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Lo pasado no tan pisado y variables clave para seguir en 2017 / por Alejandro Rodríguez*

Con un 2016 que ya es historia, se fue un año durísimo en materia de actividad general, inflación y sobre todo fiscal,que con el condimento del triunfo electoral de Donald Trump, ponen a 2017 como un año donde seguramente vislumbremos mejoras, pero con asuntos pendientes que deberán ser tratados sin perder más tiempo sobre todoporque estamos ante un cambio de escenario mundial, nuestro principal socio comercial seguirá deprimido y para colmo con elecciones de medio término que son claves para testear si a pesar del recesivo 2016, la sociedad todavía cree que Cambiemos puede ser mucho más que el nombre de una coalición formada para ganar una elección.

Haciendo un rápido repaso del año que se fue, son 4 los logros reales que en materia económica ha obtenido elgobierno: Primero, salir de un cepo que en 4 años estranguló a la economía, dejo al BCRA casi sin reservas, a las economías regionales quebradas y dio nacimiento al dólar blue. Por otro lado, fue positivo también el arreglo con los holdouts, que aunque no resulte nada simpático, era clave no solamente para salir definitivamente de un eterno default sino también para lograr ingresar a los mercados internacionales a tasas razonables. En tercer lugar, y a pesar de muchos escépticos, hay que admitir el éxito de un blanqueo que con aun 3 meses más por delante, ya se encuentra por los U$S 100 mil millones, por encima de las expectativas hasta del funcionario más optimista del gobierno. Pero quizás el trabajo más duro, fue el que realizó el BCRA mediante una política conocida como objetivo de inflación, donde a través de una elevada tasa de referencia se desactivo una verdadera bomba inflacionaria con un  combo  formado  por  los contratos  de  dólar futuro,  una  base monetaria  que crecía  al  45%  anual,  inflación reprimida que con cepo y posterior devaluación podrían haber llevado a una hiperinflación en poco tiempo, algo realmente nada deseado sobre todo para un primer año de gestión.

Eventualmente las medidas implementadas aunque exitosas, además del necesario desarme de las retenciones, tuvieron su costado flaco. Por un lado, el tremendo apretón monetario de Sturzenegger, único remedio efectivo para reducir la inflación pero que metió a la economía de lleno en una fuerte recesión. A partir de allí las rispideces entre Hacienda y el BCRA se hicieron cada vez más elocuentes más aun cuando las bondades esperadas del famoso segundo semestre nunca llegaron y que desemboco en un fin de año con la salida de Prat Gay. Al mismo tiempo, la salida del default permitió al acceso al financiamiento externo, aunque no en pos de mejor infraestructura sino para reemplazar la anterior emisión como método para cubrir el enorme agujero fiscal. Dicho déficit de 7 puntos del PBI, si bien fue heredado, ni se redujo durante 2016 ni tuvo un plan integral o la voluntad para atacarlo seriamente, mucho  menos una  reforma fiscal para descomprimir  la presión impositiva  actual,  y ello explica  en gran  parte (además de costos laborales e inflación), la fuerte recesión y el por qué nunca las inversiones llegaron. Y con un primer semestre con inflación todavía en alza, las bondades de la salida del cepo rápidamente se evaporaron y el atraso cambiario nuevamente se hizo presente, migrando aún más el consumo hacia Chile y Paraguay mayormente, algo que por lo pronto seguirá sucediendo.

Sin embargo, a pesar del gradualismo por el que el oficialismo lamentablemente optó en busca de lograr gobernabilidad al menos en su primer año de gestión, a pesar de no haber podido llevar adelante el muy mal implementado ajuste de tarifas para reducir subsidios, de la inflación en 40%, de salarios reales deprimidos y por sobre todo, de no haber reducido nada del millón y medio de empleados públicos que el propio Mauricio Macri dijo sobrarle a la administración pública y que representan el mayor componente del gasto público, a pesar de todo eso, algunos números del último trimestre son alentadores y la inflación, el mayor flagelo, ya se encuentra en el orden del 20% anual y seguirá bajando. Indicadores clave de la actividad general pero sobre todo en la industria y la construcción ya muestran fuertes desaceleraciones de la caída y un cambio de tendencia que si bien necesitan todavía ser seguidos muy de cerca, son esperanzadores. No obstante y a pesar del magro 2016, el presidente sigue teniendo un respaldo político importante y serán puestas a prueba en octubre próximo.

