tobogán.
Pero el radicaismo acompaña, no tiene actitud ni se hace valer para ser considerado parte real del Gobierno. Es su pura responsabilidad, se conforma con queja y permanencia fuera de la “mesa chica”.
Un radicalismo manso y resignado no le sirve a Cambiemos ni al País. Superar los históricos embates peronistas a los gobiernos no peronistas exige un Cambiemos fuerte y de tres patas…
En política no se regala nada, hay que ganárselo. En este año electoral la UCR tiene la alternativa de seguir en la periferia del poder, o hacer valer su peso: de cada diez Intendentes de Cambiemos, casi nueve son radicales.
La fácil es negociar y que nada cambie en Cambiemos; la incómoda es demostrar que la UCR está para co-gobernar, para ganar legisladores en las “saludables PASO” donde se ven los pingos.
Pero solo depende de los radicales y de nadie más; argumentos para la fácil sobran, para la incómoda hay sólo dos: coraje y hambre, hambre para transformar, para hacer justicia, para reparar, para vivir la incomparable pasión de gobernar..y coraje para parecernos a los padres fundadores y para que valga la pena ser político.

 

foto: canal 12

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