Ya pensando en 2017 y con un nuevo titular en el palacio de Hacienda (Dujovne), quien no solo se ha mostrado preocupado sino que ha escrito y comentado mucho sobre el problema fiscal argentino, analicemos que puede suceder en el corto plazo. Luego de la novela que significó el cambio en el impuesto a las ganancias, se espera finalmente una reforma tributaria no solo para nación, sino que incluya provincias y municipios obligando a los gobernadores a una mayor prudencia fiscal y a buscar competitividad en pos de atraer inversiones a sus provincias y fomentar el empleo privado, pero sobre todo para reducir los costos de una economía cara respecto del mundo, que limita las inversiones privadas y sobre todo que atenta contra el éxito del emprendedurismo y la creación de empleo. Por otro lado, y aprovechando el éxito del sinceramiento fiscal, es muy probable que se lance un blanqueo laboral que permita incorporar trabajadores al sector formal. Sin embargo, si todo ello no llega de la mano de un plan de ajuste del gasto público, pues no servirá de mucho para garantizar que las inversiones lleguen definitivamente y el mercado olfateará mayor incertidumbre sobre el futuro. Si la recaudación bajara producto de las reformas pero el gasto publico sigue creciendo, ese mayor déficit habrá que salir a financiarlo con mayor deuda, que sumados a los vencimientos del año de deuda, ya están por encima de los U$S 50 mil millones.

Por el lado cambiario, el efecto Trump trae aparejado no solo suba de tasas de la FED, sino también apreciación mundial del dólar por salida de divisas. La suba de tasas es una muy mala noticia para el país puesto que con las necesidades de financiamiento ya señaladas, el gobierno deberá adelantar la toma de deuda para garantizarse menores tasas pero a la vez pondrá mayor riesgo a la capacidad de repago y ello complicara el financiamiento para adelante. Respecto de la apreciación del dólar en el mundo, ello no parece representar, al menos en el corto plazo, una amenaza puesto que el tipo de cambio en $16 luce muy atrasado por inflación, toma de deuda externa y encima ahora por el blanqueo. Adicionalmente si la inflación empieza a ceder fuerte, ello producirá mejoras reales del tipo de cambio desde el lado de la competitividad, con lo cual las exportaciones se abarataran y aumentaran en cantidad. Sin embargo, en el mediano plazo, las futuras tomas de deuda pueden traer complicaciones y forzar una devaluación, sobre todo si no se encara la baja del gasto. Por lo tanto, deberíamos encontrarnos con un fin de año con un dólar por arriba de los $18.

En conclusión, los temas pendientes son claros, pero las incógnitas sobre el devenir de la economía se plantean a partir de las elecciones de octubre ya que cualquier medida de ajuste puede complicar los resultados finales y el gobierno  necesita  mostrarse  fuerte  allí.  Además,  sobre  todo  luego  de  un  año  tan  malo  como  2016,  necesita empezar a mostrar resultados urgentes en la economía real. El 2016 fue tan malo que el PBI tiene casi segurado un crecimiento para 2017 de entre 2 y 3 puntos por el comparativo anual. Además, el gobierno parece haber tenido éxito en domar la inflación la cual no debería superar el 23% y si así fuera se habrá dado un gran paso, pero es temprano para celebrar y la puja por paritarias será el primer test del año. Tampoco hay que descuidar el frente externo, clave para generar riqueza y crecimiento, pero para ello también habrá que salir a buscar mercados y nuevos acuerdos comerciales puesto que el país no puede esperar por la recuperación de Brasil, que se encuentra hoy sumido en un conflicto político interminable. Por lo tanto, la tarea bien titánica será encontrar la forma de implementar los cambios fundamentales  y urgentes, además de  dar respuestas sociales,  pero  sin complicar  el escenario electoral. La incertidumbre es tal justamente por el efecto elecciones y ello hace pensar que el gobierno puede estirar la implementación de ciertas medidas menos simpáticas desde lo social recién para 2018. El problema es si el mercado tendrá suficiente paciencia por las correcciones necesarias o si corregirá en forma unilateral, algo que sería positivo evitarlo. Pasó un año negro, se viene una prueba de fuego para todo Cambiemos.

*Lic. en Adm de Empresas y estudiante de maestria en economia politica

 

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El trabajo de la mujer se paga mal, no tiene obra social ni acceso a tecnologías / INFORME CEPAL

INFORME CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe)

Un llamado a generar empleos de calidad, en los que las competencias, los niveles de instrucción y la productividad de las mujeres sean debidamente reconocidos, hizo la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) recientemente.

Si bien durante la última década los indicadores del mercado de trabajo habían mostrado una evolución positiva, la tasa de participación laboral femenina se ha estancado en torno al 53 por ciento y el 78,1 por ciento de las mujeres que están ocupadas lo hacen en sectores definidos por la CEPAL como de baja productividad, lo que implica peores remuneraciones, baja cobertura de la seguridad social y menor contacto con las tecnologías y la innovación.

Asimismo, las tasas de desempleo de las mujeres son sistemáticamente mayores que las de los hombres, subraya un documento preparado por el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG) de la CEPAL.

Entre 2002 y 2013, la tasa de desempleo en América Latina acumuló un descenso de 2,8 puntos porcentuales, pero a partir de 2015 esta tendencia se ha revertido. Según el informe Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe, en 2015 la tasa de desempleo alcanzó 7,4 por ciento, siendo las mujeres las más perjudicadas: el 8,6 por ciento de ellas estaba desempleada en comparación con el 6,6 por ciento de los hombres.

En los países de América Latina y el Caribe con datos preliminares para 2016, la tasa de desempleo aumentó en promedio 0,5 puntos porcentuales respecto al año anterior: el incremento para las mujeres fue de 0,7 puntos porcentuales y para los hombres de 0,3 puntos porcentuales.

“Los indicadores laborales en América Latina y el Caribe siguen exhibiendo grandes brechas de género en el acceso a oportunidades y derechos entre hombres y mujeres. Las desigualdades tienen su base en un sistema social que reproduce estereotipos y conserva una división sexual del trabajo que limita la inserción laboral de las mujeres”, explica Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

Estos factores estructurales, según la alta funcionaria de las Naciones Unidas, representan un obstáculo para la superación de la pobreza y la desigualdad en la región, así como para la consecución de la autonomía económica de las mujeres, más aún si se considera el contexto actual de contracción de la economía.

Aunque las tasas de desempleo femenino y masculino varían dependiendo de los países, la brecha de género siempre es favorable a los hombres, excepto en México, donde el desempleo masculino supera al femenino en 0,1 puntos porcentuales, indica la CEPAL. Países como Belice y Jamaica exhiben brechas que superan los 7 puntos porcentuales.

Para la CEPAL, las políticas de empleo deberían ser capaces de modificar la actual estructura de desigualdad, asumiendo los sesgos de género existentes en el mercado laboral. También urge reconocer y redistribuir el tiempo de trabajo no remunerado, de manera que la responsabilidad del cuidado de los niños y niñas, personas dependientes y adultos mayores no recaiga exclusivamente sobre las mujeres.

 

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O firman o van presos, la estrategia del macrismo / por Tito Lobato

Con la convicción que le otorgaron las urnas en octubre pasado, el Gobierno Nacional dio muestras de salir a la caza de los objetivos que la alianza Cambiemos había negado a rajatablas, en 2015, tal vez temerosa del resurgimiento del kirchnerismo

Ahora, con la espada en un puño y el escudo de defensa en el otro brazo, el presidente Mauricio Macri lanzó al ruedo su proyecto de reforma laboral, de reforma fiscal y de redistribución de fondos con las provincias para que sea conocido, en un gesto aperturista pero que de tal no tiene nada.

No es casualidad que ambas iniciativas hayan sido instaladas por el gobierno en el escenario “findeañero” de los trabajadores, los empresarios y de los gobernadores como un elemento de presión, casi extorsivo, para avanzar en su aprobación.

A poco de interiorizarse del contenido, comenzaron a llover las críticas de los mismos destinatarios de los proyectos en cuestión, aunque las observaciones más tibias se conocieron del lado del empresariado, sin dudas el sector más beneficiado con lo que el gobierno pretende.

Frente a las críticas, es vox populi que el gobierno fue desandando distintas tácticas de convencimiento con el sindicalismo y con los gobernadores, preferentemente. Hubo reuniones públicas, secretas y de las otras, casi conspirativas por el nivel del reserva.

Y lo que comenzó como un intercambio de opiniones fue subiendo de tono hasta transformarse en discusión, áspera en casos, para llegar a un clímax insostenible, según los comentarios que se conocieron en estos círculos y que suelen ser un privilegio para la prensa centralista.

Fue en ese contexto en que habría sonado con fuerza la frase: “o firman o van presos”, dirigida a los gremialistas a los que se estampó en el rostro un abanico de carpetas con supuestas irregularidades por varios millones de pesos, entre los cuales el “Pata” Medina sería un infante.

A partir de ello, que fue negado sistemáticamente por las partes involucradas, comenzaron a circular fuertes rumores de un acuerdo inminente entre la CGT y el gobierno para convertir en ley la reforma laboral, que en principio se asentaría en el régimen de licencias, blanqueo, instancias de formación, fomento al empleo joven y la negociación colectiva para el sistema de prácticas formativas o pasantías universitarias.

En el caso de los gobernadores, están enfrascados en la preparación de una contraoferta a la decisión de la administración nacional de modificar el sistema fiscal a través de un nuevo pacto con  eje en Ingresos Brutos, compensación a la provincia de Buenos Aires y Ganancias.

Más allá de los detalles, que son motivo de negociaciones febriles, con llamativo desparpajo el mismo gobierno salió a advertir que habrá “penas” para los mandatarios provinciales reacios, aunque también una última oportunidad de adherir en el futuro a lo que se pueda acordar.

En ese contexto, el llamado “Consenso Fiscal” establece para los rebeldes que dejarán de recibir los recursos del Fondo Solidario, conocido como Fondo Sojero, y en cambio sus provincias quedarán encuadradas en el Pacto Fiscal II, de 1993, que conlleva una fuerte disminución de Ingresos Brutos y del impuesto a los Sellos.

Así planteadas las posturas en el debate del momento, cuyos resultados se convertirán en bisagra de las relaciones futuras de las partes, es evidente que el Gobierno Nacional está dispuesto a hacer sentir el peso del poder que concentra a quien se oponga a sus objetivos.

Y no se trata del poder de las urnas, de por sí imprescindible en la vida republicana, sino de la fuerza conjunta de un sector político, los empresarios, los banqueros, los industriales, el campo, de un lado, frente un debilitado sistema federal, los sindicatos y la oposición política cuestionada por actos de corrupción. El futuro dirá.

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Los dichos de la “cheta de Nordelta” preocupan más que el trabajo esclavo en los yerbales / Por Tito Lobato

La mujer criticó a sus vecinos porque toman mate en público y bajo una sombrilla playera. Muchos se ofendieron, incluso diputados nacionales de Misiones. Pero éstos ni nadie se preocupan por atender la miseria y la muerte en los yerbales.

Una señora gorda de los country porteños provocó un revuelo por haber criticado a sus vecinos, ya que al parecer acostumbran tomar mate a orillas del coqueto atracadero del lugar, bajo una sombrilla playera.

En las redes sociales, el caso mereció todo tipo de cuestionamientos y hasta insultos, pero pocos se acordaron del trabajo esclavo que rodea desde siempre a la elaboración de la tradicional infusión, principalmente en las plantaciones de Misiones.

Diputados de esta provincia, organizaciones vinculadas con la producción y comerciantes salieron a ocuparse de la mujer bautizada como “la cheta del Nordelta”, pero ninguno hizo referencia a aquella situación que afrontan obreros rurales, niños y pequeños productores.

A nadie se le ocurrió aprovechar el escenario, aunque ridículo, para hacer oír la voz de quienes tienen pocas oportunidades para hacer conocer sus dramas, los históricos si se quiere, en una actitud casi cómplice con las molestias de aquella mujer.

El tratamiento del caso por parte de los medios de comunicación, podría concluirse en que no fue más que una parte de la amplia campaña desplegada desde los diferentes ámbitos de poder, gobierno incluido, para ocultar otras cuestiones de mayor gravedad.

Sólo así se entiende que los dichos de una “tolonga” tengan hoy atrapados a una sociedad anestesiada, mientras avanzan las quitas de fondos a las provincias; una reforma laboral en ciernes, o lo que es peor, las vidas que se pierden a diario en los yerbales de Misiones.

